La caída de abusadores sexuales con poder y dinero

Escrito por Revista Nos en noviembre de 2017
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María Angélica Blanco Periodista y escritora.

Una avalancha de acusaciones de conocidas actrices contra algunos de los hombres más ricos y poderosos del mundo del cine en Estados Unidos ha tenido un importante efecto dominó. Tras las imputaciones de violación atribuidas al comediante Bill Cosby, se desató un escándalo mayúsculo cuando el adinerado e influyente productor Harvey Weinstein fue denunciado por un puñado de divas por acoso e intentos de abuso sexual en el inicio de sus carreras. “Si lo oculté tantos años fue por temor a ser despedida de los estudios. Yo era demasiado joven e inexperta y el tipo se creía omnipotente”, confesó Reese Witherspoon, quien saltó a la fama en Legalmente Rubia.

Tras los muchos cargos levantados contra Weinstein, principalmente en redes sociales a través del hashtag #MeToo, otros connotados personajes, ganadores de Óscares y mundialmente conocidos, fueron alcanzados por esta pléyade de vengadoras y vengadores del despotismo que ejercían actores ricos y poderosos.

Gran impacto y revuelo entre sus fans causó que por medio de #MeToo, también se conocieran denuncias en contra del glamoroso Kevin Spacey, protagonista de House of Cards, una serie emblemática en la que Spacey encarna a un político que gracias  a su manipulación y oscuros manejos en la Casa Blanca, logra acceder a vicepresidente y Presidente de la nación.

El incidente provocó no sólo el cese de la serie por un año y el despido de Spacey de la cadena Netflix . Acorralado, el actor  declaró  ser abiertamente gay y evadió los cargos aludiendo no recordar absolutamente ninguna situación que lo comprometiera.

Según psiquiatras y sicólogos, el poder y el dinero son detonantes para el cultivo de personalidades narcisistas, en las que los sujetos ejercen su sexualidad mediante el dominio, la sumisión y el placer egoísta, meramente sensorial y sin  afecto ninguno hacia la otra persona.

En una de sus columnas, el destacado periodista Abraham Santibáñez escribió: “Me preocupa que tal vez estemos a punto a vivir esta ola de denuncias y escándalos en nuestro país. Durante mis años de ejercicio, supe de entrevistados -generalmente políticos u hombres poderosos- que se insinuaban con más o menos sutileza a las periodistas. Nunca se hizo ni se dijo nada, pues es fundamental la voluntad de las afectadas el exponer estas situaciones”.

Estoy seguro -añadió- “que muchas víctimas chilenas estarían dispuestas a revelar las condenables insinuaciones sufridas. La vergüenza no es de ellas, sino de quienes mostraron conductas inapropiadas”. ¿Y si las chilenas hablaran? Así tituló Santibáñez su columna. “Podríamos ser testigos de asombrosas sorpresas”, concluyó.

Estoy plenamente de acuerdo. ¡Cuánto barro caería sobre hombres poderosos y adinerados si las chilenas hablaran!

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