Emisiones en Alemania y las lecciones para Chile

Escrito por Revista Nos en agosto de 2017
col-RECTOR UST

Roger Sepúlveda Carrasco Rector Universidad Santo Tomás Concepción.

En 2016 saltó a las primeras planas de la prensa mundial que la marca Volkswagen (VW) había instalado un software para disminuir las emisiones contaminantes al momento de ser sometidos a revisión técnica, engañando a la autoridad y saltándose la norma, teniendo que enfrentar en EE.UU. multas por más de US$ 2.800 millones. Aún está por verse lo que deberán pagar en Europa, sin contar los cientos de miles de vehículos que deberán volver a talleres.

Hace unos días, dicho escándalo reflotó afectando ahora a las grandes marcas de automóviles del país: Audi, Mercedes Benz, Porsche y VW, acusadas de lo mismo pero a mayor escala, el llamado “dieselgate”.

La falta de honestidad, el afán de ganar a cualquier costo, el daño a la reputación no sólo para las marcas involucradas, sino también a la imagen país, han alcanzado ribetes inimaginables. Marcas que otrora gozaran de gran prestigio y reputación en todo el orbe, hoy se ven cuestionadas no sólo en su integridad sino también en su calidad.

Escándalo que no sólo sacude a la clase empresarial, sino también a la política y, extrañamente, al contrario de lo que suele suceder en Chile, han sido los políticos quienes han salido a dar la cara intentando hacer lo correcto. El ministro alemán de Transportes, Alexander Dobrindt, enfrenta duras críticas a casi dos meses de las elecciones generales. La oposición lo acusa de haber sabido desde 2016 la existencia de un informe que alertaba sobre esta situación, a lo que Dobrindt se defiende argumentando que en ese entonces había indicios, pero no certezas.

Como sea, parece ser que los políticos en Alemania se esfuerzan por hacer lo correcto, y no tan sólo lo políticamente correcto. Así lo hizo en su momento la Canciller Ángela Merkel cuando, en una decisión inédita e impopular, abrió las puertas a los inmigrantes por la crisis de refugiados que afecta a Europa, soportando estoicamente las críticas desde su propio sector. El tiempo parece darle la razón, pues si bien al principio tuvo un bajón en popularidad, hoy se levanta fuerte por sobre el candidato socialdemócrata, ad portas de una nueva elección. Situación parecida, aunque con matices, a la de Goic y Rincón, con la baja forzada de este último como candidato a diputado por el Distrito 33 de la Región de O’Higgins.

En Chile son muchas las lecciones que se pueden sacar, pues no hemos estado ajenos a este tipo de escándalos: la colusión del confort, de los pollos o de la leche mal elaborada del Laboratorio Braun Medical son algunos de los casos que nos han afectado, dañando gravemente al conjunto del empresariado, por sobre unos pocos, los verdaderos responsables de tal descalabro.

Todo indica que las asociaciones gremiales que agrupan a los empresarios han acusado el golpe, preocupándose por elevar sus estándares éticos, y que están o han tomado las medidas necesarias para que casos como éstos no se vuelvan a repetir. En resumen, de lo anterior se puede aprender que es mejor ponerse rojo una vez, que colorado por siempre. La ética y la demanda de buenas prácticas es hoy una exigencia ciudadana ineludible, puesto que la falta de confianza pública hacia las empresas debilita los mercados financieros y afecta directamente al desarrollo económico y social.

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