Chile, luz de esperanza para Latinoamérica

mablanco2María Angélica Blanco
Periodista y escritora.

“Estéril es la tierra que no produce héroes”, escribió José de San Martín, uno de los grandes próceres latinoamericanos que compartió los ideales de O´Higgins y de Bolívar.
Me siento orgullosa de haber nacido en esta tierra pródiga y fecunda de héroes, que lanzó su primer grito de rebeldía un 18 de septiembre de 1810 al instituir la Primera Junta de Gobierno  para desligarse de la monarquía española, y dar comienzo a su historia republicana y democrática.
Nuestra historia nos enseña que no hemos sido un pueblo sumiso. “¡Que o la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión!”, reza nuestro himno patrio. Héroes como José Miguel  y Juan José Carrera, Manuel Rodríguez, Ignacio Carrera Pinto, Arturo Prat y tantos otros, prefirieron ofrendar  sus vidas en vez de aceptar una humillante sumisión.
Ya trescientos años antes de Cristo así lo consignaba uno los textos más emblemáticos de teoría política, recurrentemente citado como ejemplo de defensa de la libertad. Se trata del célebre discurso de Pericles, que el historiador griego reprodujo en su obra La guerra del Peloponeso. En una de sus citas leemos: ”Para un hombre que se enorgullece de su patria y de sí mismo, más digno es morir con honor que padecer cobardemente la dominación y la arbitrariedad”.
Escribo estas líneas días antes de la ceremonia de traspaso del mando, en la que el Presidente Piñera entregará la banda tricolor y la piocha de cinco puntas de O´Higgins a la nueva Mandataria Michele Bachelet, con la certeza de que será una fiesta para la libertad y la democracia
San Agustín, en su homilía De urbis excidio, señalaba que los países los constituyen sus habitantes y que los pueblos son lo que son sus moradores y no sus paredes materiales. La grandeza de Chile está en su gente, reflejo del crisol de sus ancestros, que no se doblega ante la adversidad, que se levanta de las catástrofes, y que no acepta tiranías ni regímenes despóticos. Prueba de ello es que después de 17 años de dictadura militar, el triunfo del No fue clave en la recuperación de la democracia.
Las semanas previas a la investidura de la Presidenta Bachelet, la prensa difundió elogiosos comentarios de líderes mundiales sobre la importancia y el simbolismo de este acto cívico. El Vicepresidente de los EE.UU., Joe Biden, destacó la admiración y respeto que le merecía la Presidenta electa, señalando que la estabilidad política chilena constituía un ejemplo y una luz de esperanza para América Latina. También remarcó su preocupación por la crisis que atraviesa Venezuela, aduciendo que “es un país que está muy lejos de los estándares democráticos que definen a la mayoría de nuestro hemisferio”.
Somos espectadores de que muchos pueblos oprimidos salen hoy a las calles en demanda de regímenes democráticos, como ocurre en Ucrania, Egipto y Venezuela. Es una lástima que Maduro defienda la brutal represión que ejerce sobre los venezolanos disidentes amparándose en la burda farsa de una Revolución Bolivariana. Parece que olvidó los sólidos principios del libertador de su país, hombre sabio e ilustrado, quien en sus textos dejó de manifiesto que había que luchar contra la tiranía, la anarquía, la ignorancia y el vicio.”La opresión y la anarquía son hijas de las tinieblas. Por la ignorancia se ha engañado y dominado al pueblo más que por la fuerza y por el vicio se los ha denigrado más que por la superstición. El ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”, escribió. Definitivamente, todos los gobernantes latinoamericanos debieran leer a Simón Bolívar.

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