40 horas y salud laboral: más que una reducción de jornada

Solange Quilodrán Videla Directora de Formación Continua Facultad de Psicología Universidad del Desarrollo.

Durante los últimos meses ha vuelto a estar entre los temas de importancia para el país, el proyecto de reducción de la jornada laboral, con dos alternativas de ley: reducir la jornada a 40 horas y, la otra, un trabajo 4×3 días, es decir, trabajar cuatro y descansar tres días. Chile es hoy el sexto país con mayor jornada laboral entre los miembros de la OCDE (Boletín OCDE, febrero 2022) y reconocemos que esto afecta la salud mental.

Hemos avanzado en materia de riesgos psicosociales y calidad de vida, aun así, Chile ha ido al alza en el porcentaje de enfermedades profesionales en el ámbito de la salud mental, acentuándose esto por la pandemia.

Solo las licencias médicas por trastornos mentales representaron el 28,7% del total el 2020, sumándose enfermedades osteomusculares en un 17,4 % (SUSESO,2020), lo que puede ser, en parte, manifestación psicosomática del estrés por el teletrabajo. La realidad de la salud mental en Chile, prepandemia y acentuada post pandemia, nos invita a aceptar la reducción de la jornada laboral -reconocida como extensa- como algo positivo. Aunque también tenemos detractores que apelan a que mostramos como país los índices de productividad más bajos entre los miembros de la OCDE; cifras que, en tanto, muestran que países con mayores horas de trabajo tienden a ser los de menor productividad.

Se suman a esto las nuevas exigencias del contexto actual que nos demanda celeridad para impulsar la transformación digital e innovar en modelos de trabajo y de gestión que permitan a las organizaciones anticiparse a los escenarios de cambios complejos. Algo que también presiona, angustia y estresa a los trabajadores/ as que deben adaptarse a ellos en un ritmo cada vez más exigente.

No tenemos el mismo escenario de cuando se propusieron las 40 horas laborales. Por ello, más que analizar desde la polarización de opiniones -entre quienes aprueban o desaprueban la reducción de jornada-, debemos ver esto como una oportunidad de iniciar un proceso de cambio cultural y estructural, es decir, un cambio multinivel, donde se aborde esta realidad de forma sistémica e integralmente.

La reducción de la jornada, en busca de una mejor calidad de vida y salud mental nos exige mejores condiciones laborales y rediseñar las formas de trabajo, donde se cuente con estructuras más planas y modelos de agilidad o de teletrabajo.

Muchas organizaciones fueron constatando que por medio del teletrabajo o con reuniones en línea, se logra mayor eficiencia en la dinámica de conversación y en el uso de los tiempos al disminuir traslados que, para muchos, significaban hasta tres horas de su jornada.

En Chile ya existen organizaciones que redujeron su jornada, incluso pasando a modelos mixtos, con días presenciales y de teletrabajo. Pero esta no es una realidad generalizada, ni una buena medida por sí sola. Tenemos estudios que muestran que la doble presencia y el agotamiento en teletrabajo es alto y mayor en mujeres trabajadoras y con hijos pequeños. (CircularHR, mayo 2020).

El derecho a la desconexión digital debe ser parte de lo que abordemos. Por otra parte, buscar mayor eficiencia en 40 horas no solo se trata de implementar nuevas prácticas, como declarar una gestión organizacional colaborativa que rompe los tradicionales silos, o incorporar plataformas innovadoras o métodos de agilidad, esperando que por sí solos traigan buenos resultados. Es necesario crear cultura, desarrollar nuevas competencias, contar con líderes transformadores que pongan a las personas al centro, como parte activa de un proceso de cambio, donde cada trabajador y trabajadora se sienta protagonista y reconocido/ a en su aporte, incluso proponiendo ellos iniciativas de calidad de vida laboral. Así, estas inciden en su bienestar y en salud mental, con mayor compromiso y productividad. Reducir la jornada laboral nos debería llevar a un impacto positivo inmediato, porque se satisface una primera expectativa, pero para sostener una real salud mental, buenos climas y productividad se hace necesario gestionar este cambio desde sus múltiples niveles.

Sin embargo, también es esencial que se vayan recuperando los espacios de recreación, de esparcimiento, de convivencia en los territorios, para que cada trabajador y trabajadora pueda realmente disfrutar de estas nuevas horas junto a familia y amigos, al llegar a sus hogares o en la intimidad. La salud mental y calidad de vida es responsabilidad de todos quienes somos parte de este territorio, y que nos planteamos este propósito desde una corresponsabilidad, desarrollando el derecho a disfrutar la ciudad donde hacemos nuestras vidas.

 

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