La adicción que está matando a los chilenos

Escrito por Revista Nos en agosto de 2017

Chile no es el país donde más se “toma”, pero sí destaca por la intensidad de consumo de alcohol, sobre todo entre los jóvenes, que siguen costumbres o “ritos” que los llevan a beber y a beber en un corto período de tiempo con el único fin de embriagarse lo más rápido posible, a veces, hasta perder la conciencia o “apagar”. Ese consumo ocasiona mortales intoxicaciones o peligrosas adicciones, lo que preocupa acá y en todo el mundo.

La solución a este problema podría venir de Concepción y de la investigación liderada por un científico de la UdeC, quien trabaja para lograr un fármaco que disminuiría la adicción al alcohol.

 

Por Natalia Messer.

 

No es broma. En estos momentos alguien se muere por causa del consumo excesivo de alcohol. La adicción a esta droga cobra en el mundo más de 300 vidas por hora; por lo mismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta constantemente del riesgo que conlleva esta conducta y de sus cerca de 200 enfermedades asociadas, incluido el cáncer oral.

En Chile, en tanto, un estudio realizado por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) reveló que un 49 % de los chilenos consume alcohol mensualmente. De esa cifra, cerca del 24 %, o sea 2.4 millones de personas, tiene episodios de embriaguez todos los meses.

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El investigador Luis Aguayo, junto a colaboradores de su equipo en su laboratorio de la UdeC.

Así y todo, en el país las cifras por consumo de alcohol no son tan altas como en Rusia, Hungría y República Checa, donde se beben más de 15 litros al año por persona. Aunque en lo que sí están destacando los chilenos, según  estadísticas nacionales, es que en los últimos años se ha evidenciado un aumento en la intensidad del consumo de alcohol, especialmente entre la población que se categoriza como infanto-juvenil.

“Chile es el país que más consume a nivel latinoamericano, aunque mucho menos que otros países europeos. El problema está en que si los franceses, por ejemplo, toman 21 tragos a la semana, el chileno se toma 18 o 19 entre el viernes y el sábado”, dice Bayron Martínez Ulloa, director regional del SENDA.

Este consumo intenso de alcohol produjo que el pasado 2016 murieran 10.450 personas por esta causa. “El 50 por ciento de las personas menores de 29 años que murió el pasado año fue por causa del alcohol, ya sea por intoxicación, accidente de tránsito, riñas o peleas”, agrega Martínez.

Asimismo, las cifras revelan que la intoxicación aguda con etanol es, después de la alimentaria, la más frecuente, sobre todo en adolescentes y jóvenes. Muchas de estas consecuencias se producen precisamente por el consumo “rápido e intensivo” de bebidas alcohólicas, costumbre que es conocida como Binge Drinking, cuyo único propósito es alcanzar la intoxicación en un tiempo mínimo.

 

Simple, pero complejo

Pero no sólo el Estado con sus políticas públicas y campañas preventivas quiere bajar las cifras por consumo excesivo de alcohol, también la ciencia busca aportar con lo suyo. Haciendo todos los esfuerzos necesarios anhela descubrir los misterios que se esconden detrás del consumo dependiente de esta popular droga de fácil acceso.

De la Universidad de Concepción proviene una investigación que hoy está dando que hablar y que la lleva a cabo, en el laboratorio de Neurofisiología de la Facultad de Ciencias Biológicas, el Dr. Luis Aguayo Hernández. Se trata de un descubrimiento que ya ha sido destacado en la comunidad científica internacional.

La historia de su hallazgo se remonta a la década de 1990, cuando realizaba sus estudios de postdoctorado en el National Institute of Health (NIH), en Estados Unidos.

En ese tiempo, el Dr. Aguayo comenzó a adentrarse, cada vez más, en la Neurociencia, un área nada de fácil, porque incluye a muchas ciencias, que se encarga de estudiar la estructura y organización funcional del sistema nervioso, especialmente, del cerebro.

