Brujas y brujos del siglo 21: ni tan feos ni tan malos como parecen

Escrito por Sonnia Mendoza en noviembre de 2010

Dicen que apenas ganan para vivir, que la cosa se puso difícil después del terremoto, pero que hombres y mujeres los consultan por igual. Unos para amarrar y otros para desamarrar amores esquivos y tormentosos. Estuvimos en Santa Juana y conocimos el caso de una estudiante en quien recayó el mal que iba dirigido al padre, un contratista forestal que pagó con dolor “el embrollo” que, posiblemente, cometió con sus trabajadores, y a Andrés Ortiz, un funcionario municipal, a quien en Lota llamaban “el mandadero de la bruja”. Él sí que vio fotos y monos con alfileres, como los que guardaba Pilar Pérez, y que la justicia hoy acepta como pruebas de culpabilidad.

bruja-1Justo frente al cementerio de Santa Juana, adónde ya no cabe ni un muerto más, en Baquedano 1038, Irma Medina Vera se prepara a extraer la “sabandija” que, asegura, tiene trastornada de dolor a una veinteañera asistente de Párvulos. Desde hace cuatro días, la joven apenas puede caminar, siente clavos incrustados en la cabeza y los rasguños en su cama la tienen casi sumida en la locura.
“El mal se lo tiraron al papá y le cayó a la niña”, dice. Es su diagnóstico para un maleficio tan antiguo como el hilo negro al que se recurre por venganza o por envidia, y al que Santa Juana, extensa y tranquila comuna rural de la Región del Biobío no está ajena. Tampoco otros lugares del país y de la zona, por cierto.
El día de este recorrido periodístico, Irma regresaba de Concepción con su cargamento de inciensos obscuros y de colores, sobres del Brujo y de San Cipriano, sahumerio extra bendito contra todo mal que (“¡apenas se vayan ustedes!”) mezclaría y esparciría sobre un brasero. A la niña enferma, en cuerpo presente, la envolvería en una sábana nueva. Así, dice, le descargaría el mal, y “para que corra todo, se le da un purgante y a la cama, después que camine y se le pasen los dolores hay que darle el contra: tres cogollos de ruda en agua tibia”.
Ese mismo martes 2 de noviembre, o “a lo mejor el viernes, voy a ver”, entraría de noche al cementerio. Con “una fotito, ya sé a dónde encontrar al mono (clavado con alfileres), me dirigiré al círculo y lo sacaré” para poner fin al tratamiento por el que cobró $20 mil. A los humildes, aclara, les cobra poco. Los precios de mercado son otros, aunque el terremoto, como veremos, trastocó todo y algunas consultas urbanas de cartomancia y quiromancia, languidecen.
-¿Y cómo sabe si hay un mono (muñeco) ahí?
-Es el arte que tenemos algunas personas, sé adónde está y basta con eso. He sacado cosas malas del cementerio, pero yo estoy con el Señor, no con el Diablo. Que eso le quede claro.
Con su pelo negro muy tirante hecho un tomate, jeans y una pulcra blusa, Irma cuenta que en sus varios años de oficio nunca se ha equivocado, y que el mal que padece la estudiante de Párvulos “se lo tiraron a la casa; era para el padre, pero ella estaba con las defensas bajas y la afectó”. El hombre es un contratista forestal y a la gente que “le embrolló, le tiró un palo; ahí le vino el castigo. Cuando se lo digo, agacha la cabeza y me contesta que no tiene problemas con nadie, pero yo he visto a muchos otros empresarios arruinarse por estas cosas y a un médico de Temuco, también”.
