Alejandro Trejo: “La reconstrucción es urgente, y si la cultura debe esperar, tendrá que esperar”

Aunque lleva más de tres décadas dedicadas a la actuación, no fue sino hacia comienzos del 2000 que su nombre adquirió notoriedad, gracias a su participación en películas como “Taxi para tres” y teleseries como “Machos”. Respetado hace rato en el ambiente actoral chileno, hoy su agenda se reparte entre proyectos para el cine, el teatro y la televisión, donde actualmente destaca por su rol de abogado en la serie “Los archivos del Cardenal”. Respecto de las críticas que esta serie ha despertado en algunos políticos, su visión es clara: “la propuesta cultural de la derecha sobre la época de Pinochet está ausente. Es por eso que se enojan”.


Son las 23 horas de un frío viernes de agosto. Estamos en el Teatro Mori, ubicado en el barrio Bellavista, donde Alejandro Trejo (56) y los integrantes de la compañía “País Triste” (nacida en 2008) acaban de finalizar una función de la obra “Llegar”. El público aplaude con entusiasmo cada una de las salidas del elenco, confirmando las buenas críticas que el montaje ha despertado desde su instalación.
Escrita por el joven dramaturgo y director Ronald Heim, “Llegar” habla sobre un padre que regresa para reencontrarse con sus hijos, a quienes abandonó en1990, bajo el pretexto de irse por un rato “de vacaciones” al norte. Un rato que se prolongaría por veinte años. En el trasfondo, este padre -interpretado por Alejandro Trejo- es un ser de pasado activista y opositor a la dictadura militar, al que le decepciona y extravía profundamente la paz de consenso que se vive tras el retorno a la democracia.
“Es un tipo que despotrica, que no tiene filtro, que tiene heridas sicológicas, políticas, físicas -dice en un minuto que lo torturaron- entonces no mide sus palabras. Es un tipo que habla mucho, que dice barbaridades, dice verdades, dice estupideces, dice de todo. Tiene esa cosa irónica y de reírse de su propio discurso en el que tanto creyó”, cuenta Trejo respecto de su personaje.
“Llegar” nace como continuación de “Parir”, obra estrenada por el mismo equipo (conformado por egresados de la Universidad Mayor) hace dos años. En ambos trabajos, los personajes son los mismos: la hija menor (María José Andrade) ahora está en la universidad y quiere ser profesora de liceo fiscal; el hijo (Felipe Fariña), que estudiaba teatro y soñaba con interpretar a Hamlet, ahora reparte volantes para una clínica odontológica, disfrazado de ratón. La hija mayor (Dominique Muñoz), en tanto, está embarazada de su jefe en el call center donde trabaja.
Respecto de la posibilidad de viajar a regiones con estos montajes, Trejo adelanta que la compañía está en conversaciones para participar junto a “Parir” y Llegar” en un festival en Panguipulli, en octubre.
-Fuiste invitado por esta compañía para formar parte de esta obra ¿Hubo algo en especial que te llamó la atención?
-Yo había visto el trabajo “Parir” y me gustó. Me pareció interesante que un grupo joven, que egresó hace poco de teatro, tenga una mezcla de propuestas; porque si bien es un texto bastante dinámico, actual, contingente, la vuelta a una pureza en el teatro me resulta interesante. Sin efectos, sin pirotecnia escénica, sino que son obras de actores en un escenario, una vuelta al teatro de texto y al teatro puro. Hacía tiempo que no me enfrentaba a este tipo de teatro, y acepté la invitación, más aún pensando que era una especie de secuela de una obra anterior; la idea en un momento es hacer las dos obras juntas, para completar el cuadro. Me gustó también la metodología de trabajo, en que tienen claro lo que quieren decir, pero no saben cómo la van a resolver; tienen un punto de partida que es el encuentro de estos tres hijos con un padre que los abandonó, y de ahí viene una serie de tentativas en el escenario, sobre todo en cuanto a dramaturgia. La obra estuvo hasta el final sufriendo cambios, y esa dinámica me resultó interesante también.
-¿Te había tocado un rol similar antes en tu carrera?
-Hace un tiempo, por el 98, me tocó hacer una obra de Jorge Díaz que se llamaba “Nadie es profeta en su espejo”, y que trataba de un travesti que tenía un pasado político importante durante los 60. El tipo vivía su homosexualidad oculta en toda esa época de efervescencia política durante los mil días de Allende, y cuando llega el golpe y todo el periodo militar se prostituye como travesti, y tiene un encuentro con un tipo que trabajaba políticamente para la Concertación y que era su compañero de armas en la época. Se topan: él como cliente y él como prostituta. Y en esa obra hay cruces interesantes. Es totalmente distinta, es otra cosa, es extremarlo (el tema del desencanto durante la transición). Pero yo creo que siempre, cuando se profundiza en heridas sociales o políticas de un país, llegas al mismo punto de salida o de partida, independiente del autor de la obra.

“Si la derecha tiene otra versión de la historia reciente, que la haga”

La historia que liga a Alejandro Trejo con la actuación se inició en 1979, cuando ingresó a estudiar a la Esuela de Teatro Moneda, dirigida por Pury Durante. Con los años su carrera lograría un desarrollo ascendente, iniciándose en el teatro callejero y cosechando hitos como “Historias de un galpón abandonado” (de Ramón Griffero), “El coordinador” y “Un dulce aire canalla” (de Benjamín Galemiri), entre muchos otros montajes. También protagonizó “Macbeth” bajo la dirección del inglés Ian Wooldrich, y de forma paralela desarrolló un importante trabajo como director. En tanto, sus papeles en teleseries de éxito como “Machos” y “Brujas” le han ganado el reconocimiento del gran público y la masividad.
Hoy, la agenda de Trejo se sigue repartiendo por varios frentes: en la televisión, pronto se le verá en “Vida después de la vida”, una nueva serie de Canal 13 que mostrará cómo funciona el interior de un hospital público. “Será al estilo de la serie ‘E.R’, pero con aroma a pescado frito y ensalada chilena”, adelanta el actor, que encarnará al jefe de un equipo de enfermeros.
Desde el ámbito cinematográfico, en tanto, por estos días es parte del rodaje de “Circo”, la nueva película de Orlando Lübbert que significa su reencuentro con el director de “Taxi para tres”, película que ganó el Festival de San Sebastián (de clase A) en 2001, y por la que recibió el premio al “Mejor Actor” en el Festival de Cine de Manila. Y en teatro, tampoco se descarta un regreso, “para la primavera” de la exitosa comedia negra “Feas: ¿quién quiere ser Gloria Munchmeyer?”
Pero, sin duda, es el rol del abogado de la Vicaría de la Solidaridad, Carlos Pedregal, en la serie “Los archivos del Cardenal”, el que más tiene por estos días en la palestra al intérprete de Fidel Elías, en la reciente serie “Martin Rivas”. Concebida como una serie unitaria de 12 capítulos, la trama de este proyecto se basa en hechos reales, ligados a las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el régimen militar entre los años 73 y 80. El proyecto, dirigido por Nicolás Acuña y creado por Josefina Fernández, desde antes de su estreno despertó controversia, al ser financiado con fondos del CNTV, organismo que la aprobó con fallo dividido. Este hecho originó severos cuestionamientos y críticas por parte de los parlamentarios Carlos Larraín y Alberto Cardemil.
-Hablemos de tu rol por estos días en “Los archivos del Cardenal”. Entiendo que este personaje está inspirado en José Manuel Parada (Caso Degollados).
-Sí, de alguna forma, sí. Yo creo que está inspirado en toda la gente, en todos los abogados, porque en la Vicaría de la Solidaridad trabajó mucha gente. Abogados, asistentes sociales, sociólogos, en fin.Yo creo que el personaje, en el fondo, evoca ése espíritu.
