Resulta interesante hacer un recorrido por el Gran Concepción, y darse cuenta del legado patrimonial dejado desde hace más de 70 años por grandes mujeres, todas arquitectas. Esta ruta la hacemos junto a uno de sus colegas, Luis Darmendrail, quien desde hace una década viene estudiando, en paralelo a otros proyectos, estas obras proyectadas por mujeres. Y el trabajo de ellas es doblemente meritorio, pues lo hicieron en una época donde la arquitectura era dominada por varones. Luz Sobrino o Gabriela González son representantes femeninas dignas de destacar en esta área, pues crearon edificaciones que son parte de las más características postales de la zona, como el Arco de Medicina de la UdeC. La invitación es a recorrer las calles y dejarse sorprender por su trabajo.

Hablar de arquitectura femenina en Concepción es hablar de Luz Sobrino. Con ella se debe empezar, dice Luis Darmendrail Salvo, arquitecto e historiador que hace diez años estudia el legado de las primeras arquitectas formadas en Concepción y que dejaron sus huellas en las calles penquistas. De hecho, el año pasado participó con una ponencia en el simposio MoMoWo 2018, que se realizó en Torino, Italia, y cuya temática principal fue la creatividad de la mujer en el movimiento arquitectónico moderno durante el último siglo.

Luz Sobrino, nacida en Chiguayante en 1913, fue la primera mujer arquitecto en trabajar en Concepción y en la provincia, y hasta tiene un monumento en su honor: A la memoria de Luz Sobrino, realizado por Sandra Santander en 1999, y ubicado en el Paseo Peatonal, entre las calles Aníbal Pinto y Colo Colo. Un homenaje que merece por haber brindado hermosos edificios a la capital del Biobío.

El recorrido en torno a su particular historia podría seguir, pero la real pregunta es: ¿por qué hablar hoy de las mujeres que dejaron su firma edificada en la ciudad, y por qué destacarlas? Darmendrail explica que después del terremoto de 1939 la arquitectura en Concepción cambió, y se estableció definitivamente el estilo moderno y su singular lenguaje, aunque ya había intentos previos, con nuevas técnicas constructivas, la estandarización del hormigón armado y la albañilería reforzada. Es en ese momento que aparecen las primeras mujeres arquitectas en Concepción, encabezadas por Luz Sobrino, quienes dejaron su estampa en la historia de la ciudad.

Pero además, en este diferente estilo, escalas y valores arquitectónicos, generados principalmente entre las décadas de los años 40 y 70, estas mujeres tomaron diferentes banderas en cuanto al diseño y la expresión, generando un legado que va más allá de los edificios, pues en esa época ocurrieron hitos relevantes para la mujer, como el derecho a voto.

Luz Sobrino también realizó numerosas obras de arquitectura religiosa, como el edificio de la Primera Iglesia Bautista de Concepción, ubicado en calle Salas con Rozas.

“Si hablamos de patrimonio arquitectónico construido en esa época podemos ver en detalle que cada arquitecto tuvo una mirada particular. Y allí las mujeres destacaron en esta actividad, que hasta entonces seguía siendo principalmente masculina. Tuvieron que enfrentarse al machismo imperante, y a colegas que quizás no las dejaron trabajar tranquilas, o clientes que querían ver a hombres en estas tareas. Es por eso que llama la atención lo prolíficas que fueron algunas de ellas”, afirma el arquitecto.

Luz Sobrino, de hecho, es la creadora de más de 200 obras. Pero otras también destacaron, como Gabriela González, Raquel Eskenazi, Angelita García-Fauré, Betty Fishman, Inés Frey y María Cristina Suazo, entre otras.

La arquitecta de San Martín

La primera obra de Luz Sobrino, realizada apenas salió de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile, fueron las casas de Isla Negra, las que años más tarde Pablo Neruda adquirió y modificó.

Años después, y luego del terremoto del ‘39, Sobrino volvió a su ciudad natal, Chiguayante, y reconstruyó casas familiares, para luego dedicarse de lleno a levantar bellos edificios en la calle Barros Arana, como la recordada confitería La Distribuidora, ubicada entre Salas y Serrano. Allí, también construyó otro edificio en 1942, que aún conserva una placa con su nombre.

