El país debe crecer, pero creando valor compartido

Escrito por Revista Nos en junio de 2012

En su origen, la Central Ralco fue considerada uno de los mayores proyectos hidroeléctricos en Chile, con capacidad instalada suficiente para abastecer el 9% de la demanda de energía del Sistema Interconectado Central (SIC). Su construcción comenzó en 1998 después de sortear con éxito una serie de barreras medioambientales. El estudio de impacto ambiental presentado por la empresa y aprobado por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) señala: “se contempla un plan de desarrollo de largo plazo tanto para la población relocalizada como para el resto de las comunidades afectadas por el Proyecto”. Sin embargo, 14 años después, las comunidades afectadas muestran un alto nivel de pobreza.
Al igual como en el ejemplo descrito, una buena parte de las inversiones presenta una brecha significativa entre las bondades sociales declaradas en su plan de implementación y los resultados en la etapa de operación.
El país requiere urgentemente compatibilizar la inversión privada con el desarrollo armónico del territorio, sin caer en un modelo de mayores impuestos y/o transferencias unilaterales sobre las utilidades contables de las empresas lo que, a la larga, sólo contribuye a destruir el valor económico de las naciones. En este sentido, la capacidad de generación de riqueza territorial debe convocar a las organizaciones sociales en torno a la actividad empresarial, la empresa debe validarse socialmente y la inversión productiva debe transformarse en una fuente inagotable de bienestar social.
“Creación de valor compartido” (CSV en su sigla en inglés) es un término que acuñaron Michael Porter y  Mark Kramer en su artículo homónimo publicado a comienzos de 2011. Los autores postulan que “las políticas y prácticas operacionales que aumentan la competitividad de una empresa, se fortalecen cuando su campo de creación de valor afecta positivamente el desarrollo económico y social de las comunidades que se encuentran dentro de su área de influencia”.
La CSV viene a poner un necesario llamado de atención respecto a que el crecimiento sostenido de los países requiere de la capacidad de los actores de generar valor en todo y cada uno de los actos que realizan. Esta forma de mirar el orden económico y social refleja que los actos de RSE son, en sí mismos, generadores de valor. Bajo un esquema de “win to win” los agentes se relacionan en torno a la actividad productiva y de servicios que genera la acción empresarial en el territorio.
Para lograr dicho objetivo, sin embargo, se requiere que las empresas mandantes o quienes ellas designen, articulen a los actores, tanto públicos como privados, en el diseño y ejecución de las iniciativas de valor. Bajo este esquema se podrá superar la desconfianza inicial, empoderar a la comunidad y dar el apoyo y seguimiento que requieren las empresas en sus primeros años de operación. En la Universidad San Sebastián estamos convencidos de que seguir este camino es fundamental para sustentar el desarrollo económico del país.

Renato Segura Domínguez
Director de Ingeniería Civil Industrial
Universidad San Sebastián

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