-¿Y él sufrirá el mismo destino trágico de Manuel Parada?
-…No sólo él, muchos otros. Pero la serie tiene eso, está inspirada en hechos reales. Cada personaje evoca, el jefe de la policía política, por ejemplo, evoca a todos los que trabajaron y manejaron a la DINA y después a la CNI, como Gordon, Corvalán, y todos estos nefastos personajes sintetizados en el personaje que hace Mateo Iribarren. Eso se maneja de esa manera: ahora, los casos que se enfrentan son reales. Porque esto es una serie, no un documental, entonces, como serie de ficción del género político-policial tienes que manejarla como guionista, y tienes que crear situaciones, tomar otras que son verdaderas y enmarcarlas en un contexto del guión, en una trama que vaya cautivando la atención de la audiencia. La serie se toma licencias, tiene un código policial y sus propias reglas, al margen que se base en hechos reales.
-En el tema del género, se ha dicho que “Los archivos…” se basó un poco en otras series como “La ley y el orden”…
-También, claro, hay algunos elementos de eso, pero ésta es mejor, tiene un tratamiento cinematográfico mucho mejor: el tratamiento de la fotografía, de la cámara, del arte, de las actuaciones, del guión. Es una serie que transita por los personajes y por lo que internamente les está pasando. En realidad el esfuerzo de todo el resto del equipo es tremendo. Uno es un actor que pone la cara, le pone cierto grado de credibilidad a lo que está haciendo, pero el trabajo que hay detrás de una serie como “Los archivos del Cardenal” en cuanto a sus departamentos de arte, de producción, fotografía, es, me atrevería a decir, quinientas veces mayor que el nuestro, titánico. Y es un trabajo anónimo. Se demoraron dos años en la preproducción, dos años para filmar cuatro meses.
-Para el equipo, sobre todo para los actores y el director, puede haber dos formas de encarar un trabajo de este tipo: una es desde la piel, desde una postura o experiencia personal; la otra es lo contrario, buscar una separación respecto al proyecto, en aras de lograr una cierta objetividad ¿Cuál opción tomaron ustedes?
-La serie tiene un punto de vista, eso está claro, que nace desde la gente de la Vicaría, que era opositora al régimen. Acá no hay un punto de vista neutro. O sea, de partida el director de la serie (Nicolás Acuña) fue alumno del Latinoamericano y tenía doce años cuando mataron a José Manuel Parada y él miró por la ventana y vio cuando lo metieron al auto y se lo llevaron, y nunca más lo vio, cachai. Entonces no puedes pedirle a ese muchacho, veinticinco años después que no tenga eso metido en el ADN. Lo tiene y él imprime su sello. Es que si no se convierte en un híbrido, en una cosa que no es ni chicha ni limoná. Tienes que definirte, si no mejor haces un documental.
-En cuanto a la recreación de época de los personajes, comentarios de la prensa han señalado que el lenguaje en la serie es solapado respecto a la contingencia que alude, a la forma implícita en que se refieren a Pinochet, por ejemplo ¿Compartes esta opinión? 
-No, si se menciona, se dice “viejo tal por cual”, tal cual como se hablaba, los personajes de la serie reaccionan orgánica y visceralmente contra lo que está ocurriendo en el país. Los que tienen que reaccionar, porque no olvidemos que también la serie muestra una parte de la derecha, que es la familia de Vicuña, y otra parte que es la izquierda más radical, donde está el pololo de mi hija. Entonces tienes que mostrar esas realidades, y cómo se hablaba, los términos que se usaban, cómo te referías al tipo cuando aparecía en la tele hablando. Y si en el capítulo el personaje está en una situación dada, emocional, tiene que reaccionar orgánicamente. Nadie va a venir a decirte: `oye no digas eso, porque en realidad nos pueden venir a censurar… en el canal`. La serie se aprobó por el Consejo Nacional de Televisión tal cual estaba escrita, y todos esos improperios y esos insultos estaban en los guiones. Para ganarte estos fondos concursables del CNTV pasas por 20 mil filtros antes que te den la plata, así que hay mucha gente que leyó estos guiones, gente de derecha, gente de centro, todo el variopinto jurado que evalúa y todos aprobaron (ríe).
