Inversión en capital humano y desarrollo, asignatura pendiente

Escrito por Revista Nos en julio de 2017
col-RECTOR UST

Roger Sepúlveda Carrasco Rector Universidad Santo Tomás Concepción.

Las sociedades contemporáneas dependen del conocimiento y de las destrezas de su población, acervo al que normalmente nos referimos como el capital humano de una nación. Invertir en las capacidades productivas de los individuos implica no sólo incrementarlas, sino también aumentar sus ingresos personales. De este modo, para las sociedades, invertir en capital humano representa una fuente de bienestar social, siendo el más importante motor de crecimiento económico, lo que se puede apreciar de forma mucho más significativa en el caso del capital humano de mayor calificación.

Chile podría obtener enormes beneficios del mejoramiento de su capital humano en la medida que exista una definición estratégica de Estado en esa línea, pues hoy -según palabras de los propios científicos- existe una gran incomprensión respecto de los beneficios que representa para el desarrollo del país no sólo contar con una masa crítica de investigadores altamente calificados, sino también sobre el cómo aprovechar dicho talento en el marco de un plan de inserción de estos investigadores a largo plazo, orientado a objetivos a nivel país.

Considerado su nivel de desarrollo, Chile se encuentra por debajo de la “línea de flotación” en cuanto a personal científico tecnológico, con sólo 12 investigadores por cada 10 mil personas en la fuerza de trabajo, cinco veces menos que el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). A esto se suma una reducida inversión en investigación y desarrollo, que no alcanza a 0.7 puntos porcentuales del producto, mientras en el promedio de los países de la OCDE se sitúa en 2.2 %. Particularmente exigua es la contribución del sector privado al financiamiento y la ejecución de labores de I+D, lo cual es inconsistente con una estrategia de desarrollo basada en capacidades tecnológicas. Esto sugiere que cualquier avance para cambiar este camino recorrido es con una importante participación del sector privado, que requerirá de incentivos reales para involucrarse.

En nuestro Chile actual se viene discutiendo desde hace un par de años sobre una profunda reforma al sistema de educación superior, que vale la pena mencionar que se ha transformado en un zapato chino por no dejar a nadie conforme, y donde la promesa de gratuidad ha significado un gasto público prácticamente imposible de cuantificar y plasmar en un presupuesto de largo plazo para un país de ingreso medio que aspiraba a convertirse en desarrollado.

Finalmente, lo que queda es la impresión de que el tema del capital humano avanzado es equivalente a la típica asignatura que los estudiantes menos aventajados postergan “para marzo” por “salvar” otras más riesgosas y urgentes.

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