Germán Estrada: “No creo que haya otro lugar en el mundo como Casa de Salud”

Escrito por Revista Nos en agosto de 2015

Conocido también como Dj Negro Pésimo o Wamba, este artista, Dj y productor penquista se toma un descanso en medio de su ajetreo para conversar sobre el exitoso momento que vive este emergente centro cultural (“donde puedo aunar todo lo que quería hacer”), de su juvenil peregrinaje por Europa y de la cero gracia que le producen los encasillamientos. “Soy una persona, no un personaje”, sentencia.

Por  Nicolás Sánchez / Fotografías: Gino Zavala.

G Estrada -1 Casa de Salud es una suerte de país de las maravillas para un amante de la música. Es el lugar donde todo lo que es importante sucede: allí, de miércoles a sábado, bandas de diversos estilos y tendencias se presentan en vivo; es también en este recinto donde opera Estudios Leufü (http://radioleufu.cl/web/), en cuyas instalaciones los músicos ensayan, crean y graban discos, y donde, a través de la radio online del mismo nombre, pueden ser invitados a programas como La hora del Gnomo o ser parte de los Conciertos del Gnomo.

Por su parte, un grupo de djs de primer nivel nacional e internacional sacude las pistas del Salón de la Fama o Salón Principal, con set que incluyen desde música electrónica a toda clase de tendencias musicales.

Así es Casa de Salud, un espacio dedicado a las artes y la música en Concepción, que en dos años ha alcanzado repercusión local y nacional. Ubicado en calle Brasil 574, reúne un total de seis salas distribuidas en dos mil metros cuadrados de extensión. En su interior, la ambientación y estética aportan un sello inconfundible: una colección de antigüedades, recuerdos y fotografías que se mezclan con obras plásticas y murales de altísimo valor. Mención especial merece el salón de Geriatría (Unidad de Geriatría), espacio vintage equipado con butacas clásicas de cine y dedicado al teatro y bandas emergentes. 

Los afiches anuncian clases de yoga, de salsa y la segunda convocatoria para la Feria de Creación, Manufactura, Arte y Diseño, a realizarse entre el 12 y 13 de septiembre en las instalaciones del recinto. En un segundo piso, la recientemente inaugurada Residencia de Artistas cobija a quienes lleguen desde lejos a presentarse en el lugar. Lo que sucede en Casa de Salud es, literalmente, una cultura viva, un fenómeno de crecimiento orgánico, una epifanía del hecho –¿o mito?- de que Concepción es, por excelencia, una ciudad cultural. 

“Todos los que han venido no se han querido ir”, asegura Germán Marcelo Estrada Fricke (49), dueño y creador del lugar.

“En este momento está residiendo el Pablo Mayer, que es un muralista. Ha sido una de las personas clave en el desarrollo de la estética del lugar. Hay 11 murales, Mayer hizo el primero. Ahora está agrandándolo por modificaciones en el local, en el segundo piso se están haciendo salones nuevos”, cuenta.

Productor, músico, Dj, manager, entre otros, Germán Estrada fue el creador de locales entrañables para distintas generaciones de penquistas, como Cariño Malo, Bar La República (en sus inicios El Gato Azul), Bar del Frente, Roomba y Casa de Salud. También Galpón 9 – Chucre Manzur y Soul (estos dos últimos en Santiago). Como productor, uno de sus eventos más recordados fue el festival Rock al Sur del Mundo, una suerte de Woodstock penquista celebrado el año 2000 en la desembocadura del Bío Bío. 

 Una impresionante trayectoria que acredita al “Negro Estrada” como un protagonista indiscutido en la historia del rock y de la cultura penquista de los últimos 20 años.

-¿En qué estás ahora? ¿Cuáles son tus proyectos inmediatos?

-”Casa de Salud es un poco el corazón de todo lo que estoy haciendo. Es un proyecto que ha crecido harto, que tiene varias dimensiones, varios ámbitos que están todos súper interrelacionados. He ido tejiendo como una especie de mallita en la cual he ido juntando y relacionando las cosas que siempre he querido hacer en la vida, y las estoy logrando hacer en un solo lugar. Así, la matriz principal de eso es la sala de concierto, el teatro, la sala de música electrónica; pero por otro lado está el estudio de grabación que es esto de Leufü con el Pedro Antivil, está la radio Leufü igual; está el taller de diseño: estamos trabajando en varios proyectos de plataformas digitales, editorial, etc”. 

-¿En qué consiste lo de plataformas digitales? 

-”Es un proyecto que se llama Creo en Conce, que tiene tres ámbitos. Uno, que es de actividades presenciales: por ejemplo ferias, festivales, encuentros relacionados con temáticas específicas. Tiene un segundo ámbito que es un directorio de artistas, creadores, productores, generadores de materias primas, que es como un directorio de consulta que tiene como fin eliminar intermediarios. Ésta es una herramienta de difusión, dirigida específicamente al área de arte, diseño, comunicación, manufactura y materias primas. Y tiene un tercer ámbito que es de Crowdfunding, que es mecenazgo: se trata de apoyar los proyectos de Concepción desde privados a privados, sin que haya apoyos estatales ni cosas así”.  

-¿Cómo definirías a Casa de Salud?

-”Es un centro cultural con permiso pa guevear (risas). Estamos trabajando de día y de noche. Aquí hay ensayos, hace un rato un programa de televisión, hay clases de salsa, de yoga, de música. El local no para”.

-Es como que quisieras revivir en Concepción al Factory de Andy Warhol…

-”No, no creo que quiera revivir nada de Andy Warhol, está súper bien muerto el gueón (risas). Ahora tenemos otro proyecto nuevo que te lo voy a contar como una primicia: estamos trabajando en hacer un Museo de la Música y una Fonoteca Regional. Estamos en la instancia de estudio, de cómo poder hacerlo. Hay una matriz de idea que ya está avanzada: habrá un área de registro, a través de un repositorio habrá un archivo digital y físico de toda la música que se ha hecho en la región históricamente, es decir no sólo del rock de Conce, sino de todos los ámbitos musicales. Generar ese registro físico, llegar a conseguir ojalá todas las placas. Después está la parte de digitalizar ese material y transformarlo en una herramienta de uso. Tiene un área de coleccionismo obviamente, que son las portadas, carátulas, afiches, fotografías de época, archivos de prensa, etc. Después está la idea de que dentro del lugar haya una sala de instrumentos típicos de la zona como instrumentos mapuches, donaciones -por ejemplo, instrumentos que hayan pertenecido a Violeta Parra- y un área más tecnológica relacionada al desarrollo de productos interactivos para niños, para que se puedan relacionar con la música y para que el museo no sea un lugar tan fome ni aburrido para ellos”.

-¿Tampoco postularás a algún fondo para este ítem?

-”Digamos que no estoy postulando a ningún fondo, está partiendo como una iniciativa privada”.

-¿Te cae mal la cultura del fondismo?

-”Me he ganado sólo un fondo en mi vida, de Corfo, que fue este año, y todavía no lo cobro, y me lo gané hace como ocho meses (…) hay gente que tiene la carrera de ganarse fondos, cachai… mi trabajo es otro: es generar cultura, espacios de entretención, de arte. Todo lo que hago lo hago pensando en que sea autosustentable porque nadie me apoya, no tengo auspiciadores, no tengo un gobierno detrás”.

-Eso es por una decisión…

-”…personal. Todo el mundo quiere vender su producto, y nosotros también, de alguna manera. Y mi producto no se ve bonito con la presencia de otras cosas. Ahora, tampoco soy cerrado en casos específicos: por ejemplo, ahora se van a hacer los Premios Ceres acá e igual tenemos que recurrir a algunos auspiciadores para poder hacerlo. No soy cerrado de cabeza, sólo  prefiero manejar las cosas personales en forma privada, para que nadie me esté diciendo qué hacer y cómo hacerlo”.   