-En una entrevista, Benjamín Vicuña señaló que “no existen los buenos o los malos, simplemente se plantea una situación con un contexto histórico” ¿Compartes esa afirmación?
-Se muestra no más. Es que no puedes decir si alguien es bueno o malo; le muestras la serie a alguien, y esa persona decide si lo que está viendo es bueno o malo o de los personajes que está viendo, cuál es el bueno y cuál es el malo.
-Pero puede existir una moral “ontológica”, por así decirlo: discernir que objetivamente es un acto aberrante sacar los cadáveres que estaban escondidos en un horno para lanzarlos al mar…
-Pero ellos decían que lo hacían por la Patria. Entonces, si hay alguien que comparte esa ideología o esa manera de pensar va a decir “que bien que lo hicieron, porque eran unos cerdos comunistas y había que hacer eso con ellos”. Para esa persona está bien. Para otra va a estar mal. Hay gente que va a la Iglesia, a misa los domingo, y se pega en el pecho y era partícipe de todo lo que se hacía en el Gobierno Militar. O sea, sin ir más lejos, Pinochet iba a misa todos los domingo, y los directores de la policía política también. Jugaban con sus nietos esos días, eso se ve un poco en la serie, el agente que llega a su casa y ve a su niño durmiendo, y él tiene una relación fluida con su familia, su hijo lo ama, lo quiere. Y cuando termina su jornada de trabajo después de torturar, de flagelar gente, llega a su casa, juega con su hijo y hace su vida. Eso es tremendamente interesante; en el trabajo previo de filmación de la película mucha gente en la Vicaría nos decía que a pesar de todo el horror con el que tenían que vivir la vida continuaba, y se seguían enamorando, haciendo fiestas, y celebrando y queriéndose, y separándose, y volviéndose a casar, y teniendo hijos. Y eso también es válido para los torturadores, y todos los que violaron los derechos humanos en este país. La vida sigue adelante, y eso es lo que lo hace más terrible, porque sale de la cosa del malo y del bueno. Hay una suerte de concientización, una cosa muy rara ahí, que uno podrá encontrar en los nazis, no sé.
-Y en cualquier ideología totalitaria, ¿no? donde en un momento llegues a un nivel en que la ideología te haga disociar ciertos valores…
-Claro. Y sin medir, teniendo el poder absoluto en un momento y sin saber que en algún minuto lo iban a perder y que todo les iba a reventar en la cara, y por eso se asustan todos, y se asusta la Derecha con que den esta serie, y se espantan los civiles que trabajaron con el Gobierno Militar y salen con cosas como: ”oye, otra vez restregándonos el pasado en la cara, hasta cuando”. Aquí lo interesante es darte cuenta de que no hay una propuesta cultural de la derecha sobre la época de Pinochet. Es por eso que se enojan, porque se dan cuenta que ellos no tienen cómo hacer algo así. Porque si tuvieran una versión de cómo fue nuestra historia reciente, si ellos quieren mostrar que el Gobierno Militar salvó a la Patria, qué se yo, del cáncer marxista y todo aquello, y glorificar y ensalzar los logros de ese Gobierno y del general Pinochet… ya pues, háganlo. Hagan la serie, escriban los guiones, postulen a los fondos, llamen a los actores. Pero no lo hacen, por la pobreza cultural de la derecha… ¿Cuál es la oferta? ¿Cuál es el legado? ¿Los Huasos Quincheros? ¿La Paty Maldonado cacareando en Sábados Gigantes? Por eso te pregunto. El otro día, un colega tuyo en una radio me contaba que una chica le había escrito vía web que le encantaba la radio, sus entrevistas, pero que, eso sí, siempre ponía “música de izquierda”. Y él le preguntaba -y ¿cuál es la música de izquierda? -No sé, pones Violeta Parra, Víctor Jara. Y eso no es música de izquierda, es música chilena. Pero es interesante la reflexión que hace esa persona que le escribe, porque tú podrías preguntarle “ya, entonces qué te gustaría escuchar de la música de derecha”… no tendría respuesta.
