Ahogamiento Infantil: Cómo prevenirlo

En Chile, la asfixia por inmersión es la primera causa de muerte en niños de entre uno y cuatro años, y es causante de múltiples secuelas neurológicas en quienes sobreviven. El Dr. Raúl Barría nos aconseja cómo prevenir estos accidentes, y qué hacer en caso de que ocurran.

La seguridad en el agua es fundamental a cualquier edad, pero es especialmente importante en los primeros años de vida, periodo en que los niños necesitan de la constante supervisión de un adulto, pues es cuando mayor riesgo corren de ahogarse. Esto se explicaría por la innata curiosidad de los niños, que los lleva a descubrir tempranamente lo divertido que resulta este elemento, que brilla, salpica y hace flotar sus juguetes.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud -que considera la asfixia por inmersión como la cuarta causa de muerte en el mundo- de las 350 mil personas que fallecen cada año por esta razón, al menos la mitad está bajo los 20 años.

Dr. Raúl Barría.
Dr. Raúl Barría.

En Chile, en tanto, anualmente se producen cerca de 340 muertes por ahogamiento, de las cuales un 15% corresponde a menores de 15 años. “Desgraciadamente, en nuestro país constituye la primera causa de muerte por accidente entre niños de uno a cuatro años, y es la razón de múltiples secuelas neurológicas en muchos de quienes sobreviven”, informa el pediatra, reumatólogo e inmunólogo infantil, Dr. Raúl Barría.

El médico agrega que la mayor parte de los ahogamientos se presenta en piscinas privadas. “Al menos el 60 por ciento de estos accidentes ocurre en las casas, y en un 70 por ciento de ellos, los niños estaban bajo la supervisión de un adulto”, sostiene.

Es por este motivo que los pediatras alertan de la necesidad de vigilar a los menores en todo momento mientras estén en el agua, o jugando cerca de ella, pues los más pequeños carecen de las habilidades necesarias para responder en caso de caer accidentalmente.

“Tampoco hay que perder de vista que, si bien la mayor cantidad de casos de asfixia por inmersión ocurre en verano, estos accidentes suceden a lo largo de todo el año. En el caso de lactantes, los ahogamientos se dan en bañeras o tinas, y en niños un poquito mayores, por tiestos o cualquier recipiente que se deja con agua. No olvidemos que solo bastan 5 a 10 centímetros de agua para que un menor se pueda ahogar”, advierte el especialista, destacando que en su mayoría se trata de eventos absolutamente prevenibles.

Minutos clave

La OMS define el ahogamiento como “el proceso de sufrir dificultades respiratorias como consecuencia de la sumersión o la inmersión en un líquido”. En este sentido, al caer una persona al agua, lo primero que hará es escupir o tragar voluntariamente el agua ingresada. Luego, tratará de contener la respiración, lo que no podrá mantener por mucho tiempo. Es entonces que se ve forzado a respirar, generando que el agua ingrese en las vías respiratorias.

“Si esta situación se mantiene es probable que el niño pierda el conocimiento, pues el cerebro deja de recibir sangre, que es la que lleva el oxígeno (…) A diferencia de otros órganos, que son capaces de regenerarse rápidamente, si no llega sangre oxigenada a una parte del cerebro durante un tiempo determinado, esa área muere. Eso es lo que genera daños neurológicos, que pueden ir desde trastornos cognitivos hasta un estado vegetativo”, explica el Dr. Barría.

De hecho, por cada niño que muere por esta causa, cuatro se hospitalizan, y de ellos, al menos uno queda con secuelas neurológicas a largo plazo. Es por ello que, en casos de ahogamiento, cada segundo es decisivo. De eso dan cuenta estudios que afirman que hasta medio minuto bajo el agua puede ocasionar secuelas neurológicas, aunque la premisa más aceptada es que los primeros tres minutos son clave para evitar que estas sean permanentes.

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