A FAVOR DE LOS PERITOS FORENCES.

Llamado a constituirme en el primer Director de aquella naciente Escuela de Derecho en los albores de la última década del siglo XX, hice saber a las autoridades de la misma que una de las líneas prioritarias de mi trabajo fundador apuntaría a la inserción de la Criminología y Criminalística en la formación del abogado de aquellas aulas. Los más perdidos en la procesión del Derecho Contemporáneo me preguntaban y se preguntaban ¿Por qué? Hoy, camino a dos décadas de aquel entonces, nadie en nuestro país preguntaría ¿Por qué? Entonces ya venía la Reforma Procesal Penal, hoy ya una realidad.
Fuimos pioneros con la enorme satisfacción que ello implica, tanto así que los sinsabores fueron justamente “sin-sabores”, carentes de toda propiedad. Fundamos un Instituto de Criminología y una Revista de Derecho, Criminología y Ciencias Penales que, mientras estuvimos dirigiendo, funcionaron a la perfección.
Tener que explicar que la delincuencia y criminalidad es –como dice Ortega– un tema de nuestro tiempo. “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”, decía mi sabia abuela Magda, aliñando la frase con esos ojos bondadosos, entre azules y verdes, libres de todo egoísmo y maldad.
Para implementar la Nueva Justicia en Chile, las Facultades de Derecho, Escuelas y otras, sin duda que necesitan ajustar sus mallas curriculares ¿Qué sabe un abogado de Criminalística? ¿Cuánto sabe de Criminología? Entonces, cómo desempeñará su nueva tarea.
De allí que entre otros profesionales ad-hoc para el mejor tratamiento de la conducta desviada y antisocial se comprenda indispensable el rol de los expertos en Pericias Forenses, los Peritos Forenses. Hay que estudiar el crimen, criminal y criminalidad al son del siglo XXI y no sólo dando vuelta las exclusivas páginas de un Código o del Diario Oficial.
Un fiscal debe ser un experto en el tema y, aún no lo es, debiendo contar con un equipo interdisciplinario de expertos, que todavía no tiene en plenitud. Nadie duda de la formación jurídica general de magistrados, fiscales, defensores y abogados, pero sí constatamos su nula formación en estos temas de última generación, vitales en los sucesos y tramas criminogenéticos y criminodinámicos.
Los peritos forenses, con su malla curricular, se transforman en agente esenciales en favor de la seguridad jurídica. No merecen el tratamiento injusto que algún sector les ha dado. Por cierto, tienen la fuerza y la debilidad de lo nuevo en relación a la cobertura de empleo en esta época inicial ¿Y qué profesión puede decir que tiene pleno empleo? La pericia forense sí constituye “plena necesidad” en un mundo progresivamente violento, por demás agresivo.
Lo dijimos hace un cuarto de siglo y lo mantenemos ahora. Para enfrentar el crimen, al criminal y la criminalidad es necesario conocer y saber de aquellos fenómenos, entre los cuales está el tratamiento adecuado de la evidencia y pericia. No hay paz jurídica y social.
Ahí están observándonos para mejor resolver sabios peritos tale como Yang-Kiai y, Wang-Tsing-Fen, Paré, Galeno, Antistio, Gross, Purkinje, Bertillon, Vucetich. Ellos, y los hombres y mujeres de este oficio, hacen saber que las críticas hechas a estos profesionales de excelencia, que deben hacer de la precisión su primera norma de justicia, son extrañas, injustas y aviesas.
Prof. Dr. Marcelo L. Contreras Hauser.
Abogado, Master y Dr. en Derecho. D. y G. en Criminología y Seguridad Ciudadana.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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