En Chile esta disciplina tenía un camino recorrido, gracias al trabajo de destacados científicos, como Joaquín Luco, Mario Luxoro, Francisco Bezanilla y Ramón Latorre. Esto sin duda influenció al Dr. Luis Aguayo a emprender una difícil investigación que partió con una sola pregunta: ¿Cómo era posible que nuestro organismo tuviera tantos efectos por el alcohol y aun así no supiéramos en qué parte del cerebro actuaba específicamente?

Porque hasta entonces no se conocía cuál proteína del cerebro era la responsable de los efectos que causa el alcohol. Consecuencias que tienen que ver principalmente con una disminución de la actividad nerviosa. De ahí esa sensación de relajo que produce la bebida en nuestro organismo, cuando se consume en bajas concentraciones.

“Tenían que existir proteínas en el cerebro que fueran sensibles al etanol. Así como las que hay con otras drogas, como la cocaína, heroína y marihuana y que estaban localizadas”, explica el científico.

Con la pregunta clara, el Dr. Aguayo se embarcó de lleno en su proyecto. Al comienzo estudió un complejo neurotransmisor, llamado GABA, ampliamente distribuido en las neuronas de la corteza cerebral, pero luego se dio cuenta de que existía otro receptor parecido a éste y mucho más sencillo de analizar: la glicina.

“El receptor de glicina tiene dos o tres proteínas, a diferencia del GABA, que tiene 20. Entonces era más fácil de estudiar y se podía modificar una de sus proteínas y ver qué pasaba. Decidí entonces cambiar de estudio y retomar lo simple, porque en el fondo la simpleza permite entender lo complejo”, dice  Aguayo.

 

En el blanco

El descubrimiento del Dr. Luis Aguayo y de su equipo vino cuando comenzaron a estudiar profundamente al receptor de glicina, que cumple una función importante en diferentes regiones del cerebro y del sistema nervioso, como la médula espinal y el bulbo raquídeo. Este neurotransmisor controla en el organismo la actividad motora, la respiración y la frecuencia cardiaca.

“Comenzamos a estudiar pedacitos de la proteína de glicina. (…) Con esto pudimos descubrir cómo el alcohol afecta esta proteína, ¿y por qué queríamos entender eso? Porque si uno aprende cómo afecta el alcohol a la proteína puede eventualmente inhibir el efecto del etanol en la actividad nerviosa”, asegura.

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Bayron Martínez, director del SENDA en Biobío.

Durante la etapa experimental dieron en el blanco. El Dr. Aguayo aplicó al receptor de glicina bajas dosis de alcohol, el equivalente a un vaso de cerveza. Esto permitió descubrir que una vez que ingresaba el alcohol a la proteína, de inmediato, comenzaba a pasar más cloruro, un elemento iónico presente en la sangre y, como consecuencia, había una disminución de la actividad nerviosa. Por ende aparecían los ya clásicos efectos del consumo de alcohol.

“Se comienza a tener problemas motores. No se puede controlar el movimiento y a medida que aumenta la concentración de alcohol aparecen los problemas respiratorios, que pueden acabar en una falla respiratoria y en la muerte del individuo”, señala el académico.

 

Un fármaco, la cura

La investigación del académico de la UdeC y de su equipo, integrado actualmente por los Dres. Benjamín Forstera y Braulio Muñoz: el biólogo Rodrigo Viveros y la estudiante de doctorado Scarlet Gallegos, tuvo repercusiones tanto en Chile como en el extranjero y además puso el nombre de Concepción en el mundo.

“El receptor de glicina es un potencial blanco oficial para desarrollar nuevos fármacos. Eso en gran parte se debe a que nosotros iniciamos este trabajo y encontramos, hasta ahora, la proteína más sensible al etanol”, dice el Dr. Aguayo.

