Apocalipsis y lógica de lo razonable

Enero y febrero del 2011 cerrarán el año de terremotos y tsunamis en nuestro maltratado Chile. El peor desastre de nuestra historia, teniendo presente el área geográfica directamente afectada. Debacle mayor que dejó huella en el temperamento, carácter y personalidad de los chilenos, configurando efectos psicosociales imposibles de negar. Así, la misma ciudad, la misma casa de familia ayer en buen estado hoy está destruida o gravemente afectada. El alma nacional fue varias veces impactada durante 2010, tal vez por ello los abrazos del recién iniciado 2011 fueron más apretados y largos que nunca, aún cuando las réplicas continúan a la fecha.
La persona que vivió el gran sismo del año pasado no pudo sino pensar que vivía aquel final apocalíptico, más todavía cuando sin poder mantenerse en pie escuchaba el subterráneo eco terrorífico del movimiento telúrico. Es que nuestra generación – metafóricamente hablando- no ha podido dejar atrás la bíblica expresión de “los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Espantosos jinetes que arrancan de la representación ancestral proveniente del árabe zeneti, que era el individuo de una tribu berberisca famosa por su destreza en la equitación. Recordemos que el Apocalipsis es el último libro canónico del Nuevo Testamento. Éste recoge las revelaciones hechas al apóstol San Juan durante su destierro a la isla de Patmos , referidas en su mayor parte a las catastróficas escenas del fin del mundo y que en su sexto capítulo habla de cuatro caballos: uno blanco, uno bermejo, uno negro y uno amarillo verdoso, con sus respectivos jinetes: el primero de ellos traduce la palabra de Dios entregada a los profetas en el Antiguo Testamento, y, los otros tres son: la guerra, el hambre y las pestes o enfermedades en significado a plagas de humanidad, que si Ud. las sitúa en estas horas constituyen suelo nutricio de inequidades y conflictos mundiales.
La mentada locución bíblica es usada en los cinco continentes para significar los males y calamidades que amenazan nuestra sociedad.
De todas formas y maneras suena extraño que en plena era cibernética, a más de veinte siglos después de Cristo, la violencia, escasez, enfermedades e inequidades continúen progresivamente cerniéndose sobre la población. He ahí la razón de por qué se continúa hablando y escribiendo metafóricamente respecto de los cuatros jinetes del Apocalipsis.
El último año largo ha dibujado un ethos o ambiente al interior de nuestras fronteras en que los chilenos nos hemos acercado -en tanto población- unos a otros empujados por la fuerza telúrica de terremotos y maremotos, sumando réplicas y sismos que de acuerdo con su magnitud en cualquier otro punto del planeta serían considerados cataclismos y no meros temblores. No obstante, los cuatro caballos y sus jinetes continúan sus trotes y galopes haciéndonos sentir vergüenza de nuestro abandono espiritual; guerras de diversa índole hoy clasificadas de acuerdo con el tipo de armamento, desde las convencionales, pasando por las de teatro hasta las nucleares; hambre para un vasto sector de la humanidad; enfermedades pandémicas y otras tantas sin cura; más el común denominador de la creciente desigualdad mundial, los ricos siempre más ricos y los pobres siempre más pobres. Ojalá este siglo XXI y el 2011 nos regalen una lógica distinta para vivir en sociedad, una lógica de lo razonable.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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