Anticoncepción por ley

Las nuevas normas de fertilidad entregadas por el Ministerio de Salud  una vez más ponen cara a cara a la política sanitaria del gobierno y a los sectores más conservadores del país.
La normativa permite que cualquier adolescente mayor de 14 años pueda recibir algún método anticonceptivo en los consultorios y centros de salud sin la autorización de sus padres.
Esta iniciativa pone énfasis en la entrega de información a través de consejerías para que los jóvenes conozcan las posibilidades de anticoncepción y decidan, de acuerdo a sus valores, cuál de ellas adoptarán.
 Este abanico de posibilidades abarca desde métodos naturales hasta la polémica píldora del día después, para las situaciones en que todos los otros usos hayan fallado. De paso, se amplían las facultades del sistema público de salud para entregar esta “pastilla”, que antes se limitaba sólo a los casos de violación.
La decisión ministerial dice sustentarse bajo el argumento de que el 40% de los embarazos que se producen en Chile al año no son deseados y en estadísticas que reflejan que el promedio de iniciación sexual de las jóvenes en el país está en los 17 años, aún cuando la mitad de ellas, ya comenzó a los 16.
Aunque el gobierno defiende la medida aduciendo que se trata de una norma que se adecua a la nueva realidad del país, la Iglesia la ha calificado como un golpe a la familia. Una respuesta lógica y consecuente con la doctrina católica.
Independiente de cual sea la posición que particularmente se tenga al respecto,  sí vale la pena preguntarse qué está pasando en esta sociedad donde una normativa sanitaria deja a los padres al margen de una decisión de tanta importancia.
El argumento es que la ley de delitos sexuales establece los 14 años como la edad en que un joven tiene discernimiento para tener sexo y que ante ello la política sanitaria debe ofrecer alternativas.
Si bien todas las posturas concuerdan que la educación sexual de los jóvenes es una tarea que primeramente compete a la familia, cabe preguntarse cómo se fortalecerá el vínculo nuclear si la influencia de los padres queda restringida hasta un cierto límite etario.
Sí, la realidad dice que nuestros adolescentes se inician cada vez más temprano en el ámbito sexual, pero también es cierto que los valores no se entregan  por decreto. Por eso ante los hechos consumados, los padres deberían tener una posición más activa en la educación y  formación de sus hijos, que no se limite sólo a un rol de meros proveedores, sino que puedan convertirse en los reales consejeros de sus hijos hasta que ellos responsablemente, y no una ley, lo decidan.

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