Catalina Saavedra: “El cartel de la eterna nana no me lo puse yo”

cultura-IMG_0232.jpgSencilla y alegre, aunque consciente de su buen momento y talento. Así podría definirse a esta actriz, célebre en estos días por su elogiado y premiado rol como una arisca empleada doméstica en “La Nana”, un papel que desde principios de los noventa había desarrollado en teleseries. Pareciera que el refinamiento de este personaje ha marchado a la par con el desarrollo y reconocimiento de su carrera, pues a Saavedra hoy se la pelea la creme de la creme de los equipos dramáticos nacionales: el estreno de “Diatriba de la empecinada” marcará su regreso a las tablas, además de un proyecto Bicentenario para televisión.
Algunos la recuerdan por su papel como “Chabela”, en la alabada miniserie “Geografía del deseo” (2004); otros por su rol de la polola metalera del Killer en la teleserie Adrenalina (1996) y los más, como la nana Josefina en la incombustible serie “Los Venegas”. La televisión la llevó a la fama, aunque ella hacía rato que destacaba desde los diversos frentes de su profesión como actriz. Una trayectoria que sembró buenos frutos y que comenzó a obtener importantes reconocimientos durante los últimos años, como el Premio Altazor 2008 a la mejor actriz en la obra teatral “Las Brutas” (creada por Juan Radrigán y dirigida por Rodrigo Pérez y donde compartió escenario con actrices de la categoría de Claudia Di Girólamo y Amparo Noguera) y los reconocimientos que su rol como la empleada Raquel en la película “la Nana”, de Sebastián Silva, despertó en importantes festivales internacionales que la galardonaron como Mejor actriz en los Festivales de Sundance 2009 (el más importante en el ámbito del cine independiente en Estado Unidos) y Cartagena de Indias (Colombia).
De alguna forma estaba predestinada. Catalina Saavedra (41) desde pequeña se inclinó hacia la actuación. Ya a los 10 años comenzó sus estudios de teatro, con los cerros de Valparaíso y el sector de Playa Ancha -donde pasó su niñez- como telón. Una vocación que después se vería reforzada al ingresar en 1987 a la Escuela de Teatro de Gustavo Meza y que nace desde su mismo ADN, pues su padre, Omar Saavedra trabajó como dramaturgo en el Teatro de Valparaíso. La separación de sus padres y el exilio de su progenitor, los distanciarían por muchos años hasta reencontrarse en la adultez.
A lo largo de los años, Saavedra formaría parte de numerosas obras que incluyeron títulos como “El Despertar”, “Pervertimientos y Otros Gestos Para Nada”, “La noche de la Iguana”, “Muerte de un Funcionario Público”, “Telarañas” y “Los Ojos Rotos”, entre otras. Hoy, sus principales proyectos se distribuyen por diversos frentes. En el teatro forma parte del elenco de la recientemente estrenada “Diatriba de la victoria”, obra que está conformada por un equipo muy similar al de “Las Brutas”, con la dirección de Rodrigo Pérez y textos que mezclan aportes de Juan Radrigán (de su original “Diatriba de la empecinada”), discursos de Salvador Allende, cuando asume como Presidente en el Estadio Nacional, más un poema del psicoanalista Roberto Aceituno. “No contamos una historia, pero sí contamos toda la historia del Chile que la gente quiere olvidar, pero que algunos no queremos olvidar. Ahí estoy con la Amparo Noguera, la Gabriela Aguilera y una chica muy talentosísima que se llama Marcela Millie. Es una obra que yo creo que hará volar plumas un poco, porque habla sobre el socialismo, sobre lo que se perdió, sobre los sueños que tenía Allende, sobre encontrar al desaparecido… entonces, Diatriba… quiere decir reclamo o un discurso alterado”, cuenta entusiasmada.
-¿Qué papel desempeñarás ahí?
-Estos textos Rodrigo Pérez los situó en una especie de galpón de temporeras, de obreras. Somos trabajadoras, de esas que trabajan todo el día para ganar dos pesos. Pero no tenemos nombre. Hay individualidades, pero no es claro, no es nítido, no es una obra convencional.
Los papeles serios en televisión (medio al que ha criticado en reiteradas ocasiones) también volverán para ella, de la mano de “La Comunidad”, un proyecto de mini-serie de 10 capítulos que en 2007 se adjudicó el Consejo Nacional de Televisión. La idea, original de su colega María Izquierdo, se centra en el tema de las adicciones y tiene como escenario una clínica de rehabilitación. Junto a Saavedra (que encarnará a una actriz adicta a la cocaína que está imposibilitada de rehacer su vida), el elenco estará conformado por la propia María Izquierdo más las actrices Esperanza Silva, Viviana Rodríguez, y los actores Gregory Cohen y Alejandro Goic, entre otros. Enmarcado bajo el rótulo de proyecto Bicentenario, se transmitirá por canal 13 y sus grabaciones se realizarán entre diciembre y abril de 2010. “También hay un tema político de fondo, que es el de la reconciliación. Lo que pasa es que se encuentran personas con pasados negros. Creo que uno no se pone adicto porque sí. Uno no se pone a tomar y a ser alcohólico porque sí. Yo creo que eso va de la mano de un problema muy grave que hace que te escapes por la vía de las drogas o el copete, y como somos un país muy dañado, somos un país muy adicto también, creo yo”, reflexiona. “La onda de la pobreza, la pasta base y todo eso es producto de cosas mucho más profundas que fumarse un mono: viene de la violencia intrafamiliar, la pobreza absoluta, el desamparo, de cero posibilidades laborales, etc.”
