“Alerta Solar”: El retorno de la buena ciencia ficción

Confieso que cuando vi el afiche de “Alerta Solar” (“Sunshine”), mi reacción fue casi de menosprecio. La disposición de los personajes y, tras ellos, un sol agigantado, me hacía presagiar otra nueva papa frita catastrofista del tipo “Armageddon” o “Impacto Profundo” (ojo, me gusta el cine apocalíptico, pero bien hecho).


Sin embargo, al revisar los créditos, cambié muy rápidamente de idea: a cargo de la dirección estaba el talentoso Danny Boyle, en cuyos créditos figuran “Trainspotting” y la notable “Exterminio”, donde, al igual que en esta nueva entrega, contó con los servicios de Alex Garland para la escritura del guión.


Y bueno, Garland tenía frente a él un menudo desafío: lograr una buena historia a partir de un argumento muy poco probable desde la ciencia. Es el año 2057 y el sol se está apagando prematuramente, con el consiguiente peligro de extinción para toda la vida en la Tierra y el resto del Sistema Solar. La única esperanza radica en el éxito de la misión Ícaro II, una nave espacial con ocho tripulantes comandados por el capitán Kaneda (Hiroyuki Sanada). Su misión: transportar un dispositivo nuclear del tamaño de la isla de Manhattan, diseñado como una especie de pila cuyo impacto reactivaría al agónico astro.


Una de las primeras gratas sorpresas de esta película es el trabajo estético. La producción y los efectos especiales son bellísimos, rozando a ratos la poesía espacial que tenía ese referente ineludible que es “2001: Odisea en el espacio”, de Stanley Kubrick. “Alerta solar” también recrea algunos de los códigos clásicos del formato: la lucha de polaridades, en este caso la humanidad contra las fuerzas de la naturaleza, que lleva inevitablemente al problema teológico sobre la existencia de lo divino. En efecto, aunque la tecnología responde eficazmente a todos los requerimientos de la tripulación -incluso a necesidades psicológicas como la nostalgia o la claustrofobia-, nada de ello es suficiente: un solo error humano puede llevar a la civilización, y a cualquier vestigio de su existencia a su completa desaparición. Y el peligro surge justamente de un conflicto ético: en la “zona muerta”, donde ya no hay ninguna posibilidad de recuperar contacto con la Tierra, la tripulación recibe la señal de peligro de la Ícaro I, la primera versión de la misma misión, desaparecida siete años antes. La decisión de partir en su búsqueda genera terribles consecuencias, ya que un inesperado y catastrófico accidente pone en peligro toda la misión.


Argumentalmente, la trama se divide en dos partes muy reconocibles: una de un ritmo pausado, de pulso similar a los momentos interiores de la nave Discovery de “2001…”, y una segunda con un cambio de giro total. Surgen elementos del género terror y toda la secuencia final, donde una especie de Freddy Krueger persigue a los tripulantes sobrevivientes, se asemeja más bien a una pesadilla delirante (me imagino que trabajada intencionalmente así) producida por el término del oxigeno. Es aquí donde los personajes cambian de personalidad y todo recuerda a “Alien, el octavo pasajero”. Un detalle no menor, pero que puede quedar absolutamente perdonado si a esa altura usted ya está totalmente enganchado con el notable manejo de la tensión y la fotografía.


¿Las actuaciones? Buenas, aunque destaca especialmente la de Michelle Yeoh, como la tripulante apodada “Corazón”. Cillian Murphy termina acaparando protagonismo como el físico “Capa”, aunque sus guiños son algo reconocibles a su rol en “Exterminio”.


Recomendada totalmente, “Alerta Solar” es una película que se arriesga, que si bien arranca de forma correcta y conservadora, luego intenta sorprender con lo inaudito. Una digna seguidora del género ciencia ficción, que venía de capa caída, y que en los 90 tuvo sus referentes en propuestas tan diferentes como “Gattaca” y “Matrix”. Eso sí, véala en la gran pantalla del cine.
TEXTO: Nicolás Sánchez

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES