La luz del soberbio Sollipulli

Una aventura por uno de los paisajes más bellos del sur de Chile nos llevó hacia el sorprendente fenómeno geológico escondido en la cumbre de este complejo montañoso: un glaciar que se encuentra en la caldera de un volcán y que sólo los más afortunados logran conocer.

 

Por Ximena Perone.

 
6“Ni en la más oscura de las soledades podría siquiera imaginar un lugar con tanta luz como Sollipulli”…En esta nueva ruta iniciamos la exploración de un territorio sumido en la bella geografía de los Andes de La Araucanía. Entre coigües y canelos comienza la aventura de desafiar a la montaña. Senderos tupidos, aromas leñosos y húmedos guían los pasos hacia una de las explosiones volcánicas más sorprendentes en la historia de la Tierra.
A 91 kilómetros de Temuco, cercano a la localidad de Melipeuco, se encuentra el lodge Nevados de Sollipulli, nuestro “campamento base”. Junto a la quieta laguna Carilafquén, comienzan los preparativos para un trekking que durará cuatro horas.
Apenas iniciada la caminata, una angosta huella nos conduce a una imponente cascada de 25 metros de altura. Allí los chilcos abundan, los oídos disfrutan del picoteo de los pájaros carpinteros, del canto del chucao y los rostros se refrescan con el rocío que brota del cristalino salto.
Aquí se siente la presencia del bosque de nothofagus, antiguo, abundante y con grandes ejemplares de lengas, raulíes y robles. Es uno de los ecosistemas mejor preservados y, cómo no, si está inserto dentro de una de las áreas silvestres protegidas más antiguas de Chile. La Reserva Nacional Villarrica fue declarada como tal en 1914, pero hasta hace un par de años estuvo dormida. Hoy comienza a ser redescubierta y a conmover con su potente paisaje.
El ascenso continúa. Al paso salen los primeros calafates o michay, fruto característico de estos escenarios húmedos. Si bien los hay de varios colores y tamaños, todos son igualmente atractivos. Son arbustos de no más de tres metros de altura, con hojas abundantes y fuertes espinas lisas y brillantes que tratan de frenar la tentación de tomar su dulce y azul baya.
El verde en todas sus expresiones y tintes va quedando atrás, y la huella del sendero se abre cada vez más. La temperatura aumenta y los sentidos están más ávidos del estimulante entorno. De pronto aparece en frente el volcán Llaima. Desde un mirador natural se puede apreciar el cordón montañoso, del cual brota y destaca por su forma puntiaguda (dos conos y altura de 3.125 msnm), uno de los volcanes más voluminosos y activos del país.
Aunque el inicio de su actividad es incierto para los geólogos, el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), estipula que la secuencia más antigua muestra los efectos erosivos de la última glaciación. Este hecho sugiere que los productos primigenios se habrían generado con posterioridad a la penúltima glaciación, es decir, tendrían una edad máxima de 250 mil años.
La suave fumarola del LLaima observada a lo lejos, acompaña el trayecto montaña arriba. La composición del suelo se siente distinta, es más agreste, más volcánica, es el anuncio hacia la internación en un milenario y notable espectáculo. La superficie es perfecta para que broten enormes araucarias, siempre verdes, con una altura que puede llegar hasta los 50 metros.
Esta especie, endémica de Chile y Argentina, se desarrolla actualmente en zonas muy restringidas. Así lo reconoce también la investigación que por años ha desarrollado la bióloga chilena, especializada en temas de botánica y ecología, Adriana Hoffman. En su libro Flora silvestre de Chile, describe a la Araucaria Araucana como un ejemplar que vive en terrenos rocosos, arenosos y con buen drenaje (comúnmente de origen volcánico), en alturas donde la nieve permanece en el suelo durante largas temporadas y en lugares de bajas temperaturas.
Es un árbol que llena el ojo y que por siglos ha entregado a los pehuenche, el piñón o pehuén, místico fruto que ha acompañado a este pueblo a través de su existencia, constituyéndose en su base alimenticia y, también, en un importante motivo espiritual.

