Claudio Di Girolamo: “A Bellavista 0990 lo sacaron del aire por latero”

Claudio Di Girolamo
Hace casi sesenta años marchó literalmente con lo puesto desde una Roma asolada por la guerra para radicarse en Chile junto a su familia. Sin embargo, ya tenía muy claro su destino: el arte y la cultura. Venía de estudiar arquitectura y escenografía en la Academia di Belle Arti de la Universidad de Roma, una escuela “muy exigente”, recuerda sentado sobre un viejo pupitre de su taller, ubicado en su casa de la comuna de Vitacura, en Santiago.



Aunque reconoce que la principal escuela provendría de su propia familia, donde su padre, el pintor Giulio Di Girólamo, le enseñó desde sus primeros años las técnicas de su oficio, a la usanza de los maestros y discípulos de las viejas escuelas. Metodología y exigencia que, asegura, repitió como tradición a sus cinco hijos, transformando su casa en “un pequeño taller de la Edad Media”.


A pesar de esos felices recuerdos, dice que la enseñanza más importante se la dio la vida. Por eso se define como un sobreviviente, al que nadie “le viene con cuentos” como el de “la plata”, un elemento inservible en momentos de crisis. ”Una vez, en plena guerra, fui a buscar comida afuera de Roma con mi mamá. Ella volvió con unos bototos asquerosos de un campesino, todos hechos mierda, porque el campesino le dijo, mira, me gustan tus zapatos, quiero darle unos zapatos parecidos a mi mujer. Si quieres tomates, si quieres dar de comer a tus hijos, dame los zapatos y yo te doy de comer”, rememora reflexivo.


Durante los años siguientes en Chile, haría gala de su versatilidad trabajando en diversos proyectos pictóricos, generalmente de índole religioso, a través de murales para iglesias y edificios públicos. También fue ilustrador para las revistas Zig-Zag y Ercilla; fue Director Ejecutivo de Canal 13 (y creador del recordado espacio de humor agudo “La Manivela”) y Director de la Escuela de Cine de la Universidad Arcis. Hasta diseñó el famoso galardón “La Gaviota de Plata” del Festival de Viña del Mar. Pero fue en las tablas donde su labor es más recordada. Allí se inició en 1959 como escenógrafo del “Teatro El Ensayo” de la Universidad Católica. Luego fundó la mítica Compañía ICTUS, donde junto a actores de la talla de Jorge Díaz, Delfina Guzmán, Nisim Sharim y Jaime Celedón crearía una escena vanguardista que invitaba al debate crítico sobre la sociedad del momento, actividad que incluso se extendió a la realización de videos de ficción y documentales en los difíciles años de la dictadura militar.


Hace poco inauguró su capilla-oratorio “María, Madre de La Paz” para el nuevo edificio de la ACHS en Concepción y se mantiene trabajando en su mural “Encuentro de dos culturas” que estará ubicado dentro del mega proyecto urbanístico “Portal Valdivia”.



-En las reseñas sobre su estética se habla que Ud. recoge “la gran tradición pictórica europea” y que da importancia al color ¿Cómo definiría su obra y lo que está haciendo en Valdivia y Concepción?



-Mira, lo que pasa es que siempre me ha interesado el hombre como centro. En ese aspecto, si pudiera acuñar un nuevo título, sería neo-renacentista, en el sentido que pongo el hombre en el centro. En distintas etapas de mi vida, el hombre lo he visto en forma cubista, en forma expresionista, en forma surrealista, y ahora en forma más realista. Incluso, en el noventa y nueve por ciento de mi obra, que es religiosa, siempre he tratado de traer la historia del Cristo del hoy. Allí en la misma capilla (en Concepción), el ángel lleva poncho, la Virgen llega al campo donde Isabel que le está haciendo una cazuela, tiene ahí el choclo, el zapallo, los porotos verdes, el ají (ríe), tratando de mostrar una iconografía a la gente que la pueda hacer sentir más cercana. Pienso que es absurdo pensar que si uno hace algo para todo el mundo, tiene que echarle algo a la sopa. No se trata de llevar la cultura al pueblo, sino que la cultura ha sido siempre del pueblo. Y de a poco se ha ido estableciendo dentro de una elite. Antes no era así: la música era de todos, la pintura era de todos, la Cueva de Altamira no era de una élite.


-Pero, por ejemplo, en la época de los grandes compositores la alta música se tocaba en las cortes…


-Pero Mozart mismo agarraba todas las danzas populares y las trataba de meter dentro de su música, te fijas. Entonces, el arte popular siempre ha sido la gran fuente de todo el arte.


“UNO NO ES LO QUE DICE, UNO ES LO QUE HACE”



La recuperación de la democracia en 1995 dio pie a que numerosos artistas que hasta ese entonces se mantenían en el exilio o la semi-clandestinidad se incorporaran entusiastas a participar de lo que, suponían, sería el renacer de un gran movimiento cultural en el país. Di Girólamo se sumó a la cruzada, participando activamente en televisión en programas como “Bellavista 0990” y una fallida reedición de “La Manivela”. También incursionó en la gestión cultural desde el Estado, asumiendo la jefatura de la División de Cultura del Ministerio de Educación.


-¿Cuáles son las principales batallas que recuerda de ese período? Se lo pregunto porque aún hay gente que considera que el país tiene otras prioridades antes que la difusión de la cultura


-La principal batalla fue hacer entender a mucha gente que la cultura no solamente es el FONDART, no solamente los fondos concursables, sino que es un proceso en el cual tú tienes que enseñar a la gente a participar. Y por eso me metí con los Cabildos Culturales y hablábamos de Ciudadanía Cultural y empezamos a crear conceptos que eran muy importantes para entender que cada uno de nosotros no sólo tiene el derecho de acceder a la cultura como consumidor de cultura, sino como hacedor de cultura. La gente de la Población la Victoria, de La Legua, no sólo tiene que acceder más rápidamente a la cultura del punto de vista que tenga gratis los conciertos y lo que tú quieras ¿Quién se da cuenta de que ellos son capaces de crear cultura? Ahí puede haber pintores, escultores, gente que piensa la cultura (…) Entonces creo que ahí todavía estamos un poco atrasados, en el sentido que mucha gente piensa que la cultura es solamente el arte.


-Todavía hay gente del Estado que ve como algo suntuario el tema de la cultura…


-No es tan así, fíjate, Lagos tenía desde el punto de vista del arte y la cultura una cosa desde mucho tiempo, antes de ser Presidente. Yo lo conozco desde el tiempo de la dictadura, cuando iba a todos los estrenos del ICTUS y hacíamos foro con él, era una persona súper interesada en eso, tiene una colección de pintura excelente. Pero desde el punto de vista del Estado mismo, hay todo un problema de que este es ficticiamente un país presidencialista, porque de repente el problema está en el Congreso, donde hay muy poca preparación cultural. Yo me acuerdo cuando fui a defender mi presupuesto (de la División de Cultura) al Congreso, y hablé en mi presentación que no había un proyecto de país. Y hubo diputados de la oposición que dijeron “usted es estalinista”, sin pensar que el Estado debe tener un proyecto de país para planteárselo a la gente, no para obligarla. En base a eso empiezas a entender la cultura como algo súper importante.


-Durante su gestión se desarrollaron una serie de críticas a la forma de entregar recursos por parte del FONDART, sobre favoritismos o pitutos ¿Las reconoce o le parecen injustas?


-Lo que pasa es que en Chile, dado el tipo de sociedad que es, todos se conocen. Te digo honestamente, una de las razones por las cuales me salí de la División de Cultura -que el Presidente quería que me quedara- fue de que yo había pauperizado a mi familia, porque durante siete años la Claudia -siendo, para mí, la mejor actriz de Chile- nunca pudo participar en el FONDART, porque yo era director de cultura. Mis hijos trabajaban con el Gobierno. Desde ese momento no pudieron trabajar nunca más, porque se llamaban Di Girólamo. Ya eran una especie de… no sé, una lacra. Eso no puede ser tampoco.


-Hace poco circuló un mail que hacía una denuncia contra el Fondo de la Música. Acusaba una sociedad musical entre un jurado perteneciente a una famosa banda de rock y un participante de otra banda conocida…


-Mira, en el fondo-fondo, amargados hay siempre. En general, si tú vas viendo realmente los que alegan este tipo de cosas, el 80, 90 por ciento son gente mediocre. No son la gente que está en el top-top. Primero, no participan en concursos, les da lo mismo. Yo nunca he participado del FONDART, nunca he ganado uno y durante mi vida entera he hecho 100 murales. Tengo todos mis papeles de Europa, que sé yo, de la universidad y todo, y nunca tuve que mostrar nada a nadie. En ese aspecto, uno no necesita pitutos para demostrar qué es su obra. Uno no es lo que dice, uno es lo que hace.




TALCAHUANO, ¿QUÉ ES HOY?


-¿Qué opina del fenómeno masivo por el consumo de farándula? ¿Por qué cree Ud. que la gente demanda tanto este tipo de contenidos, que generalmente se asocian al morbo, al voyeurismo?


-Creo que pensar eso es cartuchismo, pero tampoco creo que la sociedad es así y que cualquiera que esté en contra es antisocial o esto otro. No se trata de imponer mi visión a todo el mundo. Si tuviera plata, te diría concretamente “mira: ARTV, cuánto necesita para armar una cosa que no solamente tenga programación envasada”. Porque hacen pocos programas en vivo, que por lo demás son buenísimos. Y ahora, desde otro punto de vista. Hacer una franja cultural. Cuando fui Director de Canal 13, llegamos a un convenio el año 70 con el Canal 9 y el 7, recién creados, para que los jueves desde las diez en adelante, sólo hubiese programación cultural. Y entonces empezamos a pelear la sintonía en base a la cosa cultural. Pero si en el mismo horario tú pones farándula o el último acontecimiento policial, tipo “Mea Culpa”, me “matai nomás”. Logramos hacer eso por un tiempo y fue una cosa realmente muy buena, la gente todavía se acuerda.


-¿Y qué fue lo que le sucedió a Bellavista 0990 que Ud. conducía junto a Nemesio Antúnez?


Teníamos muy poco rating y los ejecutivos de TVN dijeron que a Bellavista 0990 lo sacaban del aire por latero.


-Pero en TVN hubo una buena dinámica en los 90, que era la de comprar buenos productos culturales a las productoras, como “El Show de los libros”.


-No tengo idea qué pudo haber pasado. Pero no vengamos con cuentos que el problema es exógeno ¿Cuántos años que terminó Bellavista 0990? La última vez fue el 96. Imagínate, once años, y todavía en la calle me preguntan: “don Claudio, cuándo vuelve su programa” ¡Y lo sacaron por latero! Nos lo dijeron con todas sus letras los jefes a cargo de la programación. A lo mejor sus señoras les dijeron que lata esta cuestión, y ya, latero. Si hoy estuviera “Ojo con el arte”, que ahora es un mito, dirían que es latero. Hubo programas muy buenos aquí.


No puedo terminar una charla con Ud. sin hablar del patrimonio. Valparaíso fue declarado Patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y a pesar de los esfuerzos, da la sensación que la ciudad se cae de vieja ¿Existen otros lugares del país que Ud. considera olvidados, y que tuviesen un valor semejante en lo patrimonial?


-Por de pronto la atención ya se fijó en las iglesias de Chiloé. Pero ojo con el Patrimonio de la Humanidad. Esos generalmente son bienes materiales, pero la cosa inmaterial todavía no la tenemos. Todo lo que es la mitología chilota, la cultura mapuche de verdad, hay millones de cosas que pueden ser. Me gustaría que algún día ojalá desterremos la idea de recursos y capital humano y la cambiemos por patrimonio humano. El otro día un amigo de la firma constructora (de la capilla-oratorio) me llevó a Talcahuano y decía: “por Dios si la gente no tiene idea lo qué hay aquí”. Me empezó a contar de todas las cosas que había en ese lugar cuando era niño, los bosques, y unas historias maravillosas. Y Talcahuano ¿qué es hoy? Entonces, nos falta las ganas de bucear más al interior de lo que son las tradiciones populares de la gente, pero no entendidas como la Fiesta de la Tirana. Nos estamos olvidando de algo muy importante: un pueblo que no tiene memoria común, se va a la punta del cerro. Entonces, con el nuevismo (sic) en que estamos metidos, estamos matando la memoria común. Y la cultura es juntar memoria común.
TEXTO: Nicolas Sánches

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