-He conocido casi todos tus locales desde los tiempos de Cariño Malo; sin embargo, en Casa de Salud pareciera que quisieses plasmar una suerte de universalidad de lo que es hacer música.

-”Estoy más viejo po. Entonces, ahora como que pienso y digo: Tengo que hacer una guea donde me voy a quedar”. 

-¿Cómo nació el concepto de Casa de Salud? ¿Te inspiró algún club en especial que conociste durante las giras que hiciste como Dj por Sudamérica y Europa?

-No, de hecho lo que le pasa a los europeos y a la mayoría de la gente que viene para acá es que encuentran que éste es un lugar único. Yo creo que no hay lugares así, en general, en el mundo: hay lugares más grandes, con nichos más acotados, hay mucho más lindos también, ultra diseñados, pero no hay un lugar donde se produzca una amalgama como la de acá. Yo creo que confluyeron un montón de cosas: por un lado mis intenciones de poder aunar todo lo que quería hacer en un solo sitio; por otro, los socios que tengo, que han sido fundamentales igual en el tema, primera que vez que estoy asociado con alguien que va al pulso”.

La adolescencia rebelde y melómana 

Germán Estrada vive en Casa de Salud. Literalmente. Su dormitorio se ubica en el segundo piso, por el sector de la residencial. Al igual que en el resto del local, en ella conviven cientos de recuerdos y llamativos objetos. Sin embargo, destaca ante todo su colección personal de vinilos, cuyo impresionante catálogo resume diferentes etapas y épocas en la vida del también conocido como “Dj Negro Pésimo”.

“Éste es un capo”, indica Estrada al levantar un disco del músico electrónico Nicolás Jaar. Luego, muestra The King of Limbs, de Radiohead; sigue Protection, de Massive Attack, y a continuación, una variopinta pero entrañable serie de clásicos se suceden: desde la banda sicodélica brasileña Os Mutantes, a Jimi Hendrix, Los Electrodomésticos, Tom Waits, Leonard Cohen, muchos discos de Kraftwerk, Luis Alberto Spinetta. Un lugar donde Dead Can Dance convive con Silvio Rodríguez y la música del mundo que heredó de su padre.

Como músico, se divide en tres frentes: en la electrónica, trabaja en sus primeras composiciones propias; en el rock, es bajista de Los Brando, agrupación donde comparte, entre otros, con músicos como Mauricio Melo (Santos Dumont, Emociones Clandestinas) y Jorge Fierro. Y el tercer proyecto es Florida, un grupo que define como “trip folk” y donde se encarga de la guitarra acústica, programación midi y coros. “Los describí así, porque en el fondo para mí era como Quelentaro con Massive Attack”, explica.

-¿Es verdad que tienes ascendencia vasca? 

-”(Ríe) Puede ser. Lo que pasa es que hay una historia familiar bien loca, y es que mi abuelo se cambió el apellido. Se peleó con su papá y se puso el apellido de su mamá (Otxoa). Entonces, claro, toda la mitología penquista es porque puse un Facebook que le puse el apellido de mi abuelo, que es mi segundo Facebook porque el otro estaba lleno y no podía poner el mismo nombre. 

G Estrada -7-“Dinamitaré todas las estaciones de tren hasta lograr la independencia de los vagones a los rieles de este mundo estructurado”, respondiste una vez, cuando te preguntaron por tu lado Otxoa. 

-”Ésa fue una pregunta que me hizo Alfonso Sánchez para Vitrina Sur hace un tiempo. Alfonso me molestó tanto para que hiciera esa entrevista que le contesté puros disparates, pero que finalmente resumen harto lo que pienso de la vida. Tu cachai que mi pega es entretener y de alguna manera me he tenido que armar un sentido del humor, porque esencialmente soy un gueón súper solitario y un poco trágico. Pero creo que la ironía y un poco el sarcasmo se han transformado en una especie de marca registrada de todo lo que hago; o sea, que se llame Casa de Salud es un sarcasmo, claramente. Por un lado, por lo que se puede interpretar de hacer salud y de la parte del gueveo y todo, pero la verdad es que fue porque el Ministerio de Salud  nos clausuró el lugar que teníamos antes y nosotros por guevearlos le pusimos a nuestro lugar legal Casa de Salud. Entonces, un poco esa irreverencia, que es bastante leve también, es una forma de reírme y de no hacer de la vida una cosa tan aburrida, tan seria, tan estresada”.  

