BACHILLERATO; P.A.A.; P.S.U.; y …

Ayer: preparatoria y humanidades; hoy: básica y media. En fin, doce largos años de estudios que en el primer minimun – ético educacional, los chilenos debemos cumplir sí o sí en función de mejores oficios o profesiones en el futuro. Cada vez que se ha introducido la primera “medición – evaluación” de esta inicial docena de años las aseveraciones de “lo mejor que hay” tiñeron y tiñen cada uno de estos instrumentos o pruebas. Así, adultos mayores de hoy vivieron el Bachillerato, otros algo más jóvenes la P.A.A., y, en nuestros días, la P.S.U. Todos estos instrumentos han sido obra en su letra y música de los denominados “expertos en educación”. Sin embargo, a poco andar, todos y cada uno de ellos pasan del “no va más en relación a su calidad” a ser exacerbados críticos, luego vapuleadores, y, finalmente, verdugos de sus respectivas creaciones instrumentales enunciadas en cada caso como “lo mejor que hay”. Bachillerato, P.A.A., P.S.U., y, luego vendrán otros y otras a la que les sucederán otros y otras indefinidamente.
Por estos días la tribuna científica internacional ha criticado en solemnidad a nuestro último modelo evaluativo, léase P.S.U. , y por estas horas los expertos en educación, esos que “la idearon o la mentaron”, ahora la “lamentan” solicitando su entierro o sus honras fúnebres. En fin, el tema me recuerda a mi querido tío Ernesto, alias “El Moro”, gran hípico y jugador empedernido que los días viernes o sábado permanentemente sabía que caballos ganarían en tal o cual carrera del Hipódromo o Club Hípico de Santiago a la época y, luego permanentemente sabía el lunes o martes por qué habían perdido los caballos que había jugado. Pero, siempre sabía. ¡Siempre! El Moro se decía experto.
El tema es de primera importancia. Después de tres décadas largas enseñando en universidades nacionales y extranjeras sostengo con más fuerza que nunca: lo fundamental para el ejercicio del oficio o profesión, como para cualquier trabajo, es la vocación.
Es que sin ella navegaremos por un océano sin orillas. Cualquiera acción u omisión sin adecuación al fin está condenada al fracaso. El trabajo debe amarse. Tengo el convencimiento que las personas reconocidamente exitosas son las que eligen su quehacer sin otro norte que el cardinal de la vocación.
Valga un ejemplo. ¿Qué será de aquel experto en educación que bregó hasta lograr eliminar del sistema educacional chileno a los magníficos profesores normalistas? Sí, a esos auténticos maestros, esos que sí sabían de la vocación y enseñaban con humildad y modestia vocacionalmente.
¿Ud. ha visto por alguna parte a la vocación en Chile? Anda perdida desde hace décadas, ha dejado tras de sí miles y miles de personas y familias frustradas y vidas humanas tronchadas. Vamos, todavía es tiempo, la vocación antes y primero.
 
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
Dr. en Ciencias Políticas y Sociología.

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