Chile en vacaciones: ¿Y el tren?

Por lejos, los meses de enero y febrero  son  preferentemente de vacaciones para las familias chilenas. El ambiente es recreacional total y  son días que  siempre tienen gusto a poco en función del fenómeno “trabajo-ocio”.  Pero ¡cuesta de verdad sacarse el chip laboral y entrar sin más a este período en que mágicamente hasta lo urgente y lo doblemente urgente puede esperar! Chile vacacional es otro. Hoy estamos llenos de tiempos compartidos, de planes recreativos, turismo rural y festivales surtidos. Avión a su servicio en múltiples horarios y con toda suerte de tentadoras rebajas respecto de los precios usualmente normales. Buses  confortables, de última generación, de uno y dos pisos, a costos realmente bajos, a la hora que usted desee y para el lugar que  prefiera moverse.
¿Déficit? el tren, ese que un día Chile perdió y que sus habitantes aceptaron tácitamente olvidarlo. Recordarlo ya es grato  e imaginarlo funcionado de Arica  a Punta Arenas y de mar a cordillera toda una ilusión que, indudablemente, algún día del futuro inmediato llegará en favor de las chilenas y del turismo en general, ocasión en que otra vez disfrutaremos de su comodidad, seguridad, calidez y magnificencia.
En el concierto hispanoamericano, nuestro desarrollado país es una de las pocas naciones que carece del ferrocarril total. España, la más antigua entre sus pares, tiene una de las redes ferroviarias más extensas del mundo, simplemente extraordinaria, con sus trenes de lejanías y cercanías en amplio favor para con su población, en particular primer beneficio para la tercera edad. Europa en general, incluyendo por cierto al reino de España, nos presenta sistemas variados de pasajes que permiten recorrer países y continentes a mínimo costo por días, semanas y meses. ¿Por qué no tener el mismo dibujo en Chile y América?
Además, en algunas horas de este -su período estival- podrá usted  tener audiencias privadas con sus hijos o con los adultos mayores que les son tan próximos y que sin embargo en el año laboral poco y nada los ve y frecuenta coloquialmente. Quizá, hasta tenga el tiempo de observar alguna flor, como esa rosa de su propio jardín, a la que aún no había descubierto. El descanso veraniego hace que los paisajes mudos del año laboral hablen al tenor del tiempo ilimitado que arropa conversaciones y franco intercambio de opiniones, imposibles de tener a la vera de contratos laborales y cumplimientos de oficios. Es que la ecuación “tiempo-espacio o lugar- capacidad de acción y reacción” en este periodo es distinta, todo es diferente respecto del resto del año calendario. Todo es más nuestro.
Ocio sí, pero ocio del bueno, ese que antaño nos explicaron griegos y romanos; ocio, en tanto, tiempo para pensar, para meditar, para reflexionar que es el vehículo que permite el progreso de los pueblos y de las personas.

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