Base de la industria naval chilena

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Más de 120 años de historia tiene el Dique de Carenas n°1, que comenzó sus funciones “atendiendo” al Huáscar y al Cochrane en 1896. Su creación sentó las bases de un reconocido prestigio nacional en la mantención, reparación, recuperación, conversión, modernización y construcción de naves.

El Dique Seco de Carenas n°1 fue inaugurado el 20 de febrero de 1896. Hoy sigue en funcionamiento en los Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR).

Dentro de las instalaciones de la Base Naval de Talcahuano funciona hasta hoy el Dique Seco n°1, que entró en funcionamiento a fines del siglo XIX, y que hoy es parte de Asmar, el principal astillero del país, donde se lleva a cabo la construcción y reparación de embarcaciones.

La idea de su creación comenzó a gestarse en las primeras décadas de 1800, época en que el único navío de la Escuadra Nacional era la Esmeralda. Si bien el país había tenido más buques de guerra, éstos habían sido vendidos o desguazados, por considerárseles innecesarios y demasiado costosos.

“Incluso, en algún momento, llegó a no tener ninguno, con lo que desapareció la Escuela de Grumetes, pues no era necesario tener tripulantes si no tenían en qué navegar”, explica el historiador Andrés Medina Aravena, académico del Departamento de Historia y Geografía de la UCSC. A pesar de esta realidad, las mentes visionarias de la época vislumbraron la necesidad de mantener un “arsenal”, lo que implicaba contar con un dique, y talleres de reparación y mantención para las naves.

A mediados del siglo XIX, la ocurrencia de varios eventos militares, como la Guerra Naval contra España y la agudización del conflicto con Argentina, evidenciaron la urgencia de adquirir más buques de guerra, los que se mandaron a construir a Inglaterra. También reflotaron la idea de construir un dique de carenas para las mantenciones de las naves, uno que tuviese una capacidad mayor que el único existente en la época, un pequeño taller en Valparaíso, creado en 1817 que, básicamente, reconstruía piezas dañadas de embarcaciones. Pero la decisión no era tomada.

Al estallar la Guerra del Pacífico (1879), Chile ya ostentaba una Escuadra más equilibrada, que contaba con la Esmeralda, la Covadonga (buque presa de la Guerra contra España), el Magallanes y los poderosos Cochrane y Blanco.

Es tras este enfrentamiento que se retoma la idea de construir un dique seco en Talcahuano donde se pudiesen reparar los cascos de las embarcaciones. En ese entonces aquella tarea ni siquiera se realizaba en los diques flotantes de madera de Valparaíso. Por ello, la Armada no tenía otra opción que enviar sus principales buques a reparar a Europa. “Se pensó en Talcahuano, Valparaíso, Constitución y Vichuquén como posibles emplazamientos, según los informes emitidos años antes por el ingeniero francés Alfredo Leveque. Después de varios estudios, se eligió finalmente Talcahuano por sus indiscutibles condiciones naturales, y quizás por su cercanía con Lota, de donde se podría extraer carbón para abastecer a las embarcaciones”, cuenta Andrés Medina.

“El Dique Seco de Carenas n°1 terminó siendo inaugurado el 20 de febrero de 1896, y su infraestructura, que medía 200 metros de largo, incluía dos sitios de atraque”, informa Medina.

Sólo se tuvo un proyecto definitivo, con su ley de financiamiento aprobada y con una propuesta única presentada por el empresario francés Luis Dussaud, el 10 de abril de 1888. El dique se construiría finalmente en el sector de Bajo Marinao, en la bahía de Concepción, en Talcahuano. Se haría “con el sistema de cajón de fierro y aire comprimido, recientemente adoptado en la construcción de los diques secos en Toulon, en Francia”, consigna Carlos Martin Fritz, en su libro La Armada en Talcahuano.

Primera piedra y convulsiones políticas

Imagen del dique de 1930. A la izquierda, sellos conmemorativos de la ceremonia: Colocación primera piedra de la obra, en 1890.

En la última década del siglo XIX el país estaba fuertemente dividido entre balmacedistas y anti balmacedistas. En medio de ese convulsionado escenario político, el Presidente José Manuel Balmaceda (1886-1891) decidió viajar a la zona a poner la primera piedra del Dique Seco, a pesar de las recomendaciones de sus asesores que le instaban a no hacerlo. “Venir significaba hacerlo a bordo de un buque de la Armada, institución de reconocida posición anti balmacedista. Sus cercanos temían que durante el viaje fuera detenido, con las obvias consecuencias políticas. Pero el Presidente decidió correr el riesgo y viajar en el blindado Cochrane, sin más problemas que un fuerte mareo durante la navegación”, comenta
el historiador.

Faenas de construcción del Dique Seco n°1. La primera piedra la puso el Presidente Balmaceda, pero fue inaugurado por Jorge Montt.

Ya en Talcahuano, tras la ceremonia llevada a cabo el 15 de diciembre de 1890, que contó con la presencia de variopintas autoridades, Balmaceda se trasladó a Concepción para participar de un banquete que se le ofrecería en el Teatro. A la salida, se topó de lleno con una gran manifestación en su contra. “Cuentan que se produjo una batalla campal, una gresca masiva, porque Concepción era básicamente anti balmacedista. Las crónicas de la época relatan que el Gobernador de Talcahuano, Salvador Sanfuentes Velasco, se distinguió protegiendo al Presidente. Por las descripciones que se dan de él, parece que se trataba de un hombre alto, robusto y ‘bueno para los combos’, que no permitió que nadie se acercara a Balmaceda. Lo escoltó hasta la Estación, donde el Mandatario tomó el tren nocturno hacia Santiago”, rememora el académico.

Sin embargo, las noticias del incidente fueron transmitidas por telégrafo a la capital, llegando incluso antes que el Presidente. Por ello, cuando Balmaceda bajó del tren, su gabinete en pleno lo esperaba para enterarse del suceso. “Para esta fecha, tal como señalan algunos biógrafos, el Presidente ya estaba extremadamente ensimismado, y no percibía claramente la realidad; por eso, al preguntársele sobre su viaje, él responde: ‘Me tocó un viaje con mar gruesa… y la ceremonia fue muy lucida’. Nada más”, cuenta Andrés Medina. Esa respuesta, dada 15 días antes de estallar la Guerra Civil en Chile, es la prueba de que su mente ya no estaba anclada en la realidad.

Pasos hacia la creación de un gran Astillero

“El Dique Seco de Carenas n°1 terminó siendo inaugurado el 20 de febrero de 1896, y su infraestructura, que medía 200 metros de largo, incluía dos sitios de atraque”, informa Medina.

La inauguración estuvo presidida por el Presidente de ese entonces, el vicealmirante Jorge Montt, “quien llegó acompañado de una numerosa comitiva, dándose la actividad con un público no inferior a seis mil personas, que asistieron con entusiasmo a esta ceremonia”, detalla el libro de Martin Fritz.

Terminada la celebración, entraron a carenas el monitor Huáscar y el blindado Cochrane y, a poco andar, se comenzó a planear la construcción de talleres y laboratorios que apoyaran la labor de reparación, pues “los comienzos de la operación del dique fueron difíciles, aún cuando la obra misma era sólida y perfecta… Carecía de la más elemental maestranza, lo que hacía muy difícil cualquier reparación, requiriéndose para el trabajo personal de Valparaíso”, cuenta el libro de Martin Fritz.

A pesar de estas falencias, en pocos meses, y ya en plena labor, el dique confirmó su utilidad, tanto para los buques de la época como para los que vendrían después, dando muestras de la excelencia de su construcción. Así, esta monumental obra dio pie al complejo industrial más importante de esos años en Chile.

Más de dos décadas después, la adquisición del acorazado Almirante Latorre propició la construcción de un segundo dique de mayor capacidad: el Dique Seco N°2, inaugurado en 1924, que permitió satisfacer no sólo los requerimientos de la Armada, sino también de armadores nacionales y extranjeros, cuyas embarcaciones transitaban por la costa del Pacífico Sur Oriental.

En 1960 se creó ASMAR- Astilleros y Maestranzas de la Armada-, empresa autónoma del Estado, orientada a satisfacer los requerimientos de mantención, reparación, recuperación, conversión, modernización y construcción de naves de la Armada de Chile y de la comunidad naviera nacional e internacional, dando pie al auge de la industria naval del país.

 

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