La nueva etapa que enfrenta el Dr. Aguayo, junto a su equipo, es la de poder controlar el apetito del alcohol, que  sienten especialmente las personas adictas, porque “si se es capaz de neutralizar ese efecto en el receptor de glicina, lo que estaríamos haciendo es sacar el placer que la persona siente al beber”, especifica el Dr. Aguayo.

Para lograr ese objetivo ya cuentan con el apoyo del National Institute of Health (NIH), donde el académico penquista realizó sus estudios postdoctorales. La institución decidió aportar con un millonario monto de dinero, para que a futuro se pueda generar un fármaco que combata esta enfermedad.

 

Intoxicados

De lograr crear un fármaco se disminuirían los casos por adicción, que en Chile afectan especialmente a la población infanto-juvenil. Se estima que la precocidad viene disminuyendo sistemáticamente desde 2005 y que la edad promedio de iniciación en el consumo de alcohol comienza cerca de los 12 años.

“Los preadolescentes y jóvenes son los más vulnerables con respecto a ese consumo. Hay un promedio extendido que dice que entre los 11 y 13 años comienzan a beber”, señala Bayron Martínez, director del SENDA.

El alcohol sigue siendo la droga más usada en Chile y también una de las más mortales. En el Servicio Médico Legal (SML), cada año, ingresan entre 25 a 30 personas fallecidas a causa de intoxicación etílica. Eso quiere decir que sus niveles son mayores a 4,5 g/l de alcohol en sangre. La causa de muerte es la hipoxia o el paro cardiorrespiratorio. La gran mayoría de esta población no supera los 30 años de edad.

La químico-farmacéutico del SML, Mariela Valenzuela, recuerda especialmente un caso de este tipo que le tocó ver: “Hace algunos años recibimos un caso de un joven de 28 años, quien falleció intoxicado con altos niveles de alcohol y que además hizo consumo conjunto con drogas, puntualmente cocaína. Lo que ocurrió con él fue que los efectos de excitación y de estimulación de la cocaína enmascararon los signos y síntomas de la ingesta alcohólica, lo que hizo que este joven siguiera bebiendo y bebiendo hasta ingerir una cantidad tal que finalmente le causó la muerte”, cuenta

Las alcoholemias y análisis toxicológicos que se realizan en los laboratorios del SML dan cuenta de que la intoxicación alcohólica no es una realidad inexistente, sino al contrario.

“Lo más frecuente son los casos de intoxicación alcohólica de personas en situación de calle, que tienen habitualidad en la ingesta; y que en el periodo invernal toman alcohol con el fin de superar los fríos y enajenarse del entorno en el que viven”, agrega Mariela Valenzuela.

 

Resguardos

Es importante que aquella persona que vive un episodio de embriaguez tome conciencia del problema y aplique resguardos.

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Mariela Valenzuela, quómico farmacéutico del Servicio Médico Legal en Concepción.

La OMS, por ejemplo, recomienda beber de forma moderada (1 a 2 copas), y no todos los días. Además, acompañar siempre la ingesta de alcohol con un vaso o copa de agua, porque el cuerpo tiende a deshidratarse. Desde el SENDA se suman a estas recomendaciones y llaman a no normalizar el tema de beber alcohol.

“Preocúpese si prefiere beber en vez de ir al trabajo, colegio o universidad. No es normal y eso podría arruinar su vida (…) Me ha tocado ver a viejos amigos, profesionales exitosos, que lamentablemente han perdido todo por el alcohol y hoy tienen que estar rehabilitándose en una casa de integración social del SENDA”, cuenta Bayron Martínez.

El daño que genera el alcohol es irreversible, y a diferencia de otras sustancias adictivas, es un importante tóxico celular que produce variadas alteraciones en el organismo.

“Causa un efecto neurodegenerativo a largo plazo en el cerebro, interfiriendo en las capacidades intelectuales y motoras del individuo”, advierte Mariela Valenzuela desde el SML.

Especialmente los más jóvenes sufren estas devastadores consecuencias, porque está comprobado científicamente que el cerebro se termina por desarrollar recién pasado los 20 años de edad.

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