Claudio y Pablo Bravo Hermanos a la obra

Crecieron en la construcción. Aprendieron del padre, asumieron retos como hijos y desarrollaron el espíritu de una empresa exitosa y en expansión. Los Bravo heredaron la visión del negocio inmobiliario y paralelamente crean proyectos en Concepción y Estados Unidos. Venden, sueñan y desafían todo. Ésta es la historia de dos empresarios jóvenes que quieren dar el testimonio que sí se puede levantar cimientos donde nadie lo pensaría. Los materiales son el amor al trabajo y la confianza en el Maestro que está más allá de todo.

Se abre la puerta del piso seis del edificio Security en Concepción y sonríen dos hombres jóvenes y guapos. Son los mismos de la foto que me enviaron al mail. Son los mismos que lucen radiantes en esa imagen, junto a un señor de pelo cano, que es su padre, su mentor y su mejor recuerdo.
Claudio Bravo Barrios, quien fue un renombrado constructor en Concepción, inició un negocio inmobiliario innovador, exclusivo e imponente, que contrastaba con su paciencia para desarrollar proyectos y su bajo perfil. Lo más rápido que le sucedió en la vida fue, quizás, encontrarse con la muerte de un día para otro, a sus 59 años, en el apogeo de su carrera profesional y cuando recién comenzaba a legar su obra.
“Nadie se imagina lo que hemos pasado”. Pablo Bravo Erazo (29), el hijo menor de su primer matrimonio, se frota las manos, sonríe nervioso y comenta que es primera vez que como familia de constructores se atreven a dar una entrevista.
Pablo dice que su papá les explicaba que el trabajo tiene que hablar por sí solo, que el foco debe estar en el hacer más y hablar menos, y que lo que importa no es la cantidad, sino la calidad de lo que se hace. “Ahora nos atrevimos a hablar, porque pensamos que podemos inspirar a otras personas a creer en sus sueños. Nosotros hemos logrado muchas cosas que ni siquiera planificamos. Tuvimos que asumir proyectos que quedaron inconclusos con la muerte de mi papá y paso a paso hemos ido avanzando con una lógica muy simple: aprender, trabajar y hacer las cosas bien”, explica.
Pablo es moreno, pelo oscuro y rizado, sonrisa grande. Él es grande también y tiene en su cara una notoria cicatriz. Le digo que no puedo dejar de preguntarle a qué se debe y me responde con muchos detalles, incluso íntimos, del episodio que lo marcó. Pero lo esencial es que fue un accidente en Pucón, que lo dejó prácticamente muerto. Dice que lo superó gracias a su fe, porque es un hombre de Dios