Andrés Wood: “Si Violeta Parra hubiese sido gringa, equivaldría a tres Bob Dylan”

A pocos días del estreno de Violeta se fue a los cielos, el director de Machuca y la Buena Vida se pone la camiseta de hincha al hablar de la mítica artista nacional, a quien no duda de calificar como “una genio”. Una pasión que se mezcla con algo de ansiedad, pues la exigencia de su nuevo proyecto implicó un gran nivel de producción e incluso licencias más poéticas al momento de filmar; recursos que, espera, logren satisfacer las grandes expectativas y prejuicios puestos en torno a su filme.


Andrés Wood es un director que no necesita mayores presentaciones, pues su obra ya se ganó un espacio en el imaginario colectivo nacional, gracias a una combinación de acusadas temáticas “criollas” y la narración lúdica y correcta de su dirección. Desde que en 1997 estrenara Historias de fútbol, este ingeniero comercial de la Universidad Católica ha construido una carrera de clásicos sucesivos como El Desquite, La Fiebre del Loco, Machuca (que fue presentada en la Quincena de los Realizadores de Cannes 2004 y peleó su nominación al Oscar a la película extranjera) y La buena vida (que obtuvo el Colón de Oro y el Goya a la Mejor Película Extranjera Hispanoamericana).
Hoy se apresta al estreno de su nuevo proyecto, Violeta se fue a los cielos, dedicado a entregar un retrato de la más célebre folklorista nacional (“no es una biografía”, ha insistido). Una idea que germinó hace tres años y que terminó siendo rodada en tres países (Chile, Francia y Argentina). Basada principalmente en el libro del mismo nombre de Ángel Parra Cereceda, hijo de la cantante, la película cuenta con un equipo ya afiatado en anteriores proyectos de Wood, conformado, entre otros, por Miguel Joan Littín en la dirección de fotografía y Rodrigo Bazaes en la Dirección de Arte (más un equipo de guionistas integrado por el propio Wood, Bazáes, Eliseo Altunaga y Guillermo Calderón). El elenco, por su parte, está compuesto por la actriz de teatro y televisión Francisca Gavilán en el rol protagónico, junto a Cristián Quevedo (Nicanor Parra padre), Thomas Durand (Gilbert Favre, última pareja de Violeta) y Luis Machín (como el periodista argentino que entrevistó a la artista, supuestamente en 1962, en Buenos Aires)
Wood sabe que las expectativas están a la altura, tanto en la calidad de la propuesta como en el éxito que pueda generar. Y aunque quedan pocos días para el estreno, fechado para el 11 de agosto con 20 copias distribuidas en las salas de las principales ciudades del país, aún hay muchos detalles que corregir. “Esta vez no pasamos previamente por Cannes, pues estamos terminando recién, incorporando la banda de sonido. Pero, principalmente terminando la imagen, pues es compleja esta película”, explica.
A pesar de los riesgos, Violeta se fue a los cielos cuenta con una sólida base de apoyo, tanto en lo financiero (a la fecha su presupuesto se estima en dos millones de dólares) como por sus socios. Es una coproducción chileno- argentina, y cuenta con asociados en Francia y Brasil. También recibió apoyo financiero de Minera Escondida y BHP Billiton. “La película seguramente será distribuida por Brasil, Argentina y buena parte de Latinoamérica. Probablemente también pasará por Francia y España, países todos en los que se distribuyó anteriormente La fiebre del loco”, comenta el director.
-¿Cómo se inició tu relación con Violeta Parra?
-Buen punto. No está en mi inconsciente infantil, pero sí en mi inconsciente de la adolescencia, de todas maneras. Creo que uno tiene una nebulosa en torno a ella, te gustan las canciones, y después, más grande me estremecieron las canciones, y eso me provocó una curiosidad tremenda.
-¿Qué te estremeció, exactamente de su música?
-No sé, yo no soy un melómano, pero escucho música de vez en cuando en el auto, y de repente… llorar con una canción. No me pasa nunca, hay algo, una conexión que de repente me da. No es simple Violeta Parra, incluso sus canciones más populares no son simples necesariamente. Entonces, entender lo que te pasó con una canción… bueno es una artista tremenda, y yo tuve la impresión como oyente que lo era.
-Leí que Francisca Gavilán debió tomar clases de guitarra, charango y cuatro venezolano, además de canto. Más encima es zurda y debió tocar como diestra ¿Por qué te decidiste por esta opción que es riesgosa, y no por simplemente incluir las canciones originales?
