A la obesidad se le ataca desde diferentes flancos

La obesidad es calificada como una enfermedad moderna, pues sería una consecuencia de los estilos de vida que ha incorporado progresivamente la población en el mundo, con dietas inadecuadas y reducidas, por el escaso tiempo que se destina a la alimentación y la limitada variedad de productos que a ellas se integran.

Así lo confirmó Eve Crowley, representante de la FAO en Chile y para América Latina y el Caribe, durante un seminario organizado por Junaeb y la USS. La especialista sostuvo que en los últimos 50 años se ha producido una “homogenización de la dieta de las personas”, que se caracteriza por el consumo de una cantidad similar y además reducida de alimentos.

Esta razón sería uno de los factores que podría explicar por qué hoy en Chile tres de cada cuatro personas tiene sobrepeso, cifra que lo ubica entre los países con más altos índices de obesidad en América Latina y el Caribe. Y si a eso se suma el sedentarismo, donde nuestro país ostenta una de las más altas prevalencias de la región, el panorama se vuelve aún más oscuro.

La obesidad se ha triplicado durante los últimos 40 años sin hacer diferencias entre países desarrollados o en vías de desarrollo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, ya en el año 2016, más de 41 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo tenían sobrepeso o eran obesos. Ellos seguirían con esa tendencia en la edad adulta y, por lo tanto, tendrían más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las patologías cardiovasculares.

Una de las principales conclusiones del seminario de Junaeb y la USS fue que para ir previniendo esta obesidad “temprana”, los programas de alimentación escolar de cada país debían adaptarse a su contexto nutricional y a la actividad física requerida. Pero también hicieron un llamado a que la industria alimentaria asumiera un papel fundamental en la apuesta por reducir los índices de sobrepeso en los niños. ¿De qué manera? Minimizando el contenido de grasa, azúcar y sal de los alimentos; asegurando que las opciones saludables y nutritivas fueran asequibles para todos, y apoyando las mejores prácticas alimentarias y la actividad física en sus entornos y áreas de influencia. Sin embargo, concluyeron que un solo hábito o factor no es responsable del sobrepeso y de la obesidad, por lo que la lucha en contra de esta enfermedad moderna se gana con una combinación de variables que comprenden la genética, la nutrición, el entorno sociocultural e, incluso, el estado psicológico de una persona.

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