En Santa Juana, a Irma la conocen como “la señora de la suerte”, pero aquí hay también santiguadoras, iriólogos y componedores de huesos. Cobran poco por sus servicios, aunque nuestra entrevistada pide $500 mil por sanar una enfermedad y $300 mil por uniones de pareja: “Y no se separan más, se lo aseguro. Hay mil formas de hacerlo”. Una, dice, es con el pelo. “¡El pelo es cosa viva! ¿Cómo no lo va a saber..?”
El caso de María Pilar Pérez, “La Quintrala”, la mujer que junto al sicario José Ruz está siendo enjuiciada en Santiago por el crimen de Diego Schmidt-Hebbel y el doble homicidio de su ex esposo Francisco Zamorano, y su pareja, Héctor Arévalo, y en contra de quien el tribunal acogió como pruebas del Ministerio Público dos muñecos con los que habría cometido magia negra en su casa, llevó a NOS a indagar sobre estas prácticas en la zona. De “envidiosa, dominante y arribista” acusaron a María Pérez su ex suegra y su ex cuñada en el curso del juicio, debilidades humanas que, justamente, llevan a practicar brujerías. Para Marlene Sandoval, una “brujita buena”, natural de Chiloé, directora para Chile de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas (Catw), un organismo consultivo Status II del Ecosoc de la ONU y Unesco, el caso de Pilar Pérez responde al perfil de una niña muy regalona de su padre, a la que no le faltó nada, buena estudiante y profesional que se ve enfrentada a la homosexualidad del marido.
“Eso le desencadenó un odio existencial muy grande; no le podía pasar a ella lo que le estaba sucediendo y, en su desesperación para atraer a un hombre y revertir estos procesos, se ligó a personas que usan la magia negra. Meterse en ese tema es ir cayendo cada vez más bajo en la escala humana; al final ya no se es un ser, se es una cáscara dominada por entidades que no son la persona”.
Marlene Sandoval, egresada de la escuela chilena de Feng Shui y heredera de una intuición y telepatía chilota envidiable, estudió durante 18 años temas de energías y bioenergía y cada vez que puede, actualiza saberes en China y Japón.
Dice: “Cualquier persona – y en cualquier lugar- puede hacer magia negra para dañar a otro. Después de un impacto que afecte su ego, quiere amarrarla para que lo (la) ame. Hacer un amarre obliga a un ser a ligarse a otro, muchas veces se siente amor, odio, pero no se puede vivir sin la otra persona. Hay una desesperación, una necesidad muy grande de estar con el otro. Los diarios están llenos de personas que se ofrecen para hacer estos amarres, la práctica del vudú lo usa mucho, y los muñecos pinchados es algo que también se ha visto desde hace años en Chile. Aparecen en muchas culturas, y cuando son usados para hacer daño, las personas que están siendo embrujadas se sienten muy mal. Hay gente que incluso se ofrece para hacer desaparecer a personas a través de fotos; trabajan con espíritus de los muertos y, en algunos casos, los mantienen cautivos a través de conjuros, creando verdaderas entidades con el poder de sus mentes enfermas. Pueden hacer mucho daño, sobre todo en personas que no se protegen”.

Con el Señor

Cuando la arquitecta Pilar Pérez muera, “habría que quemarla” propone Irma Medina, quien ahora sabe quién la dejó viuda con cuatro hijos pequeños “cuando el país estaba por el SI y por el NO”. Pero fue con el amor de su vida, un médico de Hualpén, con quien aprendió a hacer “limpieza de hogar”. Y advierte que es malo trabajar con la magia negra. “Con la magia negra uno no puede entrar a los reinos de Dios, no puede y yo soy cristiana”, se defiende, al punto que cuando se lo han pedido, ha mandado a cambiar al cliente con viento fresco. “Muchas personas tratan de hacer el mal, sé que es así, pero yo estoy con el Señor. El Señor se manifiesta en mí y la persona (que está tratando) siente un calor inmenso, un alivio”.
Curioso. Doña Juana Pradenas Castro también rechazaba tales propuestas oscuras. En su tiempo era “seca” para hallar cosas perdidas y decir las coordenadas perfectas a dónde estaban caballos, herramientas, anillos y cadáveres. En Santa Juana vive con su hija Reineria Castro Pradenas, que un tiempo, como la madre, se aficionó a la lectura del naipe español hasta que el Señor la llamó a su iglesia. Ahora, sólo lee la Biblia pero da algunas luces de lo nefasto que es el uno de espada a diferencia del as de oro, la carta de la felicidad.
La mirada perdida y la sonrisa fácil se pintan hoy en el rostro de doña Juana que aprendió a mirar e interpretar las cartas de su madre Paula y aquella, de la españolísima abuela Piorca. Su carné dice que tiene 98 años, pero tendría 103 años, porque “está inscrita en el primer libro del curita; la bautizaron de grande y ella se acuerda, incluso, de la gran fiesta que se hizo, con muerte de animales y todo”, dice Reineria. Por parte de madre, tiene varias hermanas, pero ésa es otra historia.
En los campos de Santa Juana creció y aprendió a echar las cartas aunque nunca a leer y a escribir. Su padre era mapuche. Siempre cobró poco (entre $1.500 y $5.000) por consultas, sólo pensando en tener para sus gastos, hasta que hace tres años perdió la memoria. “Ella siempre hizo el bien, no el mal”, recalca la hija.
A Martín de Mujica 695 llegaban incluso Carabineros intentando aclarar el robo de animales y ella se sentaba a su mesita y “ligerito les decía adónde estaban y los encontraban”. Así mismo fue cómo a la señora Carmen, de Curalí, que le vino a preguntar por el esposo que la engañaba, le anticipó que la amante lo mataría. Así fue. De un hachazo lo hizo. Yo lo sé, porque mi papá escuchó las predicciones que hacía y me dijo “anda a ver a tu mamá que está hablando cabezas de pescado”, pero así sucedió. A mi viejita la venía a ver mucha gente, señoras de médicos de San Pedro y de Santiago, también. Aquí vivía Eliseo Cuevas, un señor que vendía diarios. Una hija suya, mandada por su madre, vino a preguntar por él. Se había perdido el día antes, mi mamá empezó a ver las cartas y le dijo: “¡Su papito va a aparecer pero con Carabineros, está muerto; hay que buscarlo en el campo y adónde hay muchas matas verdes. Ahí estaba, se había ahorcado”, relata Reineria.

El mandadero de la bruja

En Lota creció Andrés Ortiz Neira (48), el jefe de adquisiciones de la Municipalidad de Santa Juana, que ve las manos como nadie, pero que se resiste a la quiromancia a menos que esté entre amigos. “Del trabajo, llegaba a la casa y había mucha gente esperándome. Me negué después de predecirles a tres personas la muerte de seres queridos. No es normal que uno sepa cosas que no han sucedido todavía. Es fome, pero entretenido también enterarse de cosas que le pasan a la gente”, dice, como le pasó con un profesor.
Su pena más grande, pero muy escondida era saberse abandonado por su madre biológica. En su círculo familiar, laboral y de amistades nadie lo sabía hasta que una vez, en un grupo de ex alumnos, medio en serio medio en broma le dijo: “¡A ver, pase su mano para acá…! Cuando le dije lo que leí, se dio vuelta y se puso a llorar. Esa tranca de saberse botado le marcó la vida”.
“El mandadero de la bruja”, le decían a Andrés en Lota. Y cuenta que no tenía más de 10 u 11 años cuando le hacía las compras en la feria a una solterona del pueblo que vivía con muchos gatos. Todos decían que era bruja y un día se atrevió y preguntó: Sí -le contestó la mujer- pero no le digas a nadie. ¿Quieres aprender? Con ella empezó, le enseñó a ver las cartas, pero más que nada “a cuidarme”, a usar contras y de las cuales, ponerse una pieza interior al revés es, dice, la más efectiva y barata.
Pero también vio fotos y monos con alfileres y él mismo, junto a un amigo, reptó debajo de una casa en Lota hasta retirar un hechizo de varios huevos y quemarlos. La víctima, cuenta, era una amiga de su madre y había enfermado bruscamente, estaban preocupadas por ella y él preguntó a quien podría darle luces. “Entre brujas no pueden acusarse ni hacerse cosas, pero pueden deshacerse maleficios. Es lo que hizo. Me indicó adónde estaban los huevos y cómo debía sacarlos. Nunca he sido asustadizo y lo bueno es que, a los 15 días, la amiga de mi mamá se mejoró.”
Hombres y mujeres consultan por igual. Los primeros para descubrir si los están engañando, por negocios y por trabajo. Otros, para dominar a la mujer, para amarrarlas, sobre todo si están doblemente involucrados y “no quieren que ninguna de las dos les haga mucho atado”. Las segundas, dice, para conquistar al hombre. “La mujer es más supersticiosa”.

Chile se está soltando

En Concepción, Julio Lineros Pérez (57) coincide en que amores y problemas laborales son las consultas más frecuentes. Cobra $6 mil y no atiende a más de cuatro personas por día, aunque después del terremoto, el negocio está de capa caída.
Distinto, dice, es el valor por el tratamiento completo de sanación, que hace a solas y de noche en su oficina pintada de azul y sin ventanas. La jornada concluye de madrugada y con un baño para limpiarse de las cargas, pero por él o por su familia no puede hacer nada. “Si no, me sacaría el loto o estaría lleno de clientes”.
En su mesa de trabajo reposa el mazo de cartas y a un costado una paila de greda rellena de trigo y monedas para el celoso tarot. “¡Si esta mesa hablara!”, dice, dando a entender que por allí ha desfilado gente importante y políticos en campaña.
Por datos de boca a oreja se ha ido haciendo de clientela, aunque, como otros “brujos y brujas” publicitan sus habilidades en los diarios. Don Julio, como le gusta que lo llamen, ha recorrido varios países y dice que Chile al fin se está soltando en estas materias. Antes, para llegar a sus oficinas de Freire 76, “se daban tres vueltas antes de decidirse a consultar y ahora hasta es bien visto que ellos mismos le echen las cartas a sus amistades. Les da estatus y la posibilidad de quebrarse entre conocidos”.
Como un prestador de servicios, se reconoce y entre sus clientes desfilan médicos, abogados, nanas, albañiles, gente dedicada al comercio sexual que “por envidia” las han enfermado e impedido de trabajar.
En sus muchos años de experiencia, nada lo ha marcado más que el caso de un profesor y su mujer, parvularia. Ella fue objeto del hechizo de su suegra y hasta que no le consultaron no sabían qué les pasaba. Habían perdido salud y trabajo. Ángel y Gloria están hoy en la provincia de Arauco y, al teléfono, él dice: “Nos rehabilitó en el sistema, estamos trabajando y lo consideramos como parte de la familia. No tengo palabras para agradecerle; en él confío a ojos cerrados”, y el aludido explica que agradecidos, la pareja de sobrevivientes a la suegra le regaló un notebook. “Uno no se hace millonario, pero la gente agradece”.

Trabajo y amores, mercado favorable

“Los temas laboral y sentimental son más sensibles por una sola razón: por la incertidumbre, y es por lo mismo que intentamos tener alguna certeza, aunque sea por este medio”, explica Manuel Baeza, sociólogo de la Universidad de Concepción, para quien ejercer la magia con mejores o peores resultados es problema de quien lo hace. “Hay sociedades más proclives a ello, y si se genera un mercado favorable es porque se cree que es eficiente”, dice.
-¿No le llama la atención que quienes consulten sean personas del grupo ABC1?
-La ciencia no da todas las certezas del mundo. Es probable que un conjunto de grandes interrogantes queden perdidas y que los esfuerzos de la ciencia no sean satisfactorios para todo el mundo. Es lo que llamamos un problema transversal.
-¿Hay que temerles a los brujos y brujas del siglo 21?
-Si usted cree, sí; enfrentado a una situación así, a mí me harían reír. No creo en brujos blancos ni negros ni en chupacabras.
-¿Es una práctica inútil, entonces?
-¿Qué nos vamos a volver todos creyentes en magia negra? No. Estas cosas tienen un valor limitado. Es un capital cultural. Chile ha evolucionado un poco y esto se asocia a un conjunto de prácticas aberrantes, pero que tiene que ver cómo el vudú -entre la magia y la religión- forma parte de las creencias, pero yo no voy a juzgar el valor de la creencia de quienes sostienen que el vudú tiene eficacia en sus medios.
-¿O sea podemos dormir tranquilos ….?
-Así es.

Mentalidad resistente al cambio

Para Manuel Baeza, el tema de la adivinación y de los poderes extraordinarios es tan viejo como la luna y tan complejo como en los inicios del homo sapiens en un afán práctico de ordenarse en el espacio y en el tiempo.
Dice: “la pretensión que tienen algunas personas de disponer de ciertos poderes que influyen sobre la naturaleza de otras es algo antiguo, y lo mismo las tentativas que se tienen por la domesticación del futuro, por saber qué va a pasar; nosotros avanzamos siempre hacia lo sublime de lo desconocido. Me parece azaroso, por no decir imposible, establecer con claridad “qué es lo que será lo que todavía no es”en este minuto, pero las tentativas no han fallado nunca, al menos por la vía de los astros, cartas, fondo de la taza de café o interpretaciones numerológicas, para crearnos algunos miedos”.
Y agrega: “el año 2012 está en el umbral de la puerta, pero es aventurado establecer con claridad lo que se presume de la fecha. La magia es un recurso que se utilizaba en otro momento de la humanidad con un desconocimiento más o menos grande de cuáles son las fuerzas que intervienen sobre la naturaleza; a partir de que el conocimiento avanza, la magia me parece propia de supersticiones que perduran”.
-¿Nunca se batirá en retirada?
-Los avances históricos nunca son homogéneos. La mentalidad es lo último que cambia. La mentalidad es portentosamente resistente al cambio. Sabemos explicar más o menos los terremotos, pero eso no obsta a que personas crean que es producto de fuerzas sobrenaturales que intervienen para movernos el piso una vez más.
Para el investigador, desde un punto de vista antropológico, la existencia de fuerzas malignas y benignas tiene que ver con un afán práctico de ordenarse en el espacio y en el tiempo, pues redundan en cierto tipo de conductas que propician las relaciones pacíficas y no las violentas. Y agrega que a partir de la historia de la sociedad (y es lo más asombroso) nos hemos establecido en esquemas binarios de separación, de clasificación, casi en oposición semántica -bien y mal, día y noche, hombre y mujer, vida y muerte- pero las culturas pueden variar, pues estos esquemas no son rígidos, y las escalas de valores son, en el fondo, adecuaciones culturales que las sociedades hacen.
No obstante, “las sociedades humanas no echan en saco roto lo que ha sido su propia experiencia en tanto especie. En cada sociedad y a pesar de este carácter iconoclasta y banalización de la vida cotidiana, de este economicismo que nos agobia, sumerge y asfixia, las sociedades mantienen algunas nociones más o menos básicas de lo que es el bien y mal. Instituye conductas esperables y no deseables, y como sociedad entiende así que es su propia condición de reproducción como tal”.
Desde ese punto de vista, situaciones particulares como la de María del Pilar Pérez, se sitúan fuera de lo esperable. “El bien es el bien porque la sociedad estima que es el bien y lo mismo para el mal. El mal tiene que ver con las dificultades adicionales en el tratamiento de la locura, la enfermedad mental tiene una descalificación, una tendencia al aislamiento desde fines de la Edad Media. Son conductas intoleradas dentro de la sociedad y conlleva a concebir el hospital siquiátrico -como bien lo dice el filósofo y sicólogo Michel Foucault- como una instancia que consagra el aislamiento. La vigilancia que se debe tener respecto del enfermo mental es similar a la que se debe tener con el reo.

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