Edward Wale: “Coaniquem tiene un sentido muy grande para mí”

Escrito por Rodrigo Aguilera en septiembre de 2006

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Este empresario de 56 años lo tuvo todo. Llegó a ser el mejor constructor del oeste de Estados Unidos con su empresa The Wale Group y vivía el sueño americano hasta que tuvo un accidente, tras el cual fue declarado muerto 3 veces. Hoy está de vuelta, y su empeño ahora está concentrado en hacer de COANIQUEM Puerto Montt el centro más moderno e integral para la atención de personas quemadas de la zona austral.

Edward Wale Rosales es hijo de madre chilena y padre estadounidense. Nació en Valparaíso y a los 14 años ingresó a la Escuela Naval donde alcanzó el grado de Teniente Segundo. A mediados de los años 70 se fue a Estados Unidos para estudiar Ingeniería Aeronáutica en la Universidad de Northrop, en Los Angeles. En 1983, formó una empresa inmobiliaria que construía casas de un millón de dólares que lo hicieron conocido como el mejor constructor de todo el oeste norteamericano. A los 35 años tenía todo lo que quería. Su lema era: “ el fin justifica los medios”.
Para él todo iba bien hasta que en 1990, cuando tenía 40 años y regresaba en uno de sus aviones a California, una línea de combustible se incendió, provocando el infierno. Quedó atrapado en el avión y en más del 90 % de su cuerpo sufrió quemaduras en tercer grado. Perdió varios dedos de sus manos y las dos piernas. Estuvo 6 meses en coma, fue declarado clínicamente muerto 3 veces. En ese tiempo se terminó su matrimonio y perdió su fortuna, porque todos sus bienes se liquidaron. El panorama cuando despertó era devastador. “No quería seguir viviendo, el dolor era inmenso y ya no tenía nada. Un día estaba decidido a quitarme la vida con una sobredosis de morfina, pero no sé por qué miré hacia la mesa que estaba a un costado de la cama y vi la foto de mi hijo, Michael. Por algún motivo mi madre la había puesto ahí y eso provocó un cambio en como yo estaba mirando y enfrentando la vida”.
¿Y cómo se siente hoy Edward Wale? ¿En qué posición cree que está en la vida?
Me siento excelente, pero es porque creo que entiendo lo que significa vivir. A mucha gente le puedes preguntar cómo estás, y te va a decir “si…, estoy bien”, y yo les digo que eso es excelente, porque pase lo que pase, tú estás vivo, y la única forma de experimentar, lo bueno y lo malo, es estar vivo.
¿Y esa etapa del accidente lo marcó entre no creer y creer, por ejemplo?
Antes del accidente, yo me creía con la capacidad de hacer lo que quisiera, y no pensaba en un Dios, sino solamente en mi capacidad. Yo era artífice de mi propia vida. Si alguien me preguntaba por Dios, yo decía: ¿qué Dios?, si yo no conozco a Dios. Hoy sé de él, que es diferente a creer en Dios, porque yo sé que no tenía la capacidad para sobrevivir a lo que sobreviví, y para estar haciendo lo que hoy hago.
Creo que hay una energía superior a nosotros, y esta energía no es ni católica, ni musulmana, ni hebrea, ni nada, ni tiene que ver con Mahoma ni con Buda. Se trata más bien de una energía universal.
¿Esa energía es la que lo motivó a emprender un proyecto como el de COANIQUEM?
Creo que todo tiene una razón, y hay que buscar respuestas, por eso no me pregunto por qué suceden las cosas cada día, sino que para qué. Cuando uno analiza su vida concluye que los castillos o las cosas que uno construye dan satisfacción financiera, pero que la verdadera satisfacción del ser está en entregar. Y eso lo encontré en COANIQUEM, en ayudar a estos niños que se han quemado, esto es un incentivo muy grande para mí.
¿Alguna vez se ha sentido discriminado por lo que le ha tocado vivir?
Creo que la discriminación es algo particular, que no tiene que ver con tu capacidad física o intelectual, tiene que ver en como tú te sientes. Solo te vas a sentir discriminado si aceptas ser discriminado.
Se lo pregunto porque usted tenía muchos amigos, como ha dicho, y luego del accidente se encontró solo.
Eso no es discriminación. Creo que las personas son esencialmente egoístas. Creo que la gente que se alejó de mí lo hizo, porque me quedé sin un peso. Y eso pasa en cualquier ámbito de la vida, no sólo en el caso de la gente discapacitada.

