Chile Político: Demagogia y Contradicciones

Largo y angosto, entre cordillera y mar; seco y ultracálido desierto y heladas y blancas nieves. De costa enorme. Auténtico crisol de climas, no faltando ninguno a la cita de la naturaleza. Codo sur de esta América que nos pertenece, incluyendo misceláneo racimo de colores, destacando la multitud de matices cafés y verdes y un cielo privilegiado -bien lo saben universalmente los astrónomos- en que existen lugares como San Pedro de Atacama que en noche despejada nos parece del todo posible estirar el brazo para coger alguna de aquellas enormes y brillantes estrellas.
El común denominador de esta privilegiada belleza parece sintetizarse en el concepto “todos”: colores, climas, naturaleza, patrimonio, riquezas. Sin embargo, vista nuestra sociedad política, aquella hermosura se desvanece y el reino es otro, el del egoísmo y la inequidad más plenas y brutales. Es que como reza el significado de la palabra, en esta faja hay muchísima gente que no tiene casi nada, nada o muy poco, y un pequeño número de afortunados que tiene un poco más, mucho, muchísimo o demasiado. En medio de ambos estratos, quizás el más sacrificado de todos, el de la mitad, un poco más arriba o un poco más abajo, pero mitad al fin y al cabo, comúnmente denominada clase media. Ésa a la que nadie le da o regala nada y le solicitan, piden o cobran todo. Por eso ser chileno, en la mayoría de los casos es sinónimo de ser “sufrido” o “doliente”.
Nos delatan nuestras artes, canciones, poesías y demás, las que a través de sus letras y músicas vienen entonando eternos lamentos, desde siempre boleros y tonadas. Mistral y Neruda, incluso el copihue tiene forma de lágrima y con cada rocío matinal francamente llora. Sí, país de contradicciones en el camino de la demagogia de los hechos, senda en que atacando la más elemental de las lógicas de lo razonable hasta las íntimas fronteras de la salud y educación se han transformado en monedas de cambio o factores de comercio. Lo mismo sucede hasta con el agua potable y con los responsables de la contaminación del aire del que disponemos. ¡Todos! ¡Otra vez, todos! Somos responsables en una u otra magnitud de esta flagrante irresponsabilidad moral, política, económica, jurídica, ética, social y más.
¿Qué nos ha ocurrido? ¿Por qué la dignidad no tiene presencia total en este borde sur de América? Recorrer nuestros pueblos, ciudades, calles y parques resulta ignominioso ¡Qué enormes diferencias entre la realidad vital de unas y otras familias! Alguien propuso un sueldo ético de 250 mil pesos. ¿Y, en la más prístina y pura realidad, con una mano en el corazón nos preguntamos qué familia puede vivir con tan exigua cantidad a dividir al menos en 4 ó 5 personas? Vamos, haga el ejercicio, saque papel y lápiz y escriba cada una de las partidas de los gastos normales que mensualmente afectan a una familia chilena promedio: a lo menos deberá multiplicar los propuestos 250 mil por tres o cuatro veces ¡Nunca menos! El caso es que nuestros representantes, políticos y parlamentarios en general que deberían luchar por una real politik o política real, no lo hacen en los términos que aquí invocamos, porque ellos y su entorno viven otra realidad, la del otro extremo, disponiendo mensualmente de varios millones de pesos al mes. Desde la presidencia de la república hacia abajo, en el aparato político superior, ministros electoreros incluidos, hay otro Chile, otra realidad. En fin, el caso es que el Chile de los sin pitutos políticos, ese de los ciudadanos de carne y hueso, y no de los votantes de cada cierto período de tiempo no escucha cantos de sirenas y promesas vacías de verbos demagógicos. Y no lo hace, porque no tiene tiempo y debe imperiosamente trabajar, en lo que sea, siempre en el lado lícito, aun cuando la porfiada real politik lo mantenga en una indeseada cesantía como esa del millón de chilenos y chilenas.

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