Aprendiendo a Querer, desde primero básico a cuarto medio: El Programa de la UCSC: Aporte desde la región al país

Escrito por Revista Nos en mayo de 2011

Actualmente cerca de 30 mil estudiantes desde primero básico hasta cuarto medio cursan las asignaturas de este plan de afectividad y sexualidad reconocido por el Ministerio de Educación. Su objetivo es  formar personas “íntegras, libres, con voluntad férrea, capaces de diseñar y ejecutar su propio proyecto de vida”, desde una base antropológica cristiana.

Es mediodía, y los alumnos de tercero básico del Instituto de Humanidades San Francisco de Asís, de Lota, trabajan guiados por su profesora en una asignatura que les “enseña a amar”.
El programa fue incluido por las autoridades del colegio en su plan de estudios en el año 2006 y desde esa fecha sus estudiantes, desde primero a octavo básico, reciben esta formación.
La iniciativa corresponde al Programa Educativo en Sexualidad y Afectividad Aprendiendo a  Querer, que en Chile es desarrollado exclusivamente por la Universidad Católica de la Santísima Concepción, a través del Instituto Superior de Ciencias de la Familia del plantel universitario.
“El plan tiene como base una antropología personalista que respeta a la persona, la dignidad del matrimonio y la familia”, explica Claudia Pedreros Silva, Directora del Instituto Superior de Ciencias de la Familia de la UCSC. Para ello utiliza una metodología que promueve el conocimiento en todas las dimensiones del desarrollo personal: física, psicológica, espiritual y social. Así -manifiesta- estamos formando en el sentido más amplio de esta palabra.
“A veces se instruye a los niños, pero no se les dice qué hacer con ese conocimiento. En cambio nuestra idea a través del Aprendiendo a Querer es abordar una perspectiva integral, donde tanto el contenido como la formación de una persona se analizan críticamente”, agrega Cristián Vargas Manríquez, médico cirujano, Director del Instituto Superior de Bioética de la UCSC. Esta unidad colabora con el Instituto de Ciencias de la Familia en la capacitación y perfeccionamiento de los académicos de los distintos establecimientos a las cuales este programa sirve. Actualmente Aprendiendo a Querer tiene presencia en once comunas de la Región del Biobío y en otras tres zonas del país. En total ha formado a cerca de  30 mil estudiantes.
Desde comienzos del 2011, este plan ha sido incluido como uno de los 7 programas oficiales de educación sexual y afectiva que impulsa el Ministerio de Educación  junto al Sernam, transformándose en una opción para todos los establecimientos educacionales del país.  A partir del año 2012, será obligatoria la incorporación de uno de estos programas, el que debe realizarse una vez a la semana, desde 1º básico a 4º medio, ya que actualmente se realiza en 7º básico y 2º medio.
Entre sus diversos recursos, el programa Aprendiendo a Querer incluye una colección de doce libros  -y un manual por nivel para el profesor- que acompañan al estudiante en el desarrollo de su vida escolar  desde primero básico hasta cuarto medio.
“Lo novedoso y atractivo es que no se enfoca sólo en la parte biológica de la sexualidad, sino que incluye una formación valórica desde la infancia. Le enseña a nuestros niños a quererse, a respetarse  a sí mismos y al resto de sus compañeros,  a ser solidarios, a entender el valor de la familia y luego, a medida que entran a la adolescencia, va tratando las interrogantes que surgen por los cambios físicos y emocionales que comienzan  a experimentar”, señala Herminia Manríquez Chávez, directora del Instituto de Humanidades de Lota.
El objetivo de este enfoque,  explica el doctor Cristian Vargas, es formar personas que en el futuro respondan como adultos libres. “Como dice San Agustín: Ama y has lo que quieras,  pero entiende cuál es el horizonte de tu vida y después actúa libremente”, sentencia.

 

El rol formador de los padres

En su sala de clases, los niños del colegio lotino -creado en 1945 por la familia Cousiño-comentan ejemplos sobre el valor de la amistad. En el libro de la asignatura no hay ninguna mención explícita a temas como las relaciones prematrimoniales, aborto o métodos anticonceptivos, porque el desarrollo del programa Aprendiendo a Querer es secuencial y progresivo de acuerdo con la madurez de la persona. No se anticipan conceptos, sino que los contenidos se adecuan a los intereses y a las edades de los estudiantes.
Otra característica del programa es la importancia que entrega al rol educativo de los padres sobre temas relacionados con la sexualidad de sus hijos. “Hoy se hace más urgente estar preparados en el ámbito de la familia que ha sufrido una feroz relativización en su verdadera función educativa. Por ello, el Aprendiendo a Querer se transforma en un apoyo para que los padres puedan cumplir con este rol”,  manifiesta Claudia Pedreros.
La profesora del Instituto de Humanidades de Lota y monitora del Programa Aprender, Johanna Leal Espinoza, asegura que en su colegio han podido comprobar,  cómo esta participación activa de los padres en la educación  afectiva y sexual de sus hijos, mejora la comunicación de la familia y potencia relaciones basadas en la confianza.
“Procuramos que algunas de las unidades de los libros, sobre todo en los primeros niveles, se estudien y trabajen en familia, para que se generen instancias de conversación entre los integrantes del hogar, pero la guía y la autoridad queda en manos de los padres”, agrega la docente.
El director del Instituto de Bioética, Cristián Vargas, recuerda que en una medición realizada por el Centro de Estudios Biobarómetro de la UCSC, un 90% de los padres de la Región reconoció que para ellos el matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer,  y el 80%, que prefería un matrimonio religioso para sus hijos. “La pregunta es si esa tendencia es tan clara,  por qué el sistema educativo no responde a esas necesidades; por qué va con un discurso distinto. Estamos frente a una emergencia educativa y ante esta realidad, el programa Aprendiendo a Querer apuesta a dar un insumo para responder  subsidiariamente a las necesidades de la familia, desde una antropología personalista”.

Los pasos del Aprender

Las cualidades del ser humano que son características y que los diferencian de los animales y plantas, como amar, soñar e inventar,  entre otras, forman parte de los cuatro primeros libros de enseñanza básica de la serie  Aprendiendo a Querer. Se trata de los textos “Estoy Creciendo Feliz”; “Empiezo a Conocerme”; “Qué bueno es compartir” y “Somos un gran equipo”.
Este último destaca la importancia del deporte y de los juegos como parte del crecimiento físico y mental de los niños, donde pueden descubrir los valores de la amistad, del esfuerzo en grupo, de la humildad, la justicia y la autoexigencia personal.
“Diferentes y Complementarios”; “Vamos hacia la Madurez”;  “Construyendo mi Personalidad”, y “¡Amigos!” son títulos para quinto y octavo básico. En ellos se destaca el concepto de propiedad privada y aspectos como compartir, regalar, devolver o prestar. También enfatiza sobre el desarrollo físico y emocional y el valor de la amistad.
Todo lo concerniente a las relaciones para un compromiso responsable para el matrimonio y formar una familia, incluyendo la relación entre padres e hijos, está contenido en los textos  “Construyendo mi Futuro”; “Hechos para Amar”; “Mi Futuro es Importante Hoy”, y “Frente a las Grandes Decisiones”. Están orientados desde los 14 hasta los 18 años, en la enseñanza media.

Monitores del Aprender

El Instituto de la Familia prepara a los profesores de los colegios que trabajaron con el programa Aprendiendo a Querer, transformándose así en monitores, al adquirir los conocimientos fundamentales a nivel antropológico, filosófico y ético, además de la expertiz del trabajo práctico en los talleres que serán aplicados en el aula.  La capacitación requiere 20 horas cronológicas y el apoyo del manual.  Desde el año 2006 a la fecha se ha capacitado a 2.000 profesores en todo el país.
A partir del 2º semestre del año 2009, el Instituto de la Familia ofrece a los estudiantes de la Facultad de Educación la capacitación para monitores del programa Aprendiendo a Querer, propuesta inédita que certifica y capacita a los alumnos para tratar temas de educación sexual y de la afectividad.  “Es un curso voluntario, que dura un semestre y que tiene un reconocimiento dentro del currículum del estudiante”, explica Jaime Constela Núñez, Decano de la Facultad de Educación de la UCSC.  Actualmente se han formado 75 alumnos; durante este año se han incorporado otros 25.  “Nuestros estudiantes son destacados en el medio por su evidente formación ética y moral, por lo que pensamos que son las personas idóneas para transformarse en guías de este proyecto”, indica el académico. Quienes ya obtuvieron esta competencia están habilitados para trabajar en cualquier establecimiento que esté desarrollando el programa, “aun cuando todavía no haya finalizada su formación de pregrado, lo que, sin duda, es un plus para nuestros estudiantes”, manifiesta el directivo.

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