-Sabes que fue muy natural. Al principio quería alguien que pudiera interpretar a Violeta Parra, y dentro de eso estaba lo que se hace en general en estas películas, en que la cantante dobla, o a la original, o a una intérprete que cante muy bien. De hecho, en el casting en que se cantaba no era tan importante para mí; me era más importante que tuviera cierta noción musical. Después trabajamos con la Francisca en enero, y en abril-mayo empecé a barajar la idea de tener una voz de Violeta, pero no la igualita, sino una voz especial que pudiera interpretar a la Violeta. Porque las grabaciones son hechas hace muchos años, entonces era tener una alternativa de hacer otras cosas, y dar una versión un poquito más distinta a lo que uno tiene siempre de referente. Tenía dudas. Y ahí hicimos un casting de voces, donde la Francisca quiso participar. Y viéndola ahí, viendo las otras voces -había unas maravillosas, quizás más académicas, o voces más parecidas- hubo un encanto en ella, en su voz, que nos decidimos por ella.
-Y después ¿cómo fue esa espera, te preocupó la posibilidad de que no resultara esta asimilación del personaje?
-Sí, igual es cine esto. Yo estaba más preocupado de quién sería la actriz. O sea, para mí, si no tengo que verla tocando la guitarra, yo prescindo de eso. Esto es cine, la imitamos y vemos cómo sale. El asunto era que ella me transmitiera lo que yo pensaba o intuía que podía haber sido Violeta, que es lejos más difícil que manejar la guitarra o imitar que maneja la guitarra. De alguna manera, buscaba elegir a alguien en quien yo confiara, para no “insegurizarla”, porque a veces me pasa con los actores. Soy intuitivo.
De repente, cuando no estamos llegando, empiezo a dar instrucciones muy concretas; entonces, a la Violeta Parra no podía pasarle eso. Son relaciones que uno tiene con diferentes roles, actores. Yo tengo una idea que es difusa, pero sí sé lo que no es. Pero quiero que me sorprendan también, y eso quería con la Violeta, que me sorprendiera.
-Y por parte de Francisca, ¿qué fue lo que finalmente te dio la seguridad en ella?
-No, nunca tuve la seguridad. Fue una inconsciencia terrible…
-¿Cómo?
-Es que se trata de tener fe en algo. Hice un casting exhaustivo, lo miramos, decidimos. Pero a mí me ha pasado que he elegido gente en casting súper convencido, y después no me dan no más. Y en este caso, no podía suceder eso. Estábamos todos muy nerviosos, incluso ella, hasta el final, después de un año de preparación, hasta que dijimos ya, partimos, porque hay un momento en que hay que salvar esto. Yo creo que ella estuvo muy nerviosa al principio, y se sentía. Yo también. A veces son grandes secuencias en que el actor sufrió mucho, o que yo sufrí mucho. Pero (Francisca) nos dio mucha fe en ella siempre… es que hay actores, y sobre todo las mujeres en este país, que tú sabes que se van a entregar; que no están conscientes ni están pendientes, sólo se entregan al personaje, y eso es maravilloso. Y te dan su versión, y uno les cree, aunque no sea lo que tenías en la cabeza.
-La recreación de épocas es un tema atractivo dentro de la producción cinematográfica. Para Machuca utilizaste efectos especiales; Pablo Larraín, por su parte, prefirió filmar rincones del Santiago antiguo para “Tony Manero” ¿Cuál de las dos opciones usarás en Violeta…?
-Sí, a mí me gusta ocupar cualquier recurso en la medida que no se note y que no sea protagónico. Igual esta película, curiosamente, a diferencia de Machuca -donde hay un hincapié en el contexto, la época, la calle, los autos, la ropa y el peinado- ahora no es tanto. Uno podría hasta dudar cuándo ocurrió esto, porque es un retrato más íntimo en ese sentido. Pese a que para ella el contexto fue muy importante, no está puesto. O sea, vamos a Paris, y no es que la pongamos debajo de la Torre Eiffel, cachai. Buscamos ángulos y sectores que nos permitieran filmar (el Paris antiguo) y, obviamente, con tecnología digital sacas cosas, lo que no cuesta nada (…) En Chile, en el fondo es un rescate del Chile del cité, y de un Chile más importante aún que eso, de un Chile de la recopilación. Finalmente, un Chile más sencillo, más profundo, en ese sentido más sabio. Y dentro de eso está lo que se refiere a los viejos, a eso de la recopilación que hizo ella, que es maravilloso y que nosotros pusimos ahí en la película, y que está bien bonito.
-Se dice que la película va a divulgar cosas que quizás mucha gente no sabe ¿Podrías adelantarnos algunos detalles?
-A mí no me gusta empezar así tipo “oye, expuso en el Museo de Artes Decorativas del Louvre”. No. Aparte de eso, está su dimensión de artista, el trabajo que hizo, que tampoco la película es capaz de abarcarlo todo, pero sí insinúa. Un poco lo brillante que era, la elocuencia, la inteligencia. O sea Violeta Parra, claro, uno piensa “hizo estas canciones tan bonitas, increíbles”, pero tenía mil ideas: políticas, tenía ideas feministas, tenía ideas de empresaria, tenía ideas de todo. Fue la primera de muchas cosas la Violeta. Además es una genio. O sea, es una mujer que hoy sería de avanzada.
-Y como director, ¿qué decisiones tomaste para recrear esta faceta más desconocida de Violeta? ¿Qué elementos de su personalidad dejaste afuera? ¿Qué otros incluiste?
-Es que yo no trabajo así. Yo trabajo en el fondo, en el personaje, en el viaje del personaje, y después llegan los temas, después te está pidiendo algo la película. Pero sí, a mí me interesó intentar trabajar en su mundo interior mínimamente -porque es sólo una película- y de alguna manera también tratar de crear, lo que fue posterior, este imaginario que Guillermo (Calderón, uno de los guionistas) llama una recuperación, que también es una recreación yo siento. Es una mezcla de cosas, los guiones están siempre en proceso, lo que es terrible. Es raro, también hay momentos en que yo digo “ya, te paras acá, acá, y acá, y como está escrito lo filmamos”. Y en Violeta… hay cosas muy bonitas que se hicieron así (improvisando) y yo creo que eso es por el espíritu de la película. Pero, por mí ojalá llegáramos con todo preparado, todo ensayado, todo listo, y ¡disfrutemos! Pero uno siempre tiene que estar atento a lo que pasa ahí, son inmanejables todos los elementos de una película.
-Se sabe que te basaste, principalmente, en el libro de Ángel Parra para esta película ¿Conversaste también con otros familiares como su hermano Nicanor? ¿Qué te aportaron?
-Indirectamente. Estuve dos veces con Nicanor, pero hace años. Hablé con él, y hay cosas que se me quedaron y que están ahí, en la película. Y hablé también con otros hermanos, yo no conocí en persona a Roberto, lo vi, pero cuando hice El Desquite ya estaba muerto. Pero, curiosamente, yo siento que ésta es una película de la Violeta Parra, no del clan Parra, y de un imaginario que quizás hasta rompe los imaginarios “parranos” en algún sentido (…) Violeta para mi gusto es la cabeza de todo esto, pese a que Nicanor es como el papá de Violeta y quien la incita a seguir; la Violeta lo dice en algún momento, “sin Nicanor no hay Violeta”, y es verdad. El fue muy enfático, y yo creo que se dio cuenta rápidamente de la dimensión de ella.

“Cuando sentíamos esto como un documental salíamos arrancando”

Entre las muchas historias narradas por Ángel Parra en su libro Violeta se fue a los cielos, destaca un episodio sucedido durante una gira teatral junto a la compañía Estampas de América, que la cantautora realizó en los 50 por diversos pueblos mineros ubicados entre La Serena y Copiapó. Acompañada de familiares y su pareja de entonces, Luis Arce, en una ocasión la Semana Santa los sorprende justo en el fin de semana más productivo del mes. Violeta, renuente a acatar durante el duelo cristiano, decide, para salir del paso, reemplazar los sainetes por improvisación teatral. De la nada, crea una pieza dramática de un acto al que llama El azote de Dios. El método era simple: ella, como autora y personaje principal, decía el primer monólogo, donde entregaba la clave del argumento. A partir, de esto, se construía la réplica y así sucesivamente hasta el final.
El resultado fue un éxito, con lleno total desde el viernes al domingo de Resurrección en todos los pueblos que pasaron. “Los artistas y sus hijos comen todos los días, incluida la Semana Santa”, recordaría Ángel en su libro. Citando el texto: Al final de la presentación, justo en el momento en que van a cerrar las cortinas, el personaje que representa a Cristo, aún crucificado y con la cabeza inclinada, habla por primera vez invitando al público: “les recuerdo que mañana estaremos aquí mismo en funciones de matinée, vermouth y noche, muchas gracias”. Cierre de cortinas.
“Decidimos incluir ese incidente del Tofo en la película”, adelanta Andrés Wood. Es que, si hay un punto en que Wood ha hecho hincapié, es que su recreación de Violeta Parra escapará de los cánones típicos del formato “biopic (biographical motion picture). En ese sentido, lejos de ser lineal, Violeta se fue a los cielos se plantea como un viaje zigzagueante por capítulos escogidos de la vida de la célebre cantautora. Las locaciones son diversas, e incluyó, entre otros, los pueblos de Nirivilo, Curtiduría y Corinto (zona del Maule, Chile, donde se filmó la niñez), París (ciudad que la cantautora visitó en 1954 y 1961) y Buenos Aires. Y aunque el estilo del economista suele ser alejado de manierismos, esta vez sí tomará algunas licencias “poéticas”.“Tiene vocación estética esta película”, cuenta entusiasmado el director.
