El mundo de los regalos, el mundo de los significados de valor

Escrito por Revista Nos en diciembre de 2017
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Francisco Flores Ingeniero Comercial por la Universidad de Concepción y Magíster en Comportamiento del Consumidor por la Universidad Adolfo Ibáñez.

Acabamos de pasar la Navidad, una de las épocas más maravillosas del año, con la que vivimos el proceso de la compra de regalos, que generan deudas y estrés, situaciones muy alejadas del verdadero sentido de esta celebración. Y es que a veces se olvida el significado de la Navidad y, también, el de regalar.

Comprar regalos es un medio que busca demostrar afecto y entregar felicidad a alguien, quien con su agradecimiento o sonrisa retribuye lo recibido.

Regalar no significa necesariamente comprar, pero recurrimos al mercado dada la gran cantidad de oferta y rendimientos a escala que implica adquirir un producto para el regalado, versus lo que representaría fabricarlo nosotros mismos, ahí subyace en esencia el marketing.

Los invito a que recuerden los regalos recibidos más preciados. ¿Qué vino a su mente? Si lo analizan, seguro éste posee un valor que trasciende su precio, implicando emociones, remembranzas y una multiplicidad de factores que transportan en el tiempo. Porque ahí radica el sentido de regalar: en entregar significados de valor que sorprenderán a quien lo recibe, y que atesorará por mucho tiempo.

Un regalo es una manifestación de cariño, amor o afecto a alguien, donde el producto es sólo una coartada en el relato. Puede ser una costosa joya, una flor, un libro primera edición o una estrella certificada (http://www.globalstarregistry.com/es), lo importante es lo que significa para quien lo recibe, quien retribuye a quien regala. En este acto hay un intercambio infinito de significados entre ambas partes, una representación del marketing en su esencia más pura.

La invitación es a desmaterializar el significado del regalar, que por cierto no condena el comprar, pero sí necesita la mirada de la lógica simbólica que está detrás del acto como señal de afecto y valores. Entendiendo esto, podemos concluir que los regalos poseen tres dimensiones: un rol vinculante como actividad y práctica social, otro como portadores de significado de valor, sentido e identidad y, por último, la diferenciación social para quien recibe, pero sobre todo para quien regala, quien se manifiesta y distingue mediante este rito ancestral.

El consumo es un espacio donde la sociedad expresa parte de su cultura y en ese contexto los regalos poseen sitiales. Así, regalar flores implica códigos establecidos según sea el color de ésta. y regalar chocolates, un protocolo, pues tras su  recepción se abre y ofrece el primero a quien regala. En Francia, regalar un perfume a mujeres casada es mal visto; en Libia, regalar animales domésticos es de mala suerte o en países occidentales ofrecer presentes de alto costo a autoridades corporativas o políticas implica códigos de probidad y declaraciones formales. Recuerde siempre que la cultura se come a la estrategia y sus objetivos, y que en el espacio de los regalos esta máxima también se cumple.

Categoría: Columnas