Pero el proyecto que la catapultó como “la arquitecta de Concepción” fue un edificio comercial en calle Barros Arana, entre Colo Colo y Aníbal Pinto, donde hoy se ubica la tienda Casaideas. La construcción destacaba por sus elegantes balcones curvos, con ventanales de vidrios también curvos. Su primer piso estaba ocupado por locales comerciales y el segundo, por departamentos.

En 1950 la edificación, ubicada en el actual paseo peatonal, pasó a transformarse en el Hotel Bío-Bío, alojamiento que la mayoría de los penquistas aún recuerda.

A partir de esto, la carrera de Luz Sobrino tomó un ritmo imparable, que duró casi cinco décadas y que la llevó a producir y crear múltiples edificaciones, entre las que destacan imponentes viviendas y algunos emblemáticos edificios religiosos, sede de iglesias bautistas.

Hasta el día de hoy es reconocida por distintas obras en pleno centro penquista, algunas de las cuales la llevaron a ganar el apodo de “la arquitecta de calle San Martín”, importante arteria donde todavía se puede apreciar la belleza de su trabajo en las cuatro esquinas de esta calle con Paicaví.

Se trató de una arquitecta excepcional y prolífica, y una de sus grandes singularidades fue la decisión de trabajar sola en sus obras, a diferencia de otras arquitectas que prefirieron hacer equipo con sus maridos.

Sobrino no sólo se dedicó a la arquitectura. Fue testigo privilegiada de la formación del Colegio de Arquitectos de Concepción, en 1942, y previamente formó parte de la Sociedad de Arquitectos e Ingenieros, participando activamente de esa organización gremial como secretaria y dirigenta. “Al ver fotos de esa época del Colegio de Arquitectos local, notas que sólo hay una mujer entre muchos hombres. Ésa era Luz Sobrino. Fue muy respetada, no sólo por su profesionalismo, sino también por su férreo carácter y seriedad. De hecho, volvió a participar en la reconstitución del Colegio de Arquitectos en la década de los ‘80”, detalla Darmendrail.

La búsqueda espacial de Inés Frey

En el mismo tiempo que Luz Sobrino regresó a la zona, también volvió para ayudar en los trabajos de reconstrucción de Concepción el matrimonio formado por los arquitectos Santiago Aguirre e Inés Frey. Ella había sido compañera de Sobrino en la Universidad de Chile e, incluso, juntas recorrieron Europa apreciando y conociendo la arquitectura moderna de ese continente.

La Galería Irazábal es una de las obras más reconocidas de la arquitecta Inés Frey, que diseñó junto a su marido, el arquitecto Santiago Aguirre. Juntos, también trabajaron en el edificio Pecchi (abajo), ubicado en calle Barros Arana

Su carrera no fue tan prolífica como la de Luz Sobrino, pero destacó por la creación del edificio Pecchi, obra aún vigente en calle Barros Arana, a un costado del hotel El Dorado. Se trataba de un edificio de cinco departamentos en formato triplex, que ostentaba diferentes niveles intermedios y que destacaba por su singular patio, ubicado en el techo de la edificación. Algo muy innovador para la época.

Además, junto a su esposo, son los creadores de la conocida galería Irazábal, que a mediados de los ‘40 albergó al recordado Cine Cervantes, proyecto en el que innovaron generando un espacio central de triple altura, donde los distintos niveles se alzan hacia el cielo, cruzados y conectados por escaleras.

También estuvieron a cargo de la construcción del edificio que hoy ocupa la sala de eventos Havana, en calle Barros Arana 1356, donde en aquellos años funcionaba el cine Esplanade. Para esta edificación recrearon una vanguardista fachada, que se funde con la estructura del edificio principal, e incorporaron un atrio exterior, que permitía generar una relación directa con la calle.