-Es curioso el tema de lo que engancha y lo que no; a mí me encantó la “Vida me mata” (ópera prima de Sebastián Silva, donde también participó Catalina Saavedra), la comenté con entusiasmo en esta revista y casi no lo pude creer cuando me entero que sólo estuvo dos semanas en cartelera…
-Ese fue un cagazo -porque así se llama- de producción. Esa película no la promovieron… no la supieron hacer. Era muy buena, yo creo que a esa película le hubiese ido muy bien hasta ahora en los festivales. Fue un condorazo de los productores. Si tú ves lo que se lleva ahora en términos cinematográficos, es que se hace una película y se va a fuera altiro a mostrar en los festivales, ahí se juntan laureles, y se traen para acá. Entonces, cuando tienen éxito afuera -como pasó con “La Nana”, como pasó con “Tony Manero”- es otro el interés periodístico, etc. Es una buena movida, encuentro.
-De hecho, es sabido que en Chile las películas funcionan mucho más por el tincazo y el me contaron que por la campaña publicitaria detrás…
-Y parten las películas en grandes festivales en esas categorías de work in progress (películas en preparación); de hecho, “La Nana” partió así. Y por ejemplo, le fue mal en San Sebastián, no ganó el work in progress, pero ganó Sundance después cuando la terminaron. Es un mundo esto que está pasando en los festivales. Mira, si yo tuviera plata, mucha plata, lo que habría hecho en “La Nana” es no parar de ir a los festivales hasta ahora, a las películas ganadoras las invitan a los festivales en todas partes del mundo. Pero no puedo hacerlo, porque tenía compromisos teatrales y otras cosas; que no me generaban ni un peso, pero los compromisos son compromisos, y me gusta verme en eso.

Ni la peor, ni la mejor actriz del mundo

Como frecuentemente sucede en el mundo de los actores, Catalina Saavedra es de cofradías. Lo es en el teatro con Radrigán y Cía. Y en el cine con el grupo formado por sus amigos Sebastián Silva y Claudia Celedón. La trivia cuenta que durante los tiempos libres de la filmación -realizada en la casa de los papás de Silva- el grupo se divirtió con piscinazos y juegos que denotaban una estrecha relación de amistad. Es que, de otra forma, es muy probable que Saavedra no hubiera optado por realizar por enésima vez el papel de “la nana.
“Con Sebastián Silva voy a ir a ciegas con él, siempre”, declara con absoluta convicción.
-Hiciste de nana en Amor a Domicilio (Brígida, 1995); en Fortunato; a la nana Jessica en su primera película “Hasta en las mejores familias” (1991); en el cortometraje “La perra”; y aún en Los Venegas. Cuéntame, con la mayor sinceridad, cuál fue tu reacción cuando te ofrecieron el proyecto de “La nana”…
-La nana de “La perra” era bien pariente de “La Nana”. Era una nana que no estaba ni ahí, aunque no era mala persona; dudaban de ella, eso era lo más asqueroso de ese corto, le llamaban “La perra”, “la perra robó”. Y tú veías que ella no hacía nada, era terrible.
Mi primera reacción fue decir que no, que me daba lata. Pero, también sabía que lo iba a hacer, que iba a leer el guión y que me iba a gustar, que era una mirada de Sebastián.
-¿No le temes al síndrome del actor encasillado? Robert Powell como Jesús de Nazareth, Christopher Reeves como Súperman…
-Por supuesto que sí po, pero ya soné po (risas). Pero por suerte tengo otros personajes que también resultan, que son eficaces. Lo que pasa es que -yo siempre lo he dicho- el cartel de la eterna nana no me lo puse yo, cachai. Es la imposibilidad cerebral de los directores de tele que te dan siempre los mismos roles. Y uno igual tiene que decir que sí porque tienes que ganarte las lucas. Y eso lo viví harto tiempo. Pero a pesar de eso me esmeraba por hacerlos simpáticos, diferentes. Pero también tengo grandes aciertos como mi rol en “Geografía del deseo”, o como esa rockera que hice (en Adrenalina, 1997), que todavía la gente me recuerda; o todas las obras de teatro, en ninguna he hecho de nana.
-¿Volverías a trabajaren teleseries, y de nana, después de tu experiencia con Roos Films en Fortunato?
-No terminé peleada, yo no me ando peleando con la gente. Pero sí encuentro que me desaprovecharon, el papel que me dieron era una estupidez máxima, que tenía cero conflicto, entonces, a esta alturas… además que no era lo que ellos me habían dicho al contratarme. Pienso que, mira, a pesar de todo les hice un monito simpático. Pero yo me iba deprimida a grabar, o sea, revisaba mi escena y decía “¿qué es esto?” ¿”Abre y cierra la puerta? Qué lata. Y era una pérdida tremenda para ellos, porque no me pagaban poco por abrir y cerrar las puertas.
-Roos Film pasó una mala racha después, justo por problemas financieros…
-Si, no…. ellos, una vergüenza nacional.
-Sobre si te complica la fama, tú dijiste hace un par de años: “Yo no soy famosa, porque serlo significa que te conoce todo el mundo y no es mi caso. Yo soy peatón, ando en el Transantiago y todo, y me gusta que así sea”. Ahora, con el hit de “La Nana” ¿Cambió tu percepción del tema?
-No, estoy igual. Es muy prudente ¿sabes algo? Yo tengo una teoría: mientras más te alejai, mientras más te hacís invisible, es peor. Yo no tengo mucha otra posibilidad, porque no manejo. Esto se lo robé a Almodóvar cuando empezó a ser famoso, dijo: yo nunca voy a dejar de ir al lugar donde siempre fui. Seguramente me van a mirar a la primera y me van a decir: “oye, tú te has ganado tantos premios, que choras tus películas”, pero al segundo copete ya no te van a pescar, y eso realmente sucede. Yo me subo a una micro, me mirarán un poco, la primera vez es impacto, pero ya después se dan cuenta que yo soy una ciudadana, y eso es muy agradable. Por lo demás me sirve mucho el encuentro con la gente, de ahí saco muchas cosas para los personajes que invento; muchas, cachai.
-Raquel claramente, vive en un estado de angustia que la hace verse auto-anulada, lo que la lleva al borde de vivir un trastorno de personalidad ¿has visto que esta patología se dé frecuentemente en otras empleadas?
-No, no. Lo que nosotros hemos defendido en razón a la película con Sebastián, es que ésta es la historia de una mujer, no es la historia de una nana. Es una mujer-nana, que trabaja en eso. Es la vida de esta persona, de esta personalidad. Ayer me decía alguien algo muy interesante, que es “qué ganas de ver una segunda parte y ver qué le pasó a esta mina, que llegó a ser así. Qué le pasó en su infancia, en su familia, en su relación familiar, por qué no quiere hablar con la madre, por qué la reniega, ¿me entiendes? Por qué cuando la otra empleada la abraza (Lucy, interpretada por Mariana Loyola) ella se quiebra de esa manera. Y ella, siendo una empleada igual, tenía una luz, porque tenía una familia que la quería, porque venía de un ambiente de un campo feliz; entonces, ahí, el tema de la nana se va a la cresta, porque Lucy era una maravillosa, y una mina con aspiraciones, que no se quería quedar ahí toda la vida. Y eso es lo que ve la otra (…) y eso les pasa a ricos y pobres. Y ahí volvemos al tema de las drogas y las adicciones del principio, tu pasado te condena.
-De hecho, Raquel es adicta, está toda la película empastillándose ¿Qué toma?
-Migranol (risas). El Seba, al principio me decía: oye, tómate una aspirina, ella toma aspirina todo el rato. Y yo le decía nooo, esta galla no tiene que tomar aspirina, tiene que tomar migranol, que es un veneno que venden, aquí, abiertamente, que en EE.UU está prohibidísimo, y con eso se te revientan unas úlceras heavies.
-La firme: ¿No les dio rabia que esta película no haya ido a competir por el Oscar o el Goya, en lugar de Isla Dawson, que finalmente salió elegida para representarnos en el certamen gringo?
-Mira, a mí la onda de los premios no me interesa, ni postular, nada. El Sebastián estaba muy picado. Porque esto lo eligió un jurado, y lo que le daba rabia era lo poco visionarios que habían sido (el jurado del Fondart), en términos que la que realmente tenía posibilidades era yo. El me decía, con todos los premios que te hay ganado, como Sundance, la crítica del New York times. Además que era obvio, “Little miss sunshine” ganó Sundance y obviamente que la postularon para el Oscar, así que fue como raro. Además, en lo que creo que ellos fueron injustos, fue en que, mostrar una linda fotografía, unos paisajes de miedo de Dawson y todas esas cosas… no tiene nada que ver; muchos decían que una de las cosas que la habían dejado fue por la “calidad fílmica” de la película.
-¿Será que todavía existe un statu quo de que afuera, lo que los gringos y europeos quieren ver y premiar sobre Chile, es sólo películas que hablen sobre la dictadura de Pinochet?
-Sí, no sé. Puede ser. A mí, la persona del jurado que me provocaba un poquito más de admiración, harta admiración es (Andrés) Wood, pero los demás no sé. Habían unas personas que yo no sé quiénes eran. Es tan arbitrario, tan subjetivo el tema de los premios, de las postulaciones, el arte en general es súper subjetivo, entonces tampoco me creo el cuento. Encuentro que los astros se alinearon para mí creativamente en la película, pero también capaz que la película no valga nada para otra gente. Por eso yo también no me creo nada, ni la peor, ni la mejor actriz del mundo, ni de Chile, no. Porque no nomás, po.

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