¿A quién recurrimos cuando nos afecta un problema?

Dr. Vicente Aliste Araneda. Psiquiatra. Jefe Unidad Salud Mental y Psiquiatría, Hospital Las Higueras.

Recordemos cuando de niños nos enterábamos de una nota deficiente o éramos enviados a la inspectoría. Seguramente rememoraremos que ahí estaba uno de nuestros padres para abrazarnos, consolarnos o corregirnos. Pensemos cuando en nuestros trabajos pasamos por un mal momento. Seguramente nos acordaremos de que buscamos a esa compañera o compañero con quien tenemos una mejor relación para conversar. Pensemos también cuando pasamos por una crisis familiar, y acudimos a ese hermano, primo, tía o tío al que consideramos de confianza y con capacidad de escucharnos.

La importancia de la relación de las personas con su entorno (padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo y vecinos) y su rol protector y acompañante fue estudiado, entre otros, por el psiquiatra John Bowlby. Durante el siglo pasado, planteó su teoría del apego, donde expone, demuestra y valida que existe una necesidad humana universal de vínculos afectivos que se desarrollan en la infancia, los que constituyen la base de la estabilidad emocional adulta, de la capacidad de relacionarnos con personas significativas con las que construimos relaciones, pero que, además, pasan a constituir un valioso apoyo en períodos de crisis.

Así entonces, en una situación de inestabilidad o crisis, al igual que un trapecista que asegura su vida al realizar su acto, acudimos a nuestras figuras cercanas: aquellas que tienen un significado social (comunidad o compañeros de trabajo), una vinculación emocional (familia o amigos) o un rol específico (terapeutas), buscando que nuestra fragilidad transitoria sea contenida, sintiendo una protección, apoyo y entendimiento, tal cual lo hace la red del trapecista que evita su caída.

Estos grupos, llamados redes de apoyo, corresponden al conjunto de recursos con que cuenta un individuo para enfrentar y superar una crisis (un duelo, un estado de cesantía, un quiebre de pareja, una crisis familiar o una condición de salud compleja).

En psicología social se definen dos tipos de redes. Están las naturales o espontáneas, donde se encuentra la familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, de fe o de creencia religiosa o espiritual. Y también, las sociales organizadas, que son las agrupaciones de usuarios, familiares o de pacientes, las redes de salud mental públicas o privadas, las organizaciones de voluntariado, y las organizaciones internas de empresas para apoyar a sus trabajadores.

Ambos tipos tienen ventajas y complicaciones. Las primeras actúan de manera inmediata y espontánea y, en su gran mayoría, son incondicionales y de mucha confianza. Sin embargo, son improvisadas, no siempre son coordinadas o interrelacionadas, y dependen de la cercanía de sus miembros y del tipo de relación emocional de base entre las personas.

Por otro lado, las redes de apoyo social organizadas son sólidas, con experiencia, tienen disponibilidad inmediata, pero su problema es que son escasas y, generalmente, percibidas como impersonales o artificiales.

Las redes de apoyo social organizadas se exteriorizan y validan en EE.UU. durante la década de los años 40, a partir de la experiencia de grupos de alcohólicos anónimos. Desde ahí evolucionaron, conformando grupos de apoyo para problemáticas de salud mental relacionadas con el consumo de sustancias, para luego sentar la base de agrupaciones de usuarios, pacientes y/o de familiares de pacientes.

A fines de la década de los 60, los grupos de apoyo comenzaron a reconocerse como agentes terapéuticos relevantes. Esto coincide con el surgimiento del modelo de psiquiatría comunitaria, que hace énfasis en la rehabilitación e integración de las personas con problemáticas de salud mental en sus propias comunidades, evitando la excesiva hospitalización, para lo cual, las redes de apoyo naturales, pero en particular, las sociales organizadas, pasan a tener un rol esencial.

Lo anterior adquiere más sentido si consideramos que el buen resultado de un tratamiento de salud mental depende en una pequeña medida de los medicamentos, en una mayor proporción de los agentes terapéuticos (psicólogos y/o psiquiatras), pero mayormente de las figuras cercanas a la persona en crisis o con problemática de salud mental. Son ellas las que acompañarán, asistirán, cuidarán y empoderarán a su ser querido.

Finalmente, tal como seguramente intuye, todos nosotros, en nuestras familias, en nuestro barrio, en nuestra comunidad organizada o en nuestro trabajo formamos parte de alguna red de apoyo. Por lo tanto, si detecta a alguna persona afectada, si alguien cercano le pide ayuda o si, simplemente, esa persona le pide ser escuchada, recuerde el valor que esta le otorgará a su capacidad de escucha y contención, y la validación que hace de usted como parte de su red de apoyo.

Su presencia, su escucha, su contención y su orientación serán claves para que esta persona logre resolver la crisis que la afecta. No dude en apoyarla.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

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