Caza a la espía

“Si me ayudas, te ayudamos. Si no lo haces, tu hermano muere. Ahora mismo no tienes idea de lo que somos capaces”. Con estas palabras, la agente de la CIA Valerie Plame (Naomi Watts) raya la cancha al sobrino de un poderoso magnate árabe acusado de asociarse con terroristas, justo en el momento en que éste, suelto de cuerpo, intenta seducirla creyendo que sólo se trataba de una ejecutiva de negocios. Lo anterior corresponde a la primera secuencia de Caza a la espía (Fair Game), del director Doug Liman (La identidad de Bourne) que, a pesar del inicio descrito, no es exactamente una película sobre espías -en el sentido tradicional del género-, sino más bien un filme eminentemente político; una crónica sobre la paranoia vivida por la sociedad norteamericana post ataques del 11/09 en el World Trade Center sumida en el temor, la desconfianza y los intereses secretos de grupos poderosos.
Caza a la espía reconstruye una historia real sucedida en 2003, la del matrimonio compuesto por la mencionada espía Valerie Plame y su marido, el ex embajador Joe Wilson (Sean Penn). Plame se desempeña en el Departamento contra la Proliferación de Armas Nucleares de la CIA y dirige una serie de operaciones “en terreno”. Su esposo, en tanto, es enviado en misión secreta a África, continente en el que maneja una amplia experticia adquirida en su época como diplomático, con el fin de verificar las sospechas gubernamentales sobre una posible venta de uranio enriquecido a Irak.
Tras investigar acuciosamente, ambos llegan a la misma conclusión: Irak no tiene ningún programa activo de armas nucleares, tesis que no basta para impedir el avance de una guerra que, al parecer, nunca necesitó de pretextos. Cuando Wilson hace público su rechazo al conflicto, funcionarios de confianza de George Bush toman revancha revelando la identidad de su esposa: un verdadero escarnio de la prensa se cierne sobre el matrimonio, destruyendo su vida social, afectiva y su reputación.
En principio, Caza a la espía parece seguir a otros “thrillers políticos” post once de septiembre (tipo Syriana o El candidato manchuriano), aunque a poco andar nos damos cuenta que se acerca más al documental. Liman, además, pone su enfoque en el contrapunto entre la vida de espía y el esfuerzo por llevar a adelante una “vida normal” frente al barrio y las amistades.
Este detalle no es menor: Valerie Plame es una agente brillante, de ética y principios intachables. Su esposo, ex embajador, en ironía a su especialidad, sufre de una severa incontinencia verbal: nunca se pudo controlar frente a las expresiones xenófobas o belicistas de sus amistades; de igual modo, tampoco puede evitar escribir un artículo para el New York Times tras escuchar el discurso de George W. Bush anunciando la invasión a Irak. Es en el esbozo de estos perfiles que Liman obtiene su principal acierto: recordar que las grandes crisis políticas y de poder se generan por motivos tan prosaicos y humanos como un carácter impulsivo. Lo otro son las notables actuaciones de una entregada Naomi Watts y un siempre profesional Sean Penn. Suficiente para hacer de caza a la espía un producto recomendable.

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