-Dices que esencialmente eres solitario y un poco trágico, pero te dedicas a la entretención y cultura ¿No te sientes como un“Gran Gatsby” penquista?

-”(Ríe) La pregunta gueón…  No, para nada. Soy como un protagonista súper activo de toda la historia que voy haciendo, además tu cachai que soy músico y que dejé la música durante veintitantos años por dedicarme a esto, y de repente opté por volver a tocar”.

-¿A qué edad te iniciaste en la melomanía?

-”A los cuatro años, no sé, en mi casa había música tan-tan variada… había un tocadisco Grundig, de esos viejos con mueble, y adentro estaba lleno-lleno de discos; había harta música clásica, a mi viejo le gustaba la música húngara, la zarda (o Csárdás, baile tradicional húngaro relacionado con la música gitana), Monti (Vittorio), ponte tú, la música rusa. También le gustaban las marchas militares, las marchas alemanas, pero también le gustaban los Rolling Stone, Jimi Héndrix. Él era un melómano y de su poca plata se gastaba la mayor parte en música, como yo también. Entonces fue súper importante, porque desde chico me enseñó a usar la maquinita, ponía los discos que le gustaban. Me entretenía en eso”.

Germán Estrada nació en Concepción el 23 de diciembre de 1965, en Bulnes con Lincoyán. Vivió en Concepción y después en San Pedro de la Paz. A los 14 años se fue a vivir a Bélgica, para acompañar a su abuela a hacerse un tratamiento. “Una vez allá, me dieron chipe libre y pude recorrer el país en bicicleta, entonces, tuve una experiencia súper como loca siendo tan chico, cachai”, recuerda.

-¿Cómo se dio ese viaje?

-”Me podía mover solamente entre Bélgica, Holanda y Luxemburgo porque no era mayor de edad, entonces como esos países tenían fronteras abiertas, me los recorrí en bicicleta. Ése fue mi primer viaje importante en la vida y creo que fue súper relevante en términos de que a partir de ese minuto no dejé nunca de querer hacer las cosas que hago. O sea, desestimé el colegio, desestimé después la universidad, como que no me pareció nunca que nada fuera tan relevante como ir tras un propósito firme”.

-¿Luego volviste a Concepción?

-”Volví como a los 15 o 16 a terminar el colegio y el cuarto medio. Estudié primero en la Alianza Francesa, me echaron; después en el Liceo San Pedro, me echaron; de ahí terminé en el San Pedro Nolasco”.

 -Años más tarde trabajaste en Radio Universidad del Bío Bío. Allí, ordenabas el material que recibían del programa Música del Mundo, de Radio Francia, orientado a la difusión de música étnica, ¿cómo fue esa experiencia?

-”Ahí yo me encerraba a hurguetear todos los discos y me transformé un poco en el regalón de todos los viejitos de la radio. Hice varios programas: uno de literatura con el Marcelo Rioseco, que se llamaba Coordenadas de Vuelo. Después, con un sicólogo, Luis Huamanga, hacíamos un programa de entrevistas llamado Lo vivido y lo soñado, en el que entrevistábamos a alguien sobre uno de los grandes tópicos de mi vida, que es lo que tú sueñas y lo que haces verdaderamente por tu vida. Llevábamos a gente como científicos, artistas, algo que ahora es bastante usual, transversalizar un poco el conocimiento. Por ejemplo, en un programa entrevistamos a un instructor de esgrima japonesa y al programa siguiente a un físico: entonces, lo que se buscaba, de alguna manera, era llegar a una forma que era: “¿Hiciste lo que soñaste? Ésa era la pregunta de fondo. Y ésa es la pregunta que yo me hago todos los días”.

