2016, un año para homenajear a Shakespeare

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María Angélica Blanco Periodista y escritora.

De niña, mi padre me leía trozos de Hamlet y de Romeo y Julieta antes de dormir. Así, alimentó mi pasión por la buena literatura. Recuerdo haber soñado muchas veces que yo era Julieta que, apoyada en el balcón de mi casa de Verona, esperaba el mágico instante en que Romeo trepara por primera vez para recitar sus inmortales versos: “¿Pero, qué luz es la que asoma por allí? ¿El sol que sale ya por los balcones de oriente? ¡Sal, hermoso sol, y mata de envidia con tus rayos a la luna que está pálida y ojeriza! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!”

Investida cual princesa renacentista, yo respondía: “¿Eres tú, Romeo? ¡Reniega de tu madre y de tu padre y dejaré de llamarme Capuleto!”

A comienzos de enero, en Inglaterra y en 143 países del mundo, incluido Chile, comenzó la conmemoración de los 400 años de la muerte de William Shakespeare, uno de los autores más colosales del milenio. Bajo el título de Shakespeare lives se montarán todo el año sus principales dramas, se dictarán talleres, seminarios y habrá montajes y aplicaciones en Internet orientadas a los niños.

Es indudable que las grandes tragedias del más célebre de los autores británicos hacen eco de los conflictos y ambigüedades morales, políticas, religiosas y pasionales que residen en el alma de los seres humanos. No es casual que los personajes que las protagonizan, rompiendo las barreras del tiempo, se hayan convertido en arquetipos y retratos psicológicos tan magistralmente logrados que tienen plena vigencia hasta nuestros días.

Los límites entre el bien y el mal, lo lícito y lo ilícito, y los sentimientos como envida, celos, ansias de poder, avaricia, tiranía y angustia existencial son temas de laberíntica complejidad abordados en Otelo, Macbeth, Hamlet, Julio César o El rey Lear.

Grandes personajes se han aferrado a famosas citas shakespereanas como voluntarioso acto de resistencia. Es el caso de Napoleón, Ghandi, Mandela y Leopoldo López, líder de la oposición venezolana, quienes, estando encarcelados, hicieron suyas las palabras que pronuncia Julio César: “Los cobardes mueren muchas veces antes de su muerte”. En un mundo infinitamente devastado, mutilado por guerras, terrorismo, fanatismo religioso de extrema crueldad, migraciones, muerte y destrucción vale la pena recordar una cita de Lady Macbeth: “El amor es el manjar más sublime que se sirve en la mesa de la vida”.

En los sueños que inspiraron a Shakespeare tantas noches de verano siempre se privilegió el tema del amor. Tal vez, este 2016 sea un muy buen momento para releerlo, reencontrarse con el amor y revertir la vorágine de odio que recorre el planeta.

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