Alienación parental, lealtad que daña

Paulina Spaudo Valenzuela. Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil, Perito Forense Infanto-Juvenil y Terapeuta de Juego.

Cada vez es más frecuente recibir en consulta la petición de evaluar casos clínicos y/o jurídicos, donde se intenta comprender por qué un niño, niña o adolescente manifiesta rechazo parcial o absoluto para relacionarse con el padre o madre del que se encuentra separado, ya sea por un divorcio o por un distanciamiento entre sus progenitores.

Es observado que luego de quiebres de pareja tormentosos y conflictivos, donde uno de los adultos involucrados ha quedado dañado emocionalmente, se produce en los hijos una actitud y conducta de rechazo hacia quien decidió la separación.

Es así como niños, niñas y adolescentes, al ser entrevistados, reportan con absoluta convicción no querer o no desear ver o estar con aquel padre o madre con quien ya no viven.

Escucharlos referirse así sobre ese adulto, que es su progenitor, y ver en el comportamiento verbal y no verbal coherencia, decisión y absoluta convicción de lo planteado, nos lleva profesionalmente a revisar en detalle cómo, a través de qué circunstancias y en qué momentos pudieron ocurrir hechos tan aberrantes que dejaron a sus hijos en esa condición de rechazo hacia uno de sus padres.

Dentro de las frases referidas, seguramente más de un profesional de la salud mental ha escuchado decir: “No quiero ver a mi papá nunca más en mi vida, porque fue malo conmigo y con toda mi familia”; “Mi mamá nunca hizo nada bueno por nosotros”; “Mi papá es un maltratador” o “Mi mamá jamás se preocupó de mí, y no tiene sentido reunirme con ella”.

Si bien existen muchos casos en que estos acontecimientos efectivamente ocurrieron en la historia del niño, niña o adolescente, y como profesional de la Psicología se puede comprender la reacción por lo vivido, es en otros donde estas mismas frases no tienen justificación, pues los hechos no ocurrieron de la forma indicada, y así lo demuestran los antecedentes. Sin embargo, las actitudes, las conductas y los sentimientos manifestados por sus hijos reflejan otra cosa.

Surgen en las voces infantiles y adolescentes, palabras y relatos similares, o exactamente iguales, a los que seguramente escucharon del progenitor cuidador o de un familiar cercano, quienes, debido a sus propias experiencias adultas, no lograron separar ese rol de su daño emocional profundo no tratado, y expresaron estas ideas sin tener real conciencia del impacto psicológico que esos mensajes dejarán probablemente en la vida de sus hijos. Es en estos casos cuando deberíamos reflexionar junto a aquellos padres y madres sobre si existe claridad en ellos del impacto de los dichos emitidos. Si entienden que estos solo profundizan el dolor emocional que sus hijos ya vivieron por la separación, y que contribuyen a sumar rechazo hacia la figura de uno de los padres, distanciándose en ocasiones de por vida de ellos, por la convicción de que ese ser humano ya no es confiable y, además, es dañino.

La psicología denomina a este fenómeno Alineación Parental, que ocurre cuando uno de los padres intenta unirse con su hijo o hija en contra del otro progenitor, haciendo que el niño o niña, en su comprensión de apoyo incondicional al padre herido, genere una lealtad acérrima que impedirá y obstaculizará por largos años la comprensión objetiva de los hechos. De este modo podría alejar por siempre a esa persona que, probablemente, pudo errar su conducta en lo referente a ser pareja, pero que no tuvo la oportunidad para demostrar cómo era su desempeño parental. Cuidemos y revisemos los hechos, y apoyemos a los padres de niños, niñas y adolescentes a lograr la objetividad en los mensajes, protegiendo de paso la salud mental de nuestros hijos.

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