Chile burbujeante y conflictivo

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Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

Se respira un ambiente privilegiador de antagonismos y conflictos, reinan las contradicciones vitales y abusos en todos los ámbitos de nuestra maltraída sociedad chilena. Por cierto que no es el único caso en el mundo, pero sí trátase de uno de los más endémicos y, como diría ese profesor de Física de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, padre Justino Henríquez, “uniformemente acelerado”. 

Transitando por las calles, avenidas y plazas de nuestro país, nos encontramos con distintos grupos de chilenos de todas las edades y clases sociales reclamando, gritando y, tantas veces, peleando a manotazos y puñetes por sus legítimos derechos.

Por estas horas, los funcionarios del Registro Civil tenían en vilo sus requerimientos. Nosotros, los profesores universitarios estamos regresando a nuestras aulas después de varios meses en paro. Los mineros en la zona del carbón desde sus pirquenes, y los otros mineros del norte, y más y más.

Los únicos que no reclaman son nuestros senadores, diputados, ministros, subsecretarios, jefes de servicios y demás “compañeros apitutados” en alguna pega oficialista. Eso, porque viven respecto de los demás connacionales al interior de una burbuja, absolutamente indolente, incluso respecto a las escuálidas cifras de apoyo que muestran las encuestas. Tanto así que la Presidenta y sus irrestrictos seguidores –cada vez menos– pretenden hacernos comulgar con ruedas de carreta, explicándonos demagógicamente que el mínimo apoyo hacia la primera autoridad, de uno de cada cuatro chilenos, es buen apoyo. En palabras de Condorito: “Exijo una explicación”. 

Mientras tanto, entre el caso Caval y el desacierto de las reformas, la opinión pública continúa asombrándose en ese periplo de errores no forzados. Ha sido la propia Presidenta la que dice haber incluido entre sus máximas preferidas el que “mañana puede ser peor”.

Y “afuera” el aire no está mejor que nuestros niveles de frescura política. También en la Iglesia Católica, hasta en la FIFA, y entonces nos damos cuenta que lo único que nos queda es nuestro hogar y nuestra familia.

En pleno siglo XXI es nuestro mejor estigma protector, por sobre la teoría del pituto y de las nulamente equitativas camarillas políticas, religiosas y de toda índole.

Si nuestras autoridades políticas han derrochado incapacidades y egoísmos, cultivando envidias y odios aparentes, siempre en beneficio propio, nosotros  alejados de aquel espíritu preferimos construir en base a lo que el genial Fuentes Quintana optó por privilegiar hablando de economía de las familias, derecho de las familias, dibujándola así como verbo rector y primer interés de la humanidad. Jamás habló de los parlamentarios, los ministros u otras autoridades incapaces de brindar felicidad al prójimo a resguardo de burbujas y conflictos.

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