 

El último aliento

Hasta aquí, el recorrido ha sido intenso. El paso por dos escenarios cautivantes se transforma en la puerta de entrada hacia el soberbio Sollipulli. Primero fueron los senderos, luego el bosque de araucarias, ahora es el turno de las formaciones rocosas, del color de los minerales, del escarpado macizo.
La cumbre está allí. Los Nevados de Sollipulli se plantan frente a nuestros ojos en un momento en el que se respira hondo, donde la contemplación se vuelve un fetiche. A 2.200 metros de altura se puede observar prácticamente todo el cordón montañoso de la región: los volcanes Callaqui, Tolhuaca, Lonquimay, Llaima, Sierra Nevada, Villarrica, Quetrupillán y Lanín. Sólo se oye el viento y las respiraciones agitadas. A lo lejos, un joven cóndor nos da la bienvenida.
Inmediatamente surgen las preguntas ¿Cómo se creó tal escenario? ¿Qué fenómeno pudo provocar la formación de un glaciar de 12 kilómetros cuadrados justo en la caldera del Sollipulli?
3El glaciar tiene una profundidad de 650 metros en su parte más profunda, que correspondería al centro. Esta medición fue realizada por la universidad británica de Bristol, superando los pronósticos más avezados de los científicos. Además, la medición reflejó que la profundidad promedio del glaciar es cercana a los 200 metros.
El geólogo y vulcanólogo de Sernageomín, Hugo Moreno, manifiesta que, en rigor geológico, “el Sollipulli no es más o menos potente que otro centro volcánico, pero lo peculiar es que es un estratovolcán caldera, con un glaciar en su interior, similar al que se encuentra en el volcán Hudson, en los Andes del Sur. En la zona, existen otros volcanes como el Villarrica y Mocho-Choshuenco que también han pasado por la etapa de caldera, pero que han continuado con su actividad, edificándose conos volcánicos encima”. Precisamente es ésa una de las razones por la que el Sollipulli pasa inadvertido como volcán, pues le falta la construcción de un cono en su interior.
Según Moreno, la formación del glaciar se debe al colapso que provocó el desplome del cono hacia su interior, debido al vaciamiento de la cámara magmática, una gran olla que contiene el incandescente fluido. “Por ello la magnitud de la superficie del glaciar, que se presume sería un remanente de la última glaciación. El hielo en su interior podría ser el resultado de la acumulación nival por miles de años”, explica.
Desde el punto más alto del volcán se ven pequeñas lagunas color esmeralda que complementan este escenario de destrucción y desolación, pero no por ello menos magnético. La penúltima erupción registrada tuvo lugar hace 2.900 años, y fue a través del cráter Alpehue, de un kilómetro de diámetro. Se presume que fue una erupción de tipo explosiva, esto quiere decir que desarrolla columnas eruptivas, gases y partículas sólidas que pueden alcanzar decenas de kilómetros de altura. Fue tal la explosión, que la columna de tefra habría alcanzado los 44 kilómetros de altura, eyectando 7.5 km3 de pómez y 0.4 km3 de flujos piroclásticos. Debido a los vientos, las pómez en suspensión fueron dispersadas hacia el noreste, cubriendo toda la cuenca del lago Aluminé, Icalma, Pino Hachado y la ciudad de Zapala, en Argentina. La última erupción ocurrió hace 766 años, en el 1240 de la Era Cristiana. El libro Volcanes de Chile, de González Ferrán, establece que este reciente evento demuestra que es un centro volcánico absolutamente activo y, en consecuencia, podría ocurrir una erupción en cualquier momento.
4La erupción del cráter Alpehue es comparable a muchos volcanes prehistóricos, pero en Chile sólo se registra una erupción histórica similar en cuanto a la altura de la columna: el 10 de abril de 1932, el volcán Quizapu, ubicado en la provincia de Talca, inició una de las más violentas erupciones registradas en este siglo. Su columna alcanzó poco menos de 30 kilómetros y la pómez cubrió un tercio de Sudamérica (más de dos millones de kilómetros cuadrados), desde Río de Janeiro hasta Bahía Blanca, llegando incluso hasta algunas zonas de Sudáfrica.
Imaginar cómo pudo haber sido la primera erupción explosiva del volcán Sollipulli fácilmente puede dar para uno de los documentales más impactantes. Si el paisaje en esta zona andina fue modificado radicalmente, qué pasaría hoy si despertara de este largo sueño de más de setecientos años. Según el geólogo Hugo Moreno, una nueva actividad eruptiva causaría una destrucción equivalente a la provocada por el volcán Vesubio, en Italia, aquel 24 de agosto del 79 d.C en la que quedaron sepultadas las míticas ciudades de Pompeya y Herculano.

 

Caminando en la caldera

Estando en el rocoso borde del glaciar es imposible no sentir el irresistible deseo de bajar y caminar por él, conquistarlo, llegar a un lugar donde quizás nadie ha estado. Al menos la soledad y el respeto que este enorme desierto blanco hace sentir, dan para pensarlo. Al consultar a nuestro guía del lodge sobre la posibilidad de recorrer la masa de hielo, éste responde con un liviano “por supuesto”, que nos hace dudar de su seriedad. Sin embargo, ésta queda demostrada al decir que nos debemos poner los grampones y atarnos a una cuerda para hacerlo. El único peligro de caminar sobre él son las engañadoras grietas que el glaciar a veces esconde, pero que la experiencia y pericia de un guía profesional pueden mitigar con notable eficiencia.
Y aquí estamos, caminando por éste, lo más cercano a los paisajes antárticos que he visto fuera de ella. Sin exagerar, hay un momento en que la noción de que nos encontramos en La Araucanía se desvanece con el fuerte viento imperante en la gélida superficie. Caminamos hacia el suroeste, en búsqueda del cráter Alpehue, aquel que hace 2.900 años condujo los eventos más teatrales de la ira volcánica. Pero además de este suceso, este lugar es importante porque es ahí donde el río homónimo nace y corre hacia el oeste, confluyendo con los ríos Melipeuco y Truful Truful.
Entre el glaciar y su encuentro fluvial, el Alpehue se divide, dando vida a otro elemental cauce, el Quepude, en el cual se encuentra otra de las maravillas del hasta hace poco olvidado Sollipulli: un campo geotérmico o, en simples términos, cientos de fumarolas que brotan desde las laderas del volcán. Pronto lo veremos convertido en un cerrado y alto cañón por el cual corre el río.
AraucariasSúbitamente a nuestra derecha se abre una vista no esperada. La pared rocosa que rodea al glaciar en casi toda su extensión desaparece para mostrar al gran Llaima en un marco como hecho a propósito. Más adelante el suave y extenso plateau se torna más oscuro y disparejo. Nos damos cuenta que esa oscuridad no es más que las cenizas que un día flotaron en el aire y que quedaron depositadas en las enormes grietas. Las aberturas, que ya creíamos una exageración de nuestro guía, no lo eran. El verlas nos saca de la perplejidad y nos recuerda nuevamente que estamos caminando sobre un glaciar, que se encuentra en la caldera de un volcán y que por muy calmo que parezca, está activo. Así es como comenzamos nuestro regreso al lodge, en el campamento base.
En la montaña todo se siente diferente. Las estrellas son más luminosas, el viento tatúa los rostros, el tiempo pasa más lento y la vida a la que estamos acostumbrados se olvida completamente por unos minutos. Es el encuentro entre el hombre y la montaña, una suerte de rito y la comunión entre la roca y el alma, representada en la inolvidable simpleza y luminosidad de los Nevados de Sollipulli.
 
 
Logde Nevados de Sollipulli
Llegar hasta el campamento nos asegura vivir una experiencia única en uno de los paisajes más potentes del mundo. En el lodge Nevados de Sollipulli, atendido por sus propios dueños y amantes de la montaña, se han preocupado de cada detalle. A un costado de la laguna Carilafquén, es el lugar perfecto para la contemplación, el descanso y la aventura. Aquí, guías expertos esperan al visitante que puede acceder a sus instalaciones durante todo el año. La nieve en La Araucanía está presente incluso hasta septiembre y octubre, lo cual hace aún más agradable el trekking por los hermosos parajes descritos.
COMEDORPara llegar el viajero debe tomar la ruta S61 Temuco-Cunco-Melipeuco. Desde Melipeuco seguir por la ruta internacional y en el desvío a Flor del Valle, en el kilómetro 15, tomar el desvío a mano derecha. Siguiendo esta ruta, claramente indicada por los letreros de madera del lodge, llegará a su destino.
En invierno podrá practicar actividades como el randonee cross country, esquí fuera de pista, raquetas de nieve o excursiones en moto de nieve.
En temporada estival podrá disfrutar de canyoning por el río Queupude, paseos en moto, trekking, dormir en el cráter del volcán Sollipulli y emprender la inolvidable aventura de cruzar el glaciar.
La fotografía natural  y la pesca deportiva también son actividades a las que se puede optar. Para mayor información puede ingresar a www.sollipulli.cl

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES