Rodrigo Jara, director audiovisual: Una mirada que promete

Publicada en enero de 2009
Valdivia: ciudad de barcos, fuertes, cervezas alemanas y… jóvenes punks. Efectivamente, en la bella e histórica localidad sureña también conviven paisajes idílicos, industrias y jóvenes inquietos con cabezas de alfiler, casacas cortadas y discurso crítico. El joven periodista y realizador valdiviano Rodrigo Jara Lizana (1981) encontró una historia en potencia tras esta singular realidad, la que finalmente plasmó en su documental debut “AnderGraun”. Y partió muy bien: la exploración de las motivaciones y forma de vida de estos rebeldes del fin del mundo le valieron una Mención Honrosa y los elogios de parte del jurado del emergente Festival In Edit, celebrado a fines del año pasado en Santiago “Andergraun” es un rodaje realizado en formato Mini DV que, a través del seguimiento a las rutinas de tres bandas de punk rock valdiviano (Porotos Kon Riendas, Los Cebados y la Santa Resaka), explora en la vida, costumbres y manifestaciones culturales de un grupo social tradicionalmente inadvertido o solapado por la comunidad. Un grupo de jóvenes que, mediante el uso de compases y acordes simples, voces ruidosas y una actitud contestataria, expresan sus pensamientos y su descontento. La génesis de este trabajo fue casi accidental, y se remonta a marzo de 2007, cuando Jara -también militante punk- registraba imágenes para un trabajo como alumno tesista de la Universidad Austral. Lo que un principio sólo sería un registro de sus amigos en Porotos Kon Rienda, comenzaría a tomar vuelo propio, hasta terminar con un equipo conformado por una quincena de profesionales regionales, el apoyo del Fondo de Fomento Audiovisual Regional, y ser parte de la “Muestra del Polo Austral” de la pasada versión del Festival Internacional de Cine de Valdivia. Hoy, los proyectos de Rodrigo Jara suman y siguen: “Chalupa” está en etapa de producción y tratará sobre la vida del músico Osvaldo “Chalupa” Martínez, un baterista de jazz valdiviano con más de 50 años de trayectoria, al que destacan como pionero en el desarrollo del género musical en el sur (de hecho, ya tenía varios años de carrera para el mítico terremoto de 1960), y cuyo estreno se espera para alguna fecha de 2009. De forma paralela, Jara también escribe el guión documental para otro proyecto, denominado “Casas”, en el que recorrerá viejas viviendas en decadencia -no las típicas patrimoniales o “pintorescas”-  insertadas en los barrios obreros de Valdivia.“La ciudad está cambiando bastante, entonces, la idea también es establecer ese diálogo de cómo una casa lentamente se devasta mientras la ciudad está creciendo por otro lado. Es un rollo mucho más observacional y también mucho más poético, de un lenguaje quizás menos tradicional”, explica. La primera etapa de este proyecto cuenta con el financiamiento del Fondo Socovesa para el Desarrollo Audiovisual. Respecto de la difusión de “AnderGraun”, si bien aún no existen planes concretos -salvo su presentación en el próximo Festival de Cine Digital de Viña del Mar- la idea base será tratar de ampliar su público mucho más allá del punk. Para Verónica Lyon, productora de “AnderGraun” -y amiga de Jara desde la Universidad- desde el comienzo este fue objetivo base del documental: “Me pasó con el estreno en Valdivia que, conversando con alguna gente, ví, que lograron entender un poco la vida desde el punk rock; es importante, ya que cuando ven a un cabro en la calle no tienen la posibilidad de entender el argumento que hay detrás de esa opción”. Para Rodrigo Jara, “Andergraun” es una muestra joven de lo que sucede en el Valdivia post-muerte de los cisnes en el Río Cruces: “el tema de lo sucedido con Celco, no sólo a nivel de punk, sino a nivel general de la población, fue como un quiebre en que hubo que reaccionar. No se consiguió mucho, pero hay cosas que suceden en lo local que se toman el movimiento: la construcción de un casino que no tiene nada que ver con el entorno de la ciudad, o la forma en que están proyectando el crecimiento también es una de las cosas que molestan harto a los jóvenes. Se han derrumbado los edificios y hay una especie de miedo que se transforme en un Santiago chico o en un Temuco o un Puerto Montt, ciudades que han perdido harto su identidad”. Una identidad que, al menos por ahora, está protegida por una inquieta y valdiviana cámara documental.


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