-De alguna forma el destino te llevó a situaciones que te enseñaron a seguir el camino propio…

-”No quiero idealizar nada, ni idealizarme, ni corregir mi imagen. He tenido una vida bien tropezada. Por ejemplo, yo salí del colegio y nadie daba un peso por mí. Tenía un pésimo promedio de notas, un prontuario de mala conducta y, sin embargo, tuve un puntaje casi nacional en la prueba, a pesar de que en el primer día me expulsaron del preuniversitario”.

-Eso no lo había escuchado nunca…

-“Me expulsaron porque era payaso, po. Me gustaba palanquear al profe, como me creía sabelotodo más encima, me echaron cagando. Entonces estaba llamado a tener un puntaje horrible, a ser un fracasado, y fue al revés. No me acuerdo si fue el mejor puntaje del colegio, pero sí uno de los mejores. Y podía haber postulado a lo que hubiese querido a pesar de mi escuálido promedio de notas; sin embargo, postulé a lo que menos me gustaba. Yo quería ser ingeniero – después estudié ingeniería comercial-, pero postulé a Educación Física en la Udec por fastidiar. Y tuve un accidente, me quebré las piernas, lo que me sacó afortunadamente de la carrera. Estuve tres años”.

-¿Qué hiciste después?

-”Por esos años, cuando me salí de la primera carrera, me fui de la casa de mis viejos y me puse a trabajar en la Vega cargando camiones, después en Transportes Caracol, como peoneta, para poder vivir. Hice hartas cosas (…) La primera vez que trabajé en un bar fue como copero en el Tambo, una salsoteca. Y lavaba los vasos, lo hacía bien, era aplicado, me dejaron ser mesero, me dejaron ser barman, después cajero, Dj, administrador, y un día le dije al gueon que le compraba su guea. Y ahí hice el Cariño Malo”. 

Las buenas y malas rachas

-Si te mencionan el pub Cariño Malo ¿qué se te viene a la cabeza? 

-”Para mí fue súper importante porque me dio la confianza de creer en mis capacidades, por primera vez. Si tú piensas en todo lo mítico que ha sido el lugar, y toda la relevancia que tuvo en esa época, fue porque no había más y yo me planté y quise hacer un lugar a mi manera. Dije: aquí lo más importante tiene que ser la música, el arte, no el negocio. Y fue un éxito, pero nunca lo evalué comercialmente, siempre dije, ésta es la oportunidad que tengo en mi vida para hacer lo que me gusta. Era un lugar muy modesto. Cuando partimos teníamos unos parlantes de casa. Igual que aquí ahora, esa vez dije ¿cuántos amigos tengo? Hice una lista. Los 30 tipos que me ayudaron a hacer el Cariño Malo, que lo hicimos en doce días, hicieron una lista con sus amigos. Las pusimos en la puerta, y dijimos, todos estos gueones están invitados”. Entonces el lugar siempre fue una casa que recibió a los amigos en primer lugar. El resto, pagaba. Yo siempre he hecho distingos de ese tipo. Y ahora (en Casa de Salud) lo transformé en una política en que, más que la amistad, está la viveza de que el lugar es gratuito para quienes lo apoyan. Es decir, si tú querís llegar temprano a ver los conciertos y todo, es gratis; si querís venir a puro guevear, tenis que pagar y caro”. 

G Estrada -4-En Santiago intentaste recrear lo que hacías acá, y también llevaste el concepto gitano “dijeando” en locales como el Clan y Galpón 9. ¿Hay diferencias entre el público santiaguino y el penquista?

-”Mucha diferencia, tremenda. La primera es que en Santiago el público está súper metido en nichos. La gente se relaciona con gente de su tipo solamente. Es decir, tu vai a un lugar de hip hop, vai a un lugar de rock, vai a uno electrónico, etc. No hay lo que pasa acá, que de alguna manera igual es un tipo de formación que se dio a partir del Cariño Malo, que tienen que estar preparados para todo. El abanico incluye desde la cumbia hasta la electrónica. O sea, yo aquí someto a la gente a los boleros, al jazz, al metal, al rock clásico, a la experimentación electrónica, al freejazz, al dub, al reggae, al ragamuffin, al glitch. Vienen hípsters, gueones tontos de capirote, viene gente común y corriente, todo en un estándar de calidad. Allá en Santiago eso no existe”. 

-“La divertidad es la pasta base de la cultura” es otra de tus frases. ¿Crees en una asociación intrínseca entre la fiesta o el desenfreno y la vivencia del acto cultural o artístico? (Como antípoda de la cultura de salón) 

-¿Si van de la mano? No, para nada. Si lo piensas, es una frase súper crítica. En el fondo, lo que te estoy diciendo es que la gente que anda en busca de tener una vida divertida hace que la cultura sea cada vez más frívola e insignificante. Es la pasta base de la cultura, es decir, la gente que anda detrás de la fiesta, del gueveo, todos esos, para mí son los peores”.

-Suena irónico.

-”No es irónico, porque, por ejemplo, yo administro esto, soy el dueño, pero primero que todo, no es cualquier fiesta, la armo con un propósito claro que es la música, el arte. Estoy siempre rodeado con gente que está empujando proyectos creativos”.

-Siempre con la gestión cultural y artística como foco. 

-”Es que yo no soy el Negro Piñera. Ése es un gueón al que le gusta la diversión. Ni su música tiene algo propositivo porque tampoco es su música, yo soy compositor y él no lo es”.  (Por eso) la analogía que algunos hacen, que, ‘ah, yo soy el Negro Piñera de Conce’… Que se jodan”.

-A este medio dijiste hace un tiempo: “Soy una persona melancólica, pero que tiene una capacidad de estar de fiesta infinitamente. ¿Sigues sintiéndote así?

-”Siento que mi inquietud esencial, mi curiosidad me mantiene en un estado de melancolía y soledad permanente, que es desde la trinchera desde la cual puedo ir haciendo cosas nuevas, generando espacios que sean interesantes, atractivos para todos y sustentables. Aquí trabajan 60 personas, imagínate. (…) hay mucha gente para la cual yo soy un personaje. Para mí, no soy un personaje, soy una persona”.

-¿Se te reconoce más ahora, tras todo lo que pasó en la época del Roomba, en que habían cuestionamientos, órdenes de cerrar tu local?

-”Posterremoto yo perdí todo lo que tenía (se destruyó el Bar del frente), entonces el Roomba fue como un reflejo. En vez de saquear al resto del mundo, me saquié a mí mismo. Hice como un acto así de rebeldía conmigo, y estuve en la clandestinidad, y me sometí a un estrés súper violento, vivimos durante tres años ahí con los pacos todos los días, todavía estoy en un proceso judicial a causa de eso”.

-El Roomba fue como un momento de sobrevivencia, en el fondo. 

-”Claro. Estábamos aburridos de tener que justificar lo que hacíamos, cachai, porque siempre hemos trabajado en gueas que son legales y que le hacen bien al mundo. Pero acá estamos… y es la prueba de que no es que no pudiera hacerlo, no es que no tuviera las capacidades o la voluntad o nada. Viví mis tres años de furia no más, pero lo más importante es que aquí se ha podido materializar un proyecto súper serio, técnicamente bien ejecutado, donde hasta los últimos detalles están bajo supervisión legal… quizás es el mejor equipo de trabajo que he tenido en mi vida, hay una cosa sinergética potente, de amistad, de buena onda, donde todos son bien pagados. En la medida de lo posible, el lugar crece, se complejiza, y cada vez viene más gente común y corriente, se somete a esto, y le gusta. Y entonces, empezamos a cambiar el paradigma de la ciudad de nuevo”.  

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