Ana María Díaz, ceramista: En cada pieza de barro hay amor, arte y pasión

Escrito por Revista Nos en mayo de 2010

Versátil y espontánea, esta artista disfruta de la tranquilidad de su taller creando objetos en cerámica gres, arte que ha desarrollado desde pequeña, junto a otras disciplinas relacionadas con el mundo artístico.

ceramista-5“Gran parte de lo que hay aquí, ha sido hecho por mí”, asegura Ana María Díaz, durante el recorrido de parte de su casa donde diversas creaciones resaltan a simple vista.  Esculturas, pinturas y un sinfín de figuras de cerámica de las más diversas formas y colores dejan en claro la versatilidad de su dueña.
Ana María, desde pequeña, se ha sentido atraída por el arte en todas sus expresiones. Si bien ha probado y se ha desarrollado en muchas de ellas, hace años que está abocada a la cerámica gres, técnica que requiere una cocción a 1.250ºC para que la arcilla y los esmaltes, ya sean brillantes u opacos, se fusionen y logren un solo acabado.
Su primera incursión con este noble material fue en el colegio, donde gozaba con las manualidades. Tanta era su pasión y sus ganas por aprender, que entró a estudiar, cuando estaba en cuarto Humanidades, a la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile. “Para entrar había que dar un examen y saqué el segundo puntaje más alto. No terminé el curso, porque era un recargo de horario espantoso, pero fueron dos años de muy buen aprendizaje”, recuerda. Posteriormente, ha realizado múltiples cursos con la destaca ceramista Pilar del Pino.
Titulada de profesora de Educación Física -carrera que dice estudió por “error”, a pesar de ser buena deportista- y recién casada con Ricardo Basauri, llegó a Los Ángeles hace 32 años. Por entonces, reconoce que no había “nada de nada” en su rubro. Se dedicó un tiempo a la pintura, hasta que un curso de loza impartido por Cema Chile “bien básico, pero súper bien dado”, la devolvió definitivamente a la cerámica, tanto impartiendo clases durante algún tiempo a personas adultas como a la creación de piezas.
Ana María lleva años disfrutando en la serenidad de su taller la posibilidad de crear sus piezas en cerámica gres o en bizcocho, “marca” que es  reconocida dentro de la ciudad. “Trabajar la cerámica te da alegría, es rico trabajar con las manos, saber que las ideas que están en tu cabeza tomarán formas en las manos, es algo que va conectado”, explica. La artista no cree en la inspiración, sino que en la constancia y en la tranquilidad para crear.  “Si tú estás con la cabeza ocupada con algo que te atormenta, no puedes trabajar bien, porque esto no es mecánico. Cuando no le pones imaginación, se nota. Te queda una pieza fría”.
Reconoce que le gusta todo y que muchas veces sigue “la tincá del día”, experimentando con distintos colores, formas y materiales como vidrios, piedras, cuarzos.
Agradece tener un “mecenas”, porque, si bien lo que realiza es muy entretenido, la tarea no es fácil. “Se puede sacar una pieza cada dos meses con sacrificio, y hay probabilidades de que se te rompa en el horno y son semanas de trabajo perdidas. En Santiago, los ceramistas que pueden vender con facilidad  y en cantidades, tienen su ayudante, que te hace la parte pesada de la cerámica. Aquí tú no puedes, partes desde el amasado hasta el final”, expresa.

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