-Mmm ¿Lucho Jara? (risas)
-No sé po, no sé si será eso. Pero yo te hablo del legado concreto. No hay legado, porque a mí Mario Vargas Llosa me encanta, ahí tienes un tremendo legado, un intelectual liberal de Derecha del Perú. Y también está Borges. Aquí, no hay ni uno, por eso se enojan. En el fondo la derecha se siente tan desvalida en ese terreno, en el legado cultural hacia el país, y ve que sale no sólo ésta, sino que muchas propuestas culturales más –películas, obras de teatro- se da cuenta que lo que le duele no es que salga, sino que, en el fondo, sus hijos y sus nietos les van a mirar a la cara y les van decir “abuelito, y cuando tú trabajabas en el régimen militar, y pasaban todas estas cosas ¿tú mirabas para el lado? Y ahí está (da unas palmas hacia la mesa), ése es el gran dolor que tienen frente estas cosas.

“Cruz Coke está haciendo su labor”

-Cómo evalúas la gestión que tu colega, el actor Luciano Cruz Coke, ha hecho el Consejo de la Cultura hasta ahora?
-Yo creo que la gestión se está haciendo, Cruz-Coke está bien.
-Algunos colegas suyos reclaman que “no ha hecho nada por los actores”…
-Cultura no tiene porqué hacer nada por los actores… los fondos están, hay que concursar hay que saber hacerlo. Lo que pasa también es que este Gobierno empezó con un terremoto y muchos fondos se recortaron, entonces también eso es un poco maniatar el asunto, pero los fondos siguen ahí, se siguen haciendo proyectos. Cruz-Coke es un hombre inteligente, un hombre astuto, viene de los escenarios, entonces no tengo nada que decir sobre él, está haciendo su labor y sinceramente te diría que es el que mejor lo hace dentro del staff de Gobierno, y no es porque sea actor, ni colega ni nada por el estilo. Es un tipo serio, que cuando tuvimos el paro de los actores con la televisión (referido a pagos a los actores por retransmisiones de series y otros contenidos) fue a mediar un poco con los canales, sin tomar partido, claro -por su calidad de miembro del Consejo- pero fue a mediar y ayudar a tomar acuerdo. Bueno, respecto a los resultados todavía están los abogados discutiendo.
-¿Compartes, entonces, que la mayor parte de los fondos se haya destinado a la reconstrucción del patrimonio cultural en lugar de que se generen nuevas iniciativas de fomento a la creación, a teatros, o a subvencionar espectáculos?  
-Me parece bien que se reconstruya el patrimonio arquitectónico chileno que quedó dañado. O sea, ya vendrán tiempos mejores pa` lo otro, pero si tienes un terremoto y un cataclismo como el que tuvimos, hay que tomar las medidas urgentes. Yo no sé por qué no les hacen casas a la gente en Dichato, todavía no me cabe en la cabeza que las tengan viviendo ahí. No entiendo. Pero claro, frente a un cataclismo como el que tuvimos, cualquier sociedad, incluso la más desarrollada, hasta los gringos, se quedarían de paté. Cuando entró el Katrina a New Orleans, los tipos se demoraron como cuatro días en llegar. Cualquier Gobierno, si hubiera estado la Concertación en el gobierno también habría sido un tremendo cacho, no sabe qué hacer (…) puedes criticar ciertas medidas, pero hay cosas que son urgentes como la reconstrucción, es cierto, y si la cultura debe esperar, tendrá que esperar, porque es mucho más urgente que la gente tenga agua, tenga casa, y tenga un mínimo de dignidad para vivir. Y eso es lo que no se está cumpliendo.

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