Manuel García ya es sinfónico

Escrito por Revista Nos en agosto de 2012

Siguiendo los pasos de otros grandes de la composición chilena, Manuel García está otra vez involucrado en un proyecto sinfónico junto a la Corcudec. Su repertorio será interpretado por él y la orquesta en dos conciertos a la chilena, en septiembre por supuesto.

“Es que Manuel es como un torbellino de creatividad. Tú lo vas a notar. Está todo el tiempo pensando, derrochando cosas de su mente y su guitarra. Anota, piensa, escucha. Es realmente un músico increíble”, comenta Lilian Quezada, la gerenta de la Corporación Cultural de la Universidad de Concepción, momentos antes de encontrarnos con el autor de “Tanto pienso en ti”, “Témpera” y “Catalejo”.

Es el día en que Manuel presenta Acuario, su cuarto disco en el Teatro Concepción. Y hay una gran expectación de los músicos, los escenógrafos, sonidistas, productores y el público que afuera pide las últimas entradas al concierto.

En medio de la luz de una cámara de prensa emerge con el aura de un artista y la simplicidad de un acorde. Sonríe, habla a mil por hora y comenta que Acuario es muy nuevo, muy amoroso y con un trabajo musical distinto a lo que se le escuchó antes. Pero la tarea es preguntarle por otro de sus proyectos en el Teatro de la UdeC: “Manuel García Sinfónico”, que se presentará los días 7 y 8 de septiembre a las 20 horas. Allí, junto a la Orquesta Sinfónica de Concepción interpretará temas de sus discos solistas y algunos de Mecánica Popular, espectáculo que está siendo armado entre el cantautor, la orquesta, los arreglos musicales de Carlos Zamora y la dirección de Francisco Núñez.

Lilian Quezada se siente emocionada de haberlo traído a intervenir como la voz en el Víctor Jara Sinfónico y ahora que lo conoce, que le tiene un profundo respecto profesional, le significa un orgullo invitarlo a hacer un sinfónico con su propio repertorio. Manuel dice que es una tarea que toma con mucho honor sabiendo que antes se hicieron las versiones sinfónicas de Víctor Jara, Violeta Parra y Patricio Manns.

“Tengo una gran admiración por todos los que han dado vida a la música popular. El hecho que se elija a alguien de los nuevos tiempos para hacer un concierto sinfónico es signo de que nuestra cultura se abre para mirarnos y observarnos, y creer en nosotros mismos cuando es tiempo todavía. Y no como nos pasó con tantos artistas en Chile, a quienes no alcanzamos a darle la altura en el momento en que estaban entre nosotros, vivos y trabajando. Yo trato de trabajar con un sentido realista de las cosas, desde el punto de vista amoroso, pues cuando yo me subo a un escenario a tocar con la Sinfónica me considero el peor músico de todos”, enfatiza.

El cantautor describe que los vínculos con el teatro son tantos y tan fuertes que se han ido afirmando desde el Víctor Jara Sinfónico, el lanzamiento de Témpera (su segundo disco que fue presentado también en Concepción) y por ello es que sus expectativas para septiembre son altísimas. “La belleza de lo que el público va a escuchar va a ser gran responsabilidad de la Orquesta Sinfónica, hay una recreación artística de mis temas en este proyecto y yo me siento en un mano a mano con Carlos Zamora. En esa dimensión acepto que mi música esté revestida de una nueva sonoridad y un nuevo formato. Es un honor que me sobrepasa y me haré cargo de eso con el mayor profesionalismo. Cuando uno se relaciona con artistas a una intensidad tan grande, tiene que haber una ganancia artística y espiritual inmensa de crecimiento. El contacto, el apoyo es muy importante para mí y aquí lo sentí desde cuando vine por primera vez al Víctor Jara Sinfónico, porque los muchachos de las distintas filas de instrumentos estaban siempre apoyándome, dándome un consejo o felicitándome. Tengo una sensación auténticamente familiar con ellos. Estoy ligado a esta ciudad y a este teatro de una manera atroz, tengo un amor de locura con este lugar”, enfatiza el artista.

Y sobre el éxito y el cariño que siente la gente, su masividad, popularidad y la candidez del mensaje que recibe de sus seguidores tienen una respuesta sencilla. “Después de los 35 años comencé a juntar mucho público. Pero yo venía tocando hace muchos años con cariño y entrega. Aprendí que hay un momento para echar a volar la guitarra y las canciones y el público no importa que sean dos o cuatro ó 15 mil. La proyección espiritual debe ser la misma. Yo empecé a sentir de los pequeños públicos en los distintos lugares un cariño filial, fiel, fuerte, de que se iba formando una hermandad, una complicidad fuerte entre las canciones y las épocas sociales, en la manera que tengo yo de plantearme que una canción es una excusa para juntarse, de mirarse a los ojos, no sé. Creo que los jóvenes ven que aquí caben con sus pancartas, los adultos caben con sus problemas y los niños con su imaginación. Es lo hermoso de una canción y la forma que yo la compongo, pues es parte de la comunicación humana. Y por mi parte, también veo admiración a quienes asisten a un concierto, a quienes se esfuerzan por pagar una entrada, por darse el tiempo.”

Son casi las siete, en la noche de Acuario. La fila para entrar al concierto da vuelta desde la puerta del teatro hasta calle Aníbal Pinto. Hay ansiedad y ganas. A esta hora imagino la sensación de García y de sus músicos. Un espectáculo, una entrega y una estrella más que se afirma en cielo. Sí, es un torbellino y si quiere escucharlo sonar a toda orquesta, su mes es septiembre.

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