-El libro de Ángel transmite imágenes muy cinematográficas. Me imagino que todo ese material te ayudó mucho para la construcción de tu película…
-Sí, totalmente. Y no sólo eso, no sé si te has fijado en los otros libros, hay cosas más personales también. Pero es muy libre el libro de Ángel, y ése es el espíritu que queríamos en la película. Cuando nosotros sentíamos que esto estaba teniendo una esfera documental salíamos arrancando, y es por el libro. No queríamos saber exactamente donde nació Violeta Parra, ni siquiera por qué razones se murió. Tampoco es un trabajo periodístico para resolver el misterio de Violeta, por eso es una película que se mueve muy libremente de adelante para atrás y viceversa (saltos temporales en la narración).
-Esta película se rodó en tres países, por diversas localidades de Chile, tuviste que reconstruir una época ¿Es tu producción más cara a la fecha?
-Es más cara que Machuca, pero también todo está más caro. Pero ojo, que Machuca puede verse más grande, en manifestaciones, por la población que aparece, Machuca tiene un valor de producción más grande que ésta. Lo que pasa es que ésta es una locura porque nos movimos para todos lados
-Se te ha definido como una especie de “cronista del alma nacional”¿te acomoda esta definición?
-No, para nada. Lo encuentro grandioso, pero no.
-¿Y qué definición te acomoda más como cineasta? ¿Cómo preferirías que te recordaran?
-Está difícil…como ¡el mejor! No, broma. Me pasa que me siento aprendiendo, y siento que eso se nota en las películas, que no tengo miedo a moverme. Más que hacer una obra sólida, me muevo en cosas que me conmueven, y son los personajes los que me conmueven, y a través de ellos llego -quizás por incapacidad- a contextos y a temas que parece que fueran lo que me moviera.
-¿Sientes que el chileno históricamente ha sido un poco ingrato con Violeta?
-O sea, es como es Chile. Chile tiene lo peor y lo mejor en muchas circunstancias, y Violeta Parra es el reflejo de eso. Por un lado lo mejor es que ahora está insertada en el alma de los chilenos, no me preguntes cómo: por su obra, supongo, por su dolor, por todo lo que habló. Pero, a la vez, nos encargamos de ningunearla a cada rato, y yo creo que es por desconocimiento, por incultura (…) Yo he escuchado la estupidez de que hay gente que duda de la autoría de Violeta en algunas cosas. Pero ves su vida, ves su obra, y te das cuenta que para qué va a hacerlo. Hay gente totalmente demente en este país en ese sentido. Y si tú ves la película, ésta la va a dar a conocer más o va a crear una inquietud más por reconocerla en su profundidad.
-¿Habría sido diferente si hubiera sido argentina?¿Los rockeros le dedicarían más canciones, los jugadores se sabrían sus letras?
-Claro, o si esta mujer fuera gringa… o sea, Violeta Parra hace en Estados Unidos lo que hizo acá, y es tres Bob Dylan.
-A mucha gente que escucha a Violeta le llama la atención una cierta “bipolaridad” en sus letras y estados de ánimo. Por ejemplo, en Últimas composiciones de Violeta Parra, su último disco, hay dos canciones cumbres que ilustran esta situación, y que son radicalmente opuestas: “Gracias a la vida” y “Maldigo del alto cielo” ¿mostrarás esta personalidad en tu película?
-Ella tuvo un carácter muy fuerte, sin duda. Y difícil (…) Yo no soy médico y no me interesa meterme si tenía un problema sicológico, pero lo lindo de su arte es que es contradictorio. A mí me parece maravilloso, y habla de lo mejor de la vida y en una frase te cambia todo; en el Rin del angelito pareciera que cree en todo, y finalmente dice no, el alma se queda oscura.
-Se ha dicho que la fecha de estreno en agosto es un muy buen momento para que la película pueda ser la representante de Chile en los Oscar y Goya 2012 ¿te ilusiona este proyecto como para volver a postular al Oscar?
-Sí, obviamente vamos a participar, pero hay películas con grandes méritos. Post Mortem ha hecho una carrera afuera impresionante, y seguramente Violeta no va a ser, o no va a alcanzar a ser cuando sea la elección.
-¿Pero no crees que lo universal del tema pueda pesar lo suficiente para ganarse la postulación?
-Sí, más que el tema la película tiene fuerza, y yo espero que eso también sea apreciado afuera.
-¿Cuáles son tus aspiraciones personales con esta película?
-Que realmente ayude a ubicar a Violeta Parra, al menos entre nosotros, en el rango que debiera estar.

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