Rafael Gumucio, escritor, columnista y comediante: “Concepción es más brutal que Santiago, más duro”

Escribe en Las Últimas Noticias y también en El País de España, y no tiene reparos en reconocerse como “ególatra y vanidoso”. Escritor de una pluma afilada, cuyo particular y sarcástico sentido del humor lo ha hecho célebre desde sus tiempos como comediante en el ya de culto programa “Plan Z”. Recientemente, Random House Mondadori decidió re-lanzar en formato de bolsillo “Memorias Prematuras”, probablemente su libro más famoso a la fecha y es la excusa perfecta para conversar de lo crudo y lo cocido con este auténtico personaje del red set nacional.

culturaGumucio-17Esperamos a Rafael Gumucio en las oficinas de la Facultad de Periodismo de la U. Diego Portales. Ahí es director del Instituto de Estudios Experimentales Humorísticos, instancia que busca desarrollar los talentos de los alumnos a través de temáticas que abordan, entre otros, la ironía, el absurdo, el chiste y la parodia.
“El humor es una especie de información mental. No tengo otra manera de comprender el humor. Para bien o para mal, es algo que me intriga, me interesa, me importa y de lo que vivo; pero no he buscado nunca ser divertido ni chistoso”, nos explica este profesor de Castellano y magíster en Literatura.
Sin embargo, no es el humor el principal tema que nos convoca, sino el reciente re-lanzamiento, en formato de bolsillo, de “Memorias Prematuras”, una suerte de novela autobiográfica publicada originalmente en 1999, y que marcó uno de los momentos más altos -en términos de crítica y popularidad- de la carrera como escritor de Rafael Gumucio Araya. Toda su historia es relatada ahí: su nacimiento en Chile en 1970, el exilio junto a su familia en Francia (es hijo, nieto y tataranieto de una familia vinculada a la actividad política) y el posterior y desarraigado regreso al país. La decisión del escritor de contar su infancia y adolescencia desde un ánimo “joven aún” (sin la madurez y el cálculo de un adulto) marcó un golazo y los críticos no tardaron en destacar la “honestidad y ferocidad” de su prosa.
“Reconstituyo, en estudio, con completo control de la luz y del maquillaje, a ese niño que le habla en francés a una pareja que le habla en castellano (…) ese insoportable niño que no puede vivir sin dar siempre su opinión sobre todo, ese niño que los adultos perdonan porque saben que los años van a castigarlo tanto”, escribe Gumucio en el inicio de “Memorias Prematuras”.
-¿Cuánto ha cambiado de  ti en estos 10 años desde el lanzamiento de Memorias Prematuras?
-Harto. He cambiado mucho. Ya no tengo esa necesidad de decir cosas tan urgentes. No estoy tan solo, ni estoy tan lejos del mundo, conozco mejor la sociedad y las personas, y me interesan más los otros y menos yo, que era la persona que me interesaba en ese momento. Pero, básicamente, la mayor parte de las cosas las sigo sintiendo igual. He cambiado mucho, pero no tanto como quisiera. Pero… sí, de alguna forma también el escribir el libro y publicarlo me obligó a cambiar y puso en mi personalidad de entonces y mi vida una frontera; muchas cosas que no recuerdo si las escribí porque las recordaba, o si son mías, o parte del libro. Igual, no podría volver a escribir este libro como lo escribí. Y lo he intentado muchas veces.
-Tú has dicho que escribiste “Memorias…” en una etapa complicada de tu vida…
-Sí, estaba muy solo, había declinado mi carrera de locutor televisivo, de presentador de televisión o de humorista televisivo y había querido ser escritor toda mi vida, era lo que a mí me importaba  y me interesaba. Pero estaba muerto como escritor para todo el mundo, se suponía que no tenía ningún talento. Mi libro anterior (“Invierno en la Torre”, 1995) me lo habían destruido, así es que tenía que poner todo mi esfuerzo y toda mi energía en escribir este libro si no… se acababa el juego. Era la última carta.

“Muchos de los clientes del Clinic son falsos rebeldes”

El personaje de Gumucio tiene múltiples facetas, siendo una de las más recordadas su rol como comediante en los programas Plan Z y Gato por Liebre, cuyos sketchs hoy son de culto en youtube. Fueron sus años en que se perfilaba como una especie de  Dudley Moore chileno (aunque dice ser admirador de Woody Allen) y en los que dio rienda suelta a su vocación como libretista y realizador de hilarantes gags como “Mapuches Millonarios” o “Lo Pintana”. “Yo creo que el jefe de la Conadi que pusieron ahora es como un mapuche millonario ¿no? Se hizo realidad nuestro sketch”, suelta, sin perder el estilo.
Tras el cierre de Rock&Pop Televisión, Gumucio siguió encabezando proyectos polémicos, irreverentes y literarios como el pasquín The Clinic y la revista Fibra, y su pluma como columnista ha recorrido una gran variedad de publicaciones, que abarcan desde los diarios La Nación, El Mercurio y Las Últimas Noticias, a tabloides como El País, ABC, y el New York Times. Su faceta como escritor, por su parte,   incluye -además de los títulos ya mencionados- la novela “Comedia Nupcial”, “Los Platos Rotos”, el libro de viajes “Páginas Coloniales” y “La Deuda”, a la fecha su última novela de ficción publicada.
-Tú has trabajado en televisión. Hoy, la gente de los medios habla de “elitismo” cuando se le cuestiona por no incluir contenidos que dialoguen con la cultura más profunda; con suerte incluyen a Raúl Ruiz, poco menos que en calidad de bicho raro…
-… A mí la cultura en sí no me interesa. O sea, alguien que lea a Roberto Ampuero no me parece una persona culta, prefiero que no lea nada antes de leer malos libros, ¿me entiendes? El ejercicio de leer tiene sentido cuando los libros pueden hacer preguntas que son incómodas pero esenciales. El problema -y en eso la derecha y la izquierda están perfectamente de acuerdo, en Chile por lo menos- es que lo que se quiere evitar es la cultura que pregunta. Yo no creo que la cultura tenga por qué existir si no tiene ese elemento de pregunta. Por supuesto que también tiene que haber un cine popular y un cine de Raúl Ruiz, pero hacer cine para gente que no ve cine, escribir un libro para gente que no lee, y hacer teatro para gente que no le gusta el teatro me parece completamente estúpido.
-En una columna publicada en The Clinic, denominada “Hinzpeter quiere ser culto”, dices: ”(Hinzpeter) Se venga, y usa él mismo la palabra venganza contra todos los que no creen que es posible ser de derecha y escuchar Silvio Rodríguez, amar la ecología y tener el retrato de Allende en la oficina” ¿Un derechista 2.0 no podría ser culto y concordar con algunas ideas “progres”?
-Sí puede. Lo que pasa es que la derecha en Chile tiene su propia cultura… o sea, más bien, hay escritores, pensadores, filósofos y músicos de derecha, que representan visiones del mundo, planteamientos de derecha, y son no sólo legítimos, sino que algunos muy buenos, y son grandes escritores, y pensadores, etc. Lo que le pasa a Hinzpeter  es que él quiere ser choro, pero no quiere pagar el costo de lo que significa ser choro, sólo quiere los beneficios de ambos lados. Ser de derecha como lo es Hinzpeter es pensar que los fuertes ganan y que los débiles tienen que perder, y que el mundo está hecho de esa determinada manera. Yo puedo ser de derecha y leer y disfrutar a Philip Roth; pero de alguna forma, también tengo que hacerme las preguntas que se hace Philip Roht. Por lo menos para mí eso es la cultura. Yo leo muchos autores con los que no estoy de acuerdo ni opino lo mismo, pero generalmente lo que yo leo me afecta, en ese sentido me pregunto. El tipo de derecha que Hinzpeter representa, para mí, es la peor de todas las derechas…
-¿Tan así, peor que la ultra-derecha?
-Sí, porque es una derecha sin ideología, sin pensamiento, sin una visión crítica, que defiende el derecho de los ricos y poderosos de seguir siéndolo porque sí. No hay un proyecto renovador o revolucionario (…) Hernán Buchi o José Piñera… me parecen que son gente súper contraria a lo que yo opino, pero se jugaron por un proyecto. Lo otro me parece que es gente que no se ha jugado nunca por nada, más que estar a favor de la ley de la gravedad, o que cuando al Colo Colo le va bien son del Colo Colo, y cuando le va mal son de la Unión Española.
-Dedicaste algunas columnas, en medios nacionales e internacionales, sobre los saqueos que ocurrieron en Concepción luego del terremoto ¿Qué fenómeno crees que sucedió ahí?
-Creo que mucho de lo que pasó en Concepción tiene que ver con instintos muy normales, muy naturales. Lo primero que se hizo fue juzgar a la gente, yo mismo lo hice, se les puso en un paredón. Quizás, de estar en Concepción, en la situación en que quedó la ciudad después del terremoto, habría actuado distinto. Lo que sí faltó totalmente fueron figuras que pudieran contener ese instinto. No hubo figuras de autoridad ni del Gobierno de entonces, ni del Gobierno siguiente, ni de los líderes actuales, ni intelectuales.
-Se acabó por un instante el “contrato social”…
-Se acabó todo.
-Para muchos, el robo de plasmas fue una actitud que envileció a la masa…
-Sí, pero ojo, Concepción siempre ha sido una ciudad “dura”: una ciudad-frontera que tiene una historia, que fue arrasada varias veces por los mapuche; con un cono urbano grande, obrero, en el que donde tú mires se respira un ambiente pionero; una ciudad que ha sido estudiada muchas veces, que tiene la paradoja de ser una de las más tradicionales de Chile, pero donde son menos visibles, porque todo parece que hubiese sido hecho el año pasado. Entonces, claro, a mí no me impresionó. Concepción es más brutal que Santiago, más duro. Por algo ha sido una ciudad tan importante para la historia del rock. Ahora, que pasó en Quilicura, donde la comuna entera estuvo tres días esperando la llegada de una horda con cuchillos y pistolas. Eso me pareció aún mucho más impresionante que el robo de electrodomésticos; esa impresión de que estamos rodeados de enemigos que nos quieren asesinar (…)  El saqueo fue una fiesta, fue un carnaval. Fue una venganza contra los supermercados.
-En “Quejas ABC1”, te preguntas respecto de los sectores más pudientes “¿no son estas clases privilegiadas las más estafadas del país? ¿No son su pobreza, la de sus barrios carentes de gracia, de centros sociales, de armonía, e incluso de calefacción, más alarmante aún que la de los pobres?”  Después de eso, algunos bloggers te dieron con todo: una lectora, incluso, te calificó de “chancho aburguesado”…
-Ah, sí, Daniela Munster, una niña de Concepción. Una estupidez, porque me imaginaba comiendo espinacas acarameladas, y sólo imaginarme algo tan asqueroso me provocó arcadas.  El pobre-pobre ha mejorado su situación. Vivirán en la mierda, pero están mejor que hace 20 años, eso nadie lo puede dudar (…) Ahora, esa cita que tú me transmites me parece súper sintomática de lo estúpida que es alguna gente que cree ser de izquierda. Mientras la salud y la educación pública sean un problema de los pobres, nunca se van a solucionar. La mejor manera de hacer que permanezca todo el tiempo como un problema y que nadie lo solucione, es segregar el problema y ponerlo solamente como un asunto de pobres; porque evidentemente como ellos no tienen poder, quién va a quererles solucionar el problema. Y toda esta gente que reclama, en el fondo, son los colaboradores, los yanaconas y los sirvientes felices de que este sistema se prolongue hasta el infinito. Yo lo que quería decir en esa columna no era disminuir el sufrimiento de los pobres, ni reírme de eso, ni mirarlos en menos, sino entender que el problema de Chile no es que haya una educación ni una medicina increíble para ricos, ni una educación ni una medicina asquerosa para pobres, sino que el sistema es desigual para todos, y estafa a todo el mundo.
-Cuesta entenderlo, considerando cómo son atendidos quienes pueden pagar isapres y clínicas frente a las horas que esperan los que están en Fonasa…
-Claro, pero lo que se paga (en la salud privada) para lograr eso es desproporcionado. Para la extrema riqueza eso no es problema. En todas partes del mundo la extrema riqueza nunca ha tenido ningún problema, incluso en Cuba. El problema en Chile, para una amplia clase media aspiracional que no solamente son los contadores, los profesores, sino que muchas veces es gente que gana bastante bien, es que está gastando un dinero desproporcionado por una segregación social que por lo demás tiene otros efectos secundarios que son indeseables: yo podría pagarle a mi hija un colegio privado bueno, pero la mitad de lo que estoy pagando en ese colegio no es ni educación ni implemento, sino que es un muro para que mi hija no se cruce con gente indeseable. Y ese muro no sólo no es bueno de manera ética o moral, sino que incluso para la educación de mi hija es perjudicial. Entonces, no comprender el problema así es miope, y es de alguna manera resignarse. Hay muchas formas de resignarse, y muchos de los clientes del Clinic o de los que escriben estas cosas son, en el fondo,  falsos rebeldes o resignados, o borregos que les gusta balar y gritar, pero que nunca quieren hacer ningún cambio real, ni meterse en nada que resulte transformador o peligroso.
-Vamos a las definiciones cortas. Premio Nacional de Literatura: ¿Para Isabel Allende o Diamela Eltit?
-¿Entre ellas dos? La Damiela Eltit, naturalmente. Mi candidato era Germán Marín, pero entre ellas dos, evidentemente la Damiela Eltit, no tengo la menor duda.
-¿Rasgas vestiduras si se lo dan a Isabel Allende?
-No, me parece que ella es escritora de un tipo de literatura que a mí no me interesa ni me importa, pero sí bastante digna. Lo que me parece completamente absurdo es que la popularidad de ella sea un problema.
-El poeta Javier Campos, en una columna en El Mostrador, se pregunta: “Si Isabel Allende fuera tan mala ¿por qué la estudian y realizan tesis de doctorados de ella en universidades norteamericanas?
-La Universidad americanas son un desastre, imagínate, Roberto Ampuero hace clases en una (…) no significa nada.  Nunca he pensado que sea un desastre la Isabel Allende ni mucho menos, creo que tuvo un libro muy bueno, pero no invento nada, ése es el problema. No hay en su escritura nada que no haya sido digerido antes por la gente. Es una muy buena artesana de un tipo de escritura, tiene mucha simpatía, puede ser muy refrescante, pero no creo que “La Casa de los Espíritus” sea un libro que haya inventado algo o que haya revolucionado nada, sólo aplicó la fórmula del realismo mágico a una historia personal y lo hizo bien.
Me imagino que sabes del culto que hoy se le rinde a Plan Z en youtube. Mucha gente se pregunta por qué no te reúnes con tus antiguos partners para volver a realizar un programa así. Sería refrescante en la televisión actual…
-Nos detestamos, no nos podemos ver (risas). Hay un asunto de homosexualidad… no te voy a contar detalles. Pero Yoko Ono era hombre.



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