Luis Escobar Torrealba: EL CURA “INDIGNADO”

Escrito por Revista Nos en marzo de 2017

Desde 2013, el Vaticano lo nombró como el exorcista de la Diócesis de la Santa Cruz de Rancagua. Una faceta a la que poco se refiere, menos públicamente, pero que decidió visibilizar a fines de febrero, al aceptar hablar en televisión sobre la casa embrujada de Puerto Montt. Quienes lo conocen se sorprendieron al verlo involucrado en esos temas. Pero todo tuvo sentido cuando en medio de la entrevista, pidió no farandulizar aquella situación y conminó a sus entrevistadores a preocuparse de los verdaderos problemas de los chilenos. El cura de los pobres y de los presos de la capital regional de O’Higgins había levantado la voz, no precisamente para enfrentar al demonio, sino que para llamar la atención, como tantas veces lo hizo desde el púlpito, sobre las carencias y desigualdades que siguen sin solución en el país.

Por Pamela Rivero J.

 

Habían transcurrido un poco más de 20 minutos del mediodía del 28 de febrero pasado. Un equipo del matinal del Mega acababa de vivir una situación “escalofriante” en la por aquellos días famosa casa “embrujada” de Puerto Montt durante un contacto en vivo con los animadores en Santiago. Sucedió en el momento en que estaban recorriendo las habitaciones de la vivienda. Una extraña “fuerza” rompió un espejo y comenzó a lanzar por el aire cepillos de dientes, espátulas, un “triple” y hasta un control remoto. La periodista, el camarógrafo y el productor del programa quedaron aterrados con la experiencia. Pero el contacto con la capital, que ya llevaba unos 20 minutos, no se detuvo.

En la casa también estaba la tarotista y médium, Vanessa Daroch, quien se hizo conocida en la televisión por su capacidad para contactarse con los muertos. Ella se veía contrariada y asustada. Decía que estaba captando la presencia de un “ente”, de un espíritu “malo”. De fondo se oía la música de El Exorcista.

-Nunca había vivido algo así en cámara, explicaba Vanessa Daroch con la voz entrecortada.

El rating se mantenía alto. La cámara mostraba una y otra vez las habitaciones de la casa para ojalá detectar el momento justo en que aquella misteriosa presencia se manifestara. La periodista y la médium rellenaban comentando los detalles. Vanessa Daroch aseguraba que estaba percibendo una energía negativa en el entretecho de la casa, pero que estaba imposibilitada de subir. Finalmente, esa misión se la entregaron al camarógrafo. Cuando ya se disponía a trepar para su encuentro con el “ente”, desde el estudio intervino Luis Jara para hacer un paréntesis. “Tenemos un contacto telefónico con Luis Escobar Torrealba, uno de los ocho curas exorcistas autorizados por el Vaticano”, dijo.

En Rancagua se encendieron las alertas. El nombre les resultaba conocido. Cuando oyeron su voz, varios confirmaron que se trataba del sacerdote de la parroquia Santísima Trinidad de esa ciudad, ubicada en la población Costa del Sol que, según un estudio de la Oficina de Fiscalización contra el Delito (Ficed), registra altos niveles de delitos graves y tráfico de drogas. Supieron también que el que estaba a punto de explicar el fenómeno de la casa “embrujada” era también el capellán de Gendarmería en Rancagua, el mismo que varias veces había golpeado la mesa para denunciar malos tratos hacia los presos de la cárcel de la ciudad, la primera concesionada de Chile, y donde durante marzo, con sólo días de diferencia, dos internos fueron asesinados por otros reos del plantel.

“Fue extraño escucharlo hablar de ese tema, y en televisión”, dice un periodista local. El cura Escobar siempre ha cultivado un perfil bajo y, por lo mismo, es reacio a dar entrevistas. Menos todavía, para hablar de exorcismo, pues si bien en el 2013 la Santa Sede lo erigió como exorcista de la Diócesis de la Santa Cruz de Rancagua, en la ciudad se conoce muy poco de aquella faceta del párroco. Sus 23 años de sacerdocio los ha dirigido a la labor pastoral en sectores populares. Profesor de profesión, ayudó a levantar un colegio subvencionado gratuito en Costa del Sol y también integró a sus habitantes a las misas de sanación que organiza periódicamente y que, dicen, atraen gente de diferentes puntos de la ciudad.