La performance de Wale
-Wale contó su experiencia en la Teletón de 2004. Su historia causó tanto impacto que hoy es invitado por empresas, universidades y otras organizaciones para dar charlas motivacionales. Cuando se puede, reconoce que pide algo a cambio, no para él, sino para el centro de COANIQUEM que actualmente financia casi solo en Puerto Montt. Confiesa que pensó que tendría más ayuda, pero cuando la ha pedido, incluso a los empresarios salmoneros, le han cerrado la puerta.
¿Pero qué siente más, que los empresarios no colaboren o el hecho de que la gente no esté comprometida con una causa de esta naturaleza?
Eso sí lo siento. Siento que realmente la gente todavía está muy comprometida con sí misma y no mira a la persona que siente necesidad. En Estados Unidos, en Idaho, si tienes un problema en la carretera, al levantar el capó del auto, la gente para. Si no paras, es porque tienes un problema o no eres de Idaho.
Creo que la comunidad puede dar mucho más. Es cosa de ver la Teletón, al ver las estadísticas, uno ve que el 80% de los ingresos de la fundación viene de familias modestas, porque la persona que tiene, no está ni ahí con la cuestión. Dice: ese es problema de otro, problema del Estado, pero no es mi problema.
Hay personas que pueden decir que usted tiene ese discurso ahora porque ya viene de vuelta.
Mi cambio fue que yo era una máquina de hacer dinero. Por eso es que cuando yo me despierto (después del accidente) y veo que no tenía familia ni negocios, me doy cuenta que uno construye una base muy, muy ligera.
Un ejemplo. Una vez estaba en Disneylandia y me encontré con mi jardinero y su familia. Yo estaba con mi señora y mi hijo, además de unos amigos de él que celebraban su cumpleaños y lo único que hacía mi señora era quejarse. Ya habíamos gastado entre todos unos 5 mil dólares. Y yo sé que mi jardinero, que ganaba 500 dólares al mes, estaba feliz. Era primera vez que iba. Nosotros íbamos todos los fines de semana. Entonces ¿qué tiene que ver el dinero en disfrutar algo? ¡Nada!
-Con estas palabras Wale se dirige a los asistentes en sus charlas y a medida que les cuenta su historia, también les muestra imágenes de cómo fue su proceso de recuperación. Como parte del show, como él lo reconoce, termina levantándose de la silla de ruedas después de colocarse las piernas ortopédicas. Se para, camina y le dice a su audiencia que a él le dijeron que nunca volvería a caminar y que sólo podría mover el cuello. Con esa “performance” sorprende y causa un efecto inmediato. Cierra la presentación, que por lo general dura 2 horas, diciendo que lo que uno se proponga lo puede alcanzar en la vida. Lo importante, dice, es siempre exigirse al máximo, pero nunca olvidando los valores de la familia.

El emprendedor de sueños
Edward Wale ya volvió a vivir como antes. Recuperó su licencia de piloto y desde el año pasado también es parte de la Reserva Naval, que tiene entre otros objetivos el instruir a los oficiales para que contribuyan a la proyección de la Armada en el ámbito civil. Cuando conversamos con él, estaba a punto de embarcarse en el B.R.S SLIGHT junto a otros 32 marinos para recorrer las costas de la Isla de Chiloé.
Hoy es dueño de la empresa de carga Varmontt. Cada tres meses visita a su familia en Estados Unidos. Pero sus viajes también los aprovecha para buscar ayuda para COANIQUEM. Como retribución al gran apoyo que le brindaron algunos médicos de allá, visita el hospital donde fue atendido y conversa con personas que al igual que él sufrieron quemaduras graves.
-Yo no debería estar acá. Me quemé en un 100%, 92% en tercer grado. Me acuerdo cuando desperté de 6 meses en coma, y sentía que mi madre lloraba a mi lado, y me decía es que te estabas yendo. Y yo le decía: tai loca, dónde me voy a ir si no me puedo mover!. Y estaban todos los doctores y enfermeras tratando de recuperarme y yo me empezaba a ir y me quería quedar ahí, porque se empezaban a ir todos los dolores … pero no sé por qué volvía.

Regáleme lo que bota
Edward Wale hoy no habla de sueños. No quiere pensar en ellos, sino que prefiere trascender con su materialización. Por eso para él COANIQUEM es tan importante
“Es que una cosa es construir el centro, que ya está. El otro tema es la mantención de 12 millones de pesos mensuales. Hoy estamos potenciando una campaña de reciclaje de vidrio con contenedores en toda la ciudad. El alcalde está en un proceso para asignarnos un terreno donde poder construir un centro de reciclaje que será de COANIQUEM Austral y probablemente va a estar camino al aeropuerto. Va a reciclar vidrio, cartón, aluminio y plástico”.
Allí, las personas van a poder ayudar sin tener que sacar un peso del bolsillo. La idea es concientizar a la gente diciéndoles “no me dé plata, pero sí ayúdeme con lo que usted bota”. La idea es que en un plazo de 10 años, el centro tenga un centro con pabellón quirúrgico para dar toda la atención médica desde el accidente hasta que la persona salga rehabilitada.
¿Y cuál es su objetivo?
Mi objetivo es dejar a COANIQUEM funcionando independientemente. Tener la tranquilidad de que lo que se hizo, va a perdurar en el tiempo. Cuando tenga esa conciencia, esa percepción, creo que voy a encontrar la satisfacción de misión cumplida.

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