“Esta obra marcó una nueva forma de hacer arquitectura, dando pie a espacios que no estaban contenidos, sino que se abrían a su entorno. Por eso se habla de que el trabajo de Inés Frey alude a la búsqueda espacial”, destaca Darmendrail.

Después de 1940 aparecieron en la escena penquista otras mujeres, como María Cristina Suazo, también compañera de Sobrino y Frey, aunque algo mayor, y que viene a completar la primera triada de mujeres arquitectas en Concepción. Eso sí, Suazo se dedicó más bien a la gestión arquitectónica, radicándose en la ciudad de Los Ángeles, donde realizó algunas obras.

Construcción a prueba de sismos

En 1948 se abrió un concurso para construir la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción. La exigencia estaba en que esta nueva edificación debía acoplarse al eje ya propuesto para el campus. El concurso fue ganado por la dupla formada por Edmundo Buddemberg y la joven Gabriela González, quien aún no se titulaba de la carrera de Arquitectura.

Cuando aún era una estudiante, Gabriela González ganó el concurso del nuevo edificio de la Facultad de Medicina de la UdeC, junto a Edmundo Buddenberg.

Así nació uno de los símbolos arquitectónicos de nuestra ciudad, y portada de la Universidad de Concepción: el Arco de Medicina, ubicado en calle Chacabuco, en su intersección con Janequeo. Aunque no es la única portada que Gabriela González dejó en la zona, pues también diseñó junto a otros arquitectos la parroquia San José, de Talcahuano, ubicada frente a la plaza del puerto, que destaca por sus muros curvos, que semejan la caparazón de un caracol.

De su mano también aparecieron en la zona los primeros edificios inmobiliarios de gran escala, como el edificio Iconsa de la entonces Inmobiliaria Concepción, S.A., ubicado en San Martín 633, justo frente al supermercado Versluys, caracterizado por su galería de dos entradas.

“Lo interesante es que una mujer haya hecho edificios residenciales en altura, y que sobrevivieran sin mayores problemas el terremoto del ‘60, un sismo que lo puso fuertemente a prueba. Que lo hubiera hecho un hombre o una mujer en estos tiempos da lo mismo, pero en esa época aún había un gran predominio masculino en la arquitectura, por lo que el hecho de que algo tan bien pensado y construido fuera obra de una mujer, es algo muy destacable”, explica Darmendrail.

Esto tiene un doble mérito, ya que en la década del ‘50 Gabriela González y Luz Sobrino eran las únicas arquitectas que trabajaban en Concepción, pues otras ya se habían ido. Ambas fallecieron en los ‘90.

Los nuevos nombres

González también diseñó el edificio ICONSA de calle San Martín entre Caupolicán y Aníbal Pinto.

A fines de los  años 50 nuevos nombres se incorporaron a las arquitectas en Concepción. Si bien ninguna logró superar en producción a Sobrino o González, sus obras son igualmente destacables.

Entre ellas se puede mencionar a Angelita García-Fauré, arquitecta argentina que participó en varias obras, como el proyecto de creación del edificio del colegio Madres Dominicas, aunque también trabajó como escenógrafa del entonces Teatro de la Universidad de Concepción, TUC.

Luego llega a la zona Raquel Eskenazi, cuya principal obra, la que realizó junto a su esposo, fue el edificio del Instituto de Previsión Social (NP), hoy Chile Atiende, ubicado frente al edificio de Tribunales en pleno centro de Concepción.

Gabriela González incursionó en la arquitectura religiosa, participando del equipo que levantó la Iglesia San José de Talcahuano, caracterizada por sus muros curvos que asemejan a una caracola y permiten una singular luminosidad al interior del templo.

Betty Fishman también arribó a la ciudad en la década de los ‘50 junto a su esposo, el reconocido arquitecto boliviano Javier Lisímaco “Maco” Gutiérrez. Fue la única mujer en el equipo de arquitectos que construyó el Sindicato n°6, de Lota, y se destacó por sus fuertes convicciones sociales y su apoyo al movimiento obrero.

De hecho, años más tarde se radicó en Cuba, donde aún vive, aunque constantemente vuelve a Chile. En el país caribeño realizó su obra arquitectónica más destacada en torno a la Revolución Cubana, que constó principalmente de edificios educacionales.

Durante los ‘70 se sumaron a estas pioneras en arquitectura otras mujeres, aunque la mayoría se dedicó prioritariamente a la gestión arquitectónica. Entre ellas destaca Yolanda Schwartz, quien trabajó codo a codo con Salvador Allende en la Corporación de la Vivienda, y fue impulsora del Instituto de la Vivienda (INVI). En la zona, fue la impulsura y creadora de un conjunto habitacional en Lirquén.

A ella se suma la arquitecta Anita Barrenechea, quien trabajó activamente en el Sistema Nacional de Ahorro y Préstamo (SINAP), del que llegó a ser presidenta, entidad donde los ciudadanos de entonces buscaban fondos para postular a sus viviendas. En Concepción participó en 1960 de la proyección del edificio del Instituto INACAP, ubicado en la avenida Las Golondrinas, frente al Club Hípico, construcción que luego fue demolida.

Ojos en la ciudad

No sólo se trataba de arquitectura. Betty Fishman también se dedicó a la ilustración para niños, y Luz Sobrino, luego de su éxito en la arquitectura, se transformó en empresaria, aunque siempre fue promotora de las artes. En sus últimos años retomó la pintura, dando vida a dibujos de hermosos bodegones y diseños florales.

Inés Frey, en tanto, en su juventud participó activamente de la política de izquierda, al igual que Gabriela González que, si bien no perteneció a ningún partido, estuvo rodeada de personas ligadas a esa corriente, como el destacado y longevo arquitecto -hoy radicado en Los Ángeles-, Osvaldo Cáceres, con quien creó el Edificio Plaza y también el Mercado de Lorenzo Arenas.

“Hablamos de una búsqueda constante”, dice Darmendrail al respecto, lo que enriquece aún más los edificios y creaciones arquitectónicas que estas mujeres dejaron en la ciudad, muchos de los cuales aún siguen vigentes.

“Como investigador, es interesante poder comprender a estas mujeres más allá de los edificios y de lo arquitectónico, entender sus inquietudes, miedos y contextos en los que se desenvolvieron, en una época donde ya era difícil para ellas ingresar a la universidad, y más aún, trabajar en su rubro. Esto coincide con varias cosas, porque cuando comienzan a trabajar en Concepción, en el marco de la reconstrucción post terremoto, también hay cambios: la mujer tiene derecho a voto, y Elena Caffarena había dejado su huella como dirigenta feminista. El que estas mujeres dejasen un legado en la ciudad nos habla de un patrimonio singular, que marcó la pauta para las nuevas generaciones”, sostiene el arquitecto.

El edificio donde actualmente se aloja Chile Atiende, junto al palacio Tribunales, es una de las obras que dejó la arquitecta Raquel Eskenazi en su paso por Concepción.

Esta herencia, agrega, fue tomada en los ‘90 por nuevas generaciones que también buscan dejar su huella. Entre ellas destacan profesionales como Maureen Trebilcock y María Isabel López, de la Universidad del Biobío, y María Dolores Muñoz, maestra en investigación que formó a muchos arquitectos en la Universidad de Concepción. “Otra de las arquitectas contemporáneas destacadas es Susana Herrera, quien incursionó en el diseño y creación de mobiliario, el que ha expuesto en varias muestras”, dice Darmendrail.

Pero sin duda, el mayor legado de aquellas arquitectas es su preocupación por brindar una mirada local, que ha sido tomada con maestría por otras exponentes, como Cazú Zegers, Carolina Catron, Lorena Troncoso o Sofía von Elichshausen. “Muchas arquitectas han tenido los ojos bien puestos en el territorio, modelo que se ha replicado en las nuevas generaciones. Arquitectas como Luz Sobrino y Gabriela González se enfocaron en la zona y trabajaron en un proyecto colaborativo de ciudad, con la mirada en Concepción. Fueron agentes de cambio que siempre tuvieron algo que decir, y lo hicieron a través de la arquitectura”, dice Darmendrail.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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