Hombres, hombres, hombres

Escrito por María Angélica Blanco en octubre de 2009

Los hombres pertenecen a una fauna diferente. No olvidemos que ellos son de Marte y nosotras, las Venusianas, los amamos o los odiamos dependiendo de las circunstancias. Inmersa en el mundillo académico, periodístico, empresarial y editorial he visto el comportamiento de muchos de nuestros amados trogloditas y los he dividido a piacere en distintas categorías.
Los hoyos del queque: estos especimenes son por lo general abogados o ingenieros. Se ríen y hablan fuerte. No les gusta pasar inadvertidos. Se creen campeones mundiales, no sólo en temas de su competencia, sino de cualquiera que les permita abrir la boca y dictar cátedra. Fíjese. Usted los ha visto en los aeropuertos. Saludan con palmetazos en la espalda y a grito pelado a senadores, diputados y a todos los personajes Vip con un “qué dice mi distinguido amigo” o un “honorable ¿qué lo trae por estos lares?”. Te pueden decir: “Ayer estuve con la Evelyn, está de miedo, como para doler las muelas”. ¿Qué Evelyn? se les inquiere duditativamente. “La Matthei pues, si somos muy carreta. Hemos estado en muchos congresos juntos. Incluso asesoré a mi compadre Jorge Desormeaux, ese del Banco Central. ¿Me capta?”. Aléjese de los “hoyos del queque”, porque usted a su lado, simplemente, desaparece. Hacen demasiada sombra.
Los Embusteros: casados, de los que no usan argolla. Son enamoradizos. Pasan del amor más apasionado y sublime a un comportamiento errático y glacial y planifican con minuciosidad perversa su retiro de las lides del amor. Comienzan su galanteo regalando chocolates “Prelude”. Cuando el corazón se les enfría, envían una barra de “Intermezzo” y para el finiquito, la estocada final, gentilmente regalan chocolates “Finitto”. Son capaces de mantener varios flirteos, puesto que son coquetos. Pero son cobardillos. Lo niegan. A las incautas le ocultan que siguen amando u odiando, que viene a ser lo mismo, a una musa, una especie de Dulcinea de sus sueños que les guste o no, mantendrán en su recuerdo hasta que les llegue el “rigor mortis”.
Los Sibaritas: disfrutan de la buena mesa y los buenos vinos. Usan colonias Christian Dior, compran corbatas italianas. Tienen un círculo de hierro que es su Club de Tobi, compañeros de capa y espada que morirían por él sin abrir la boca encubriendo las diabluras de estos caballeritingos con una fidelidad y lealtad propia de “Los Húsares de la Muerte”. Sus galanteos son encubiertos por sus hidalgos hasta la muerte. Ellos celebran todas sus gracias, aunque sean de mal gusto y, más encima, lo tratan de “ídolo”. Este círculo es tan siniestro como los “Illuminati”. Este tipo de sibarita es agnóstico, pero curiosamente les gustan nombres celestiales para las mujeres. ¿Será para expiar sus pecadillos de poca monta?
Los Íntegros: especie en extinción. No buscan honores, ni ascensos, ni aceptan ser delfines de ningún padrino que los conduzca hacia lo que todos los hombres buscan: poder. No les interesa el poder, más bien lo desprecian. Son incorruptibles, no se venden por un plato de lentejas ni por un cargo. Inteligentes, hábiles, discretos, confiables, dan seguridad. Esta categoría le da jaque mate por paliza a los ansiosos de poder. Por ello, generalmente se quedan con los tesoros por los que otros especímenes darían su vida.
Otrosí: La mezcla entre los hoyos del queque y los íntegros, daría nacimiento al hombre ideal. A los primeros, les sobra mundo, savoir vivre. A los últimos, les falta.

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