De ese trabajo, y de la vehemencia con que defiende a quienes sufren todo tipo de necesidades sí que se sabía en Rancagua.

 

¿Y estamos preocupados de esto?

“Lucho” Jara partió preguntándole al padre Luis Escobar cuándo un caso paranormal requería de un exorcismo. “Depende”, fue la respuesta del cura. Luego explicó que previo a cualquier decisión, la  Iglesia recomendaba analizar racionalmente la situación.

Este protocolo es necesario porque el tema del exorcismo siempre ha sido tratado con extremo sigilo por la Iglesia Católica.

El análisis se hace durante una o varias entrevistas con un sacerdote. En ocasiones, el resultado se basa en diagnósticos de psiquiatras, neurólogos y hasta endocrinólogos que conocieron los casos, explicó a los conductores del matinal el sacerdote Escobar. Ello porque no todos quienes llegan buscando ayuda necesitan un exorcismo. Algunos son testimonios falsos y otros pueden estar motivados por patologías psiquiátricas. Ahí la Iglesia interviene contactándolos con un profesional de la salud.

En cada diócesis el obispo es el exorcista por excelencia, pero también está facultado para designar en estas funciones a un sacerdote de su jurisdicción. Los nombramientos pueden ser Ad casum (para un suceso específico) o por decreto, que le da una calidad de permanente para estos menesteres. El padre Luis es de estos últimos.

El panel seguía con atención las explicaciones del cura, y lo instaban a seguir ahondando en detalles de los diagnósticos. Hasta ahí todo iba sobre ruedas. El párroco precisaba las diferentes manifestaciones del mal. Aseguró que podían darse extraordinariamente mediante las conocidas posesiones, pero también de manera ordinaria, como ocurría con la infestación, la opresión y la vejación.

-Pero sabe qué, dijo de repente el sacerdote, me llama la atención que hayan hecho de esto una cosa tan mediática, cuando es un tema tan serio.

“Lucho” Jara sólo asentía. Como si estuviera en medio de una homilía, Luis Escobar prosiguió: “Me llama la atención que lo hagan en un contexto social y político de un país que no está bien. Se acabaron los incendios, el Parlamento volvió a trabajar, hay mucha gente cesante…  En los hospitales hay personas que mueren esperando a que las atiendan; hay ancianos abandonados con pensiones miserables… ¿y estamos preocupados de esto?, cuando en realidad deberíamos ocuparnos de gastar el tiempo en cosas mucho más relevantes que afectan a las personas en lo cotidiano”, espetó. Aunque la comunicación con el matinal continuó, y el sacerdote contestó otras consultas sobre la supuesta presencia demoniaca en Puerto Montt, sus palabras no pasaron inadvertidas en las redes sociales. Los tuiteros celebraron su respuesta, sobre todo cuando dijo que “farandulizar” el tema de la casa embrujada le parecía “triste y doloroso”. Sus conocidos en Rancagua rápidamente entendieron por qué el padre Luis Escobar había aceptado hablar en televisión.

 

“Moderar el lenguaje es decir nada”

¿Por qué decidió tratar en televisión el asunto de la casa embrujada de Puerto Montt? “Decidí contestar el llamado del Mega porque no estoy de acuerdo con que mediaticen estos temas”, respondió desde Rancagua el padre Luis Escobar, y añadió: “Como dije en la tele, farandulizar el tema me parece muy triste y doloroso para la familia si es que efectivamente les está sucediendo algo. Entonces sin averiguar razones, la televisión lucra con la desgracia y dolor de esa familia, y cuál es el aporte concreto: ninguno. Todo lo contrario, los usaron como un papel higiénico que luego de utilizarlo se tira al tacho de la basura. Los expusieron y ni siquiera les llevaron profesionales de la salud mental para que los apoyaran. E incluso, despues de todo el espectáculo que dieron, andan diciendo que fue un tongo. ¿Por qué? Porque no investigaron antes. Algo similar ocurre con los periodistas que van a la cárcel a hacer shows con las desgracias de los presos. Los pobres cabros por su afán de querer salir en la tele cuentan sus historias, quedan expuestos, y después que salen libres nadie los ayuda. Una vez una periodista alojó en la cárcel de Rancagua para hacer un reportaje. A los internos les prometió la seca y la meca. Nunca más volvió”.

-¿Existía la posibilidad de que en la casa de Puerto Montt estuvieran operando fuerzas extrañas?

“Yo dije que sí, que podía ser, pero que no tenía detalles del caso. El demonio existe, ésa es una verdad bíblica, y su mayor triunfo es que no creamos en él, porque así se pasea sigilosamente entre nosotros. Nos hace creer que lo bueno es malo y que lo malo es bueno, nos hace ponernos en enemistad; los que piensan distinto se ven y se tratan como enemigos, y así vamos justificando actos crueles todos los días, porque ya perdimos la capacidad de asombro”.

-Usted también dijo que este caso le parecía un voladero de luces. ¿A qué se refería?

“A que hoy existen muchas necesidades más urgentes que resolver en Chile. El país está estancado. Tenemos un alto nivel de cesantía, y a mí no me van a decir que no es así. Yo vivo en un sector donde la cesantía la percibimos al instante, porque la gente que atiendo en mi parroquia no tiene capacidad de ahorro. Vive al día. A mí acuden hartas personas desesperadas, profesionales incluso, que vienen a hablar conmigo porque hace meses que andan buscando pega, pero no hay trabajo”.

-¿Quién podría estar interesado en levantar estos temas para distraer la atención sobre la situación del país?

“No sé quién, pero si usted mira la televisión, dígame cuál es el aporte que genera para levantar el nivel de los chilenos. Da basura todos los días, los famosos realities, cuál es el aporte cultural: cero. Le dije a la gente del programa del Mega que yo no hablo desde lo que pienso, sino que lo hago desde lo que me ha tocado vivir y ver. Soy una persona que siempre ha vivido con lo justo. Provengo de una familia pobre, a la que la reforma agraria le dio unas tierras y después la dictadura se las quitó. Estudié en la nocturna. Fui a la universidad para titularme de profesor, pero paralelamente tuve que trabajar para costear mis estudios y trabajé en colegios súper vulnerables. Ahora, como sacerdote, estoy a cargo de una parroquia ubicada en una población donde la gente vive hacinada en unos bloques de departamentos minúsculos y que tiene infinitas necesidades materiales y espirituales. Llevo casi 18 años en este lugar y no vivo de lo que me da la Iglesia Católica. Soy funcionario de Gendarmería porque tengo que trabajar para vivir”.

-¿Estos comentarios que hizo por televisión le ocasionaron algún problema con sus superiores?

“No, no me han dicho nada hasta el momento. Hay sacerdotes que me llamaron para solidarizar conmigo, especialmente los que trabajan en lugares parecidos a donde yo trabajo. Creo que si en estos casos moderara mi lenguaje sería lo mismo que decir nada, y yo prefiero arriesgarlo todo a traicionar la verdad. Yo quiero ser la voz de los que no tienen voz, quiero que Chile entienda que hay cosas graves que están pasando, pero que no las queremos ver; que hay hermanos que están sufriendo, que hay gente que está pasando hambre, que hay hermanos que están presos, condenados a muchos años con unos juicios horrorosamente injustos; que los jóvenes se están muriendo porque la droga se los está comiendo, que hay niveles de violencia que están superando lo que pudimos haber imaginado en algún momento, eso Chile lo tiene que saber, y la Iglesia tiene que decirlo, tiene que ayudar a construir una sociedad mucho más justa, en la que haya más solidaridad y hagamos cosas buenas sin necesidad de tener la televisión delante para actuar como si fuéramos buenos”.

 

La voz del capellán

El padre Luis Escobar llegó a la parroquia Santísima Trinidad en el año 2000. No ha habido otro párroco en ese lugar. Su labor pastoral es secundada por otros dos sacerdotes que, como él, también trabajan como capellanes, pero en establecimientos educacionales de Rancagua. Los tres deben atender a una población cercana a los 40 mil habitantes que mayoritariamente habita viviendas sociales entregadas por el Estado.

El cura Escobar también ayudó a construir un colegio subvencionado gratuito en el sector Costa del Sol, que tiene una matrícula de 300 alumnos desde prekinder hasta sexto básico. El establecimiento es manejado por una corporación, de la que el sacerdote no es parte. Aunque, dicen, su sello está en el lugar. En Rancagua cuentan que una de sus principales preocupaciones era que aunque sencillo, el colegio estuviera bien equipado y que tuviese muchos árboles, para ofrecerles a los niños de ese humilde sector un ambiente similar al que tienen los colegios del centro.

En paralelo, Luis Escobar se ha preocupado de fortalecer la vida espiritual de su comunidad. Conocido es que desde hace un tiempo es parte del Movimiento Carismático Católico y que en su parroquia celebra misas de sanación que han traído de regreso a la iglesia a muchos feligreses.

-Dicen que los “carismáticos” no son del gusto de todos en la Iglesia Católica… 

“Creo que lo que no les gusta es que el Movimiento Carismático tiene esta cosa como medio evangélica, de mucho canturreo, de alabanza, de pandero y danza. Nosotros no somos muy exagerados, pero igual hay un gozo muy grande en lo que se hace. Hay mucha gente que ha vuelto a la iglesia gracias a la Renovación Carismática”.

-En las misas que usted hace ¿se han concretado sanaciones? 

“Claro, pero nosotros no sanamos; el que lo hace es Jesús, que escucha nuestro ruego porque hay toda una comunidad que está orando. Fui testigo del caso de la esposa de un diácono que tenía una enfermedad degenerativa que afectaba su cadera. Después de su segundo embarazo, casi no podía caminar. Tras asistir a nuestras misas de sanación su mal desapareció, y eso quedó validado con exámenes médicos. Pero, cuidado, porque éste no es el único fin de nuestras misas. En ellas nosotros  también evangelizamos para que la gente se encuentre con Jesús. Cuando esto sucede él no sólo sana, sino que libera, llena de gozo y plenifica”.

-¿Puede llevar ese mismo mensaje a la cárcel donde usted trabaja?

“Claro, sobre todo porque allá se necesita mucho. Hay internos que pasan gran parte de sus vidas privados de libertad  y otros que mueren en la cárcel, solos, sin que ni siquiera el Estado se preocupe por ellos. A mí me toca conseguir la plata para comprarles hasta el cajón, porque para ellos no hay ayudas sociales”.

-Hace un tiempo, el Presidente de la Corte Suprema, Hugo Dolmestch, consultado por la situación de un reo que falleció de una enfermedad terminal en Punta Peuco, dijo que ningún preso debía morir en la cárcel. Fue muy criticado por organizaciones de Derechos Humanos. 

-“Lo oí, y me recordó de una vez que le dije al senador Alejandro Navarro que estaba bueno que la cortaran, porque en Chile parecía que los Derechos Humanos eran una marca registrada de un pequeño grupo político en un contexto histórico del país. Y los míos, le pregunté. Yo aguanté 17 años la dictadura y a mí nadie me indemnizó. Una vez también la señora Lorena Fries dio un discurso ante los jueces acá en Rancagua, donde dijo que en las cárceles de Chile no se torturaba sistemáticamente como ocurría en los tiempos de la dictadura. Yo pensé: y esta mujer en qué mundo vive, no conoce de lo que habla, porque claro que hay abusos y violencia en las cárceles, es algo que nadie puede negar. En Rancagua hace un par de años fuimos testigos de la tremenda paliza que le dieron a unos internos, y fui denostado por integrantes de una asociación de Gendarmería porque supuestamente yo los había denunciado, en circunstancias que sólo confirmé el maltrato. Hay gente que muere en las cárceles por enfermedades terminales y que para Gendarmería son un problema, porque en la cárcel no existen condiciones para tenerlos. Imagínese que hasta paños hay que cambiarles. Yo me preguntó qué va hacer un enfermo terminal postrado; ¿se va a escapar? ¿Va a volver a delinquir?”.

-Las críticas de las organizaciones de DD.HH apuntan a que un torturador no tiene derecho a recibir un indulto.  

“Y yo le insisto, los Derechos Humanos no son una marca registrada de un grupo no más. Si va a haber beneficios, tiene que ser para todos. Debemos aprender a perdonar, porque ésa es la actitud del cristiano. Hay gente que alega y dice: yo no soy cristiana, por lo tanto, no tengo por qué perdonar. Les gusta la ley del embudo. Yo respondo que aquí la cosa es clara, sea por las razones que sea, estamos hablando de un ser humano que cercano a su muerte merece un acto de sublime humanidad”.

En medio de la conversación, el cura se acuerda de Lorenza Cayuhan, la mujer que se encontraba privada de libertad y que fue obligada a parir engrillada en Concepción. “Se hizo mucho escándalo porque tuvo que tener a su bebé esposada a una camilla. Y yo me preguntaba, ¿y ahora recién están reaccionando ante un hecho tan inhumano? Si esto siempre ha sido así, pero como no había aparecido en la tele se seguía practicando. Yo he visto morir reos esposados a sus camas, pero pareciera que ellos no son seres humanos, porque no están respaldados por políticos. Eso me indigna. Si la televisión denuncia, saltan los políticos y todos opinan, pero si no, las cosas malas quedan escondidas, eso es lo que no me gusta de Chile”.

 

Hollywood tergiversó las cosas

“Cuando se abren las puertas entra viento pero, también, polvo”, les dice a sus feligreses el padre Escobar como crítica a quienes buscan soluciones inmediatas para sus problemas en mentalistas, tarotistas y psíquicos. “En este país la gente perdió la fe en la oración y cayó en el tema del ‘magismo’, todo es mágico y se soluciona con técnica, aunque ello a veces produzca más intranquilidad y dolor”.  Asegura que quienes acuden a su parroquia solicitando ayuda espiritual después de haber visitado a tarotistas o brujos llegan con dos inquietudes recurrentes: que les dijeron que les habían hecho un mal o que una persona muy cercana les tenía envidia. “Imagínese, eso para una persona obsesiva le embarra la psiquis inmediatamente”. Por eso les digo que ante los problemas hay que recurrir a Jesucristo, pero como la gente cree en culquier cosa, prefiere andar invocando al diablo.

Y de eso sí sabe este cura que más o menos ha realizado 3 mil  entrevistas a gente que cree ser presa de fuerzas extrañas. “Muchos llegan a contar sus penas; nosotros les conseguimos una cita con profesional del área de la salud si es necesario o a veces sólo escuchamos, porque con este acto se desinfla el globo de la ansiedad y de las preocupaciones”.

-¿Cuántas de estas entrevistas terminan en un exorcismo?

“De cantidades, de detalles o de casos específicos yo no hablo. Sólo le puedo decir que el exorcismo se usa en pocas situaciones”.

-El cine muestra este rito con escenas de mucho sufrimiento tanto para la persona poseída como para el sacerdote que intenta expulsar al demonio. ¿Es igual en la vida real? 

“Hollywood no nos ha hecho mucho bien porque ha tergiversado las cosas. El rito del exorcismo es muy hermoso, yo lo celebro con mucho gozo porque está centrado en el Señor. Es un acto maravilloso de la misericordia de Dios donde uno lo alaba y él se manifiesta. El diablo es sólo un insubornidado al que se le dan órdenes”.

-¿No es que el cura tenga una pelea casi cuerpo a cuerpo con el demonio entonces?

“Hay sufrimiento durante el rito, pero para la persona poseída; hay una pelea también, pero el diablo no lo somete. Uno como sacerdote sufre al ver el padecimiento del hermano, porque tendríamos que ser de fierro para no conmovernos”.

-¿Se ha visto tentado alguna vez por el diablo?

“Todos los días, pero no estoy neurótico. Para eso rezo, vivo contento, amo a las personas y oro por mis enemigos, y le puedo decir que la oración por el enemigo tiene una fuerza que usted no imagina, pues el Señor finalmente lo trae frente a usted, pero no para denostarlo o para vengarse como rezan algunos dichos, sino para que usted lo bendiga, y eso es maravilloso”.

 

“Era un tongo”

Al cierre de esta edición, varios medios de comunicación replicaban las nuevas declaraciones de la médium Vanessa Daroch sobre la casa embrujada de Puerto Montt. Calmada, ahora empoderada de la situación, en una actitud muy distinta al miedo que reflejó por la televisión desde el sur aquel 28 de febrero, explicó que después de analizar bien la situación, de conversar con espíritus buenos que habitaban la casa  y de descubrir que los hechos paranormales sucedían sólo cuando la cámara no podía captarlos, estaba en condiciones de asegurar que todo se trataba de una jugarreta que movilizó a todo Chile”. Incluso a ella.

 

 

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