Carnage: ¿Qué tipo de persona eres cuando caen las apariencias y modales de salón?


Nueva York. Un grupo de niños de aproximadamente once años juega durante el recreo, hasta que uno de ellos golpea violentamente a otro con una rama de un árbol. Tras el incidente, los padres de la “víctima” -que termina con los labios hinchados y un diente roto- invitan a casa a los del “matón” para solucionar el episodio de forma “civilizada”. Al principio, el diálogo entre ambas parejas fluye sin problemas y transcurre entre bromas y frases cordiales. Sin embargo, conforme avanzan los minutos, el asunto sube de tono y las buenas intenciones dan paso a un enfrentamiento que saca lo peor de cada matrimonio y de cada uno de ellos.
Lo anterior es la trama de Carnage, la última película de Roman Polanski, un director que hace tiempo ganó su entrada a la inmortalidad del mundo cinematográfico. Ahora, el cineasta francés ofrece una adaptación de la obra de teatro “Le dieu du Carnage”, que en 2009 obtuvo el Tony norteamericano, y cuyo paso por los principales escenarios europeos le dio resonancia y éxito internacional.
Desde el comienzo de Carnage se advierte que Polanski nuevamente se adentra en uno de sus temas favoritos -la oscuridad interna del ser humano- ahora retratando la progresiva y caótica dialéctica que surge durante una reunión entre dos matrimonios de clase media, compuestos por los padres del niño agredido, Penélope Longstreet (Jodie Foster) y Michael Longstreet (John C. Reilly), y la pareja progenitora del niño agresor, formada por Nancy Cowan (Kate Winslet) y su esposo Alan Cowan (Christoph Waltz). Un elenco de lujo, en cuyo talento y experiencia descansa la premisa principal: mostrar la rapidez en que la diplomacia, los buenos modales y la “buena leche” pueden desaparecer cuando en un único y pequeño espacio -el departamento de los Longstreet- un grupo de adultos disímiles intenta solucionar sus diferencias.
A lo largo de 80 minutos, Penélope, escritora y activista, se muestra pasmada hasta la neurosis frente al cinismo maquiavélico de Alan, un frío abogado dedicado a la venta de medicamentos de dudosa reputación; Michael Longstreet deriva de una irritante personalidad timorata a una irascibilidad inquietante; mientras que la corredora de Bolsa Nancy Cowan, -copas de whisky mediante- demuestra que lo suyo, más que doble estándar o show de apariencias, es lisa y llanamente bipolaridad en grado agudo. Con un guión que contó con la asesoría de Yazmina Reza (la autora original), Polanski invita a escudriñar sobre la naturaleza del ser humano que se esconde detrás del ropaje “civilizatorio”. En Carnage, la crueldad, la furia y los prejuicios sociales emanan violentamente por las paredes del departamento neoyorkino de los Longstreet.
Muchos podrán criticar que esta nueva apuesta de Polanski se queda entre ser una comedia hilarante o una obra existencialista; lo cierto es que se trata de ambas cosas. En Carnage, Polanski demuestra que no necesita de estéticas grandilocuentes para entregar una obra mayor; una que provoca reflexión y cuestionamientos, a la par de carcajadas, basándose sólo en un grupo de actorazos, una sola locación, una narración audiovisual sencilla y un relato en tiempo real que no utiliza una sola elipsis a lo largo de sus 80 minutos. Una prueba de la que sólo sobreviven los verdaderos maestros. Vaya a verla.

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