Al borde del abismo: hasta los thrillers hoy abrazan la bandera de los indignados

Hay que reconocer que la cartelera de películas no partió mal este año. Claro, usted puede optar por ritos más tradicionales, como ver a las favorecidas por la última premiación de los Oscar (como Hugo y la controvertida -en cuanto sus méritos reales- The artist); el placer de disfrutar de El Padrino en la gran pantalla remasterizado y con tecnología surround o darse un baño existencial con El libro de la vida, que le valió una nueva nominación a Brad Pitt.
Sin embargo, esta vez optamos por una apuesta más simple: un título nuevo, de intenciones menos grandilocuentes en lo artístico, pero que, sin embargo, cumpla con el objetivo de ofrecer entretención pura y dura de comienzo a fin (como dirían los españoles: buen cine palomitero). Y afortunadamente, eso es lo que, a lo largo de sus 102 minutos de duración, consigue el excelente thriller Al borde del abismo.
Dirigida por el debutante Asger Leth, Al borde del abismo relata la historia de Nick Cassidy (Sam Worthington), un ex policía que va a la cárcel por un robo que, asegura, no cometió. Devenido en convicto prófugo, un día ingresa a un hotel de Manhattan, sube a la azotea, se para en la cornisa, y amenaza con lanzarse al vacío. Obviamente, el show se arma en segundos: se moviliza la policía de New York, la agente Lydia Mercer es designada para negociar con él (la guapa Elizabeth Banks), y tanto la prensa como los transeúntes toman primera fila para darse un festín. Sin embargo, todos ignoran que, a pocas cuadras de allí, de forma paralela se lleva a cabo el robo de diamantes más grande jamás realizado.
Lo cierto es que Al borde del abismo es de esas películas que rápidamente logran seducir al espectador promedio, en base a buenas escenas de acción, gran producción audiovisual (que no escatima en panorámicas aéreas de Manhattan, tomas vertiginosas, y muchos, muchos policías), más una buena dosis de adrenalina que crece de forma progresiva conforme avanza la historia. En este sentido, el guión, simple pero efectivo, maneja muy bien la tensión al fijar la acción desde dos escenarios paralelos: el de la azotea, con Cassidy, la agente Mercer y las masas; y el del robo a la bóveda secreta de un corrupto millonario inmobiliario (Ed Harris), a cargo de otra pareja que hace click: Jamie Bell (Billy Elliot) y la sensual Génesis Rodríguez.
Es por ello que Al borde del abismo funciona: sabe combinar todos los elementos clásicos propios de un thriller de suspenso y acción, (con momentos que hacen recordar películas semejantes como Phone Booth y Oceans Eleven, el remake), junto a una gran dosis de humor y un contexto que retrata al Estados Unidos post crisis inmobiliaria, donde las masas se identifican con un tipo que parece agobiado por la corrupción del sistema imperante. Todo, sin perder en ningún minuto sus intenciones y estructura de cine pop corn. Una buena alternativa en cartelera, por cierto mejor que El coleccionista de huesos y Plan de vuelo, a la altura de Máxima Velocidad, aunque jamás tan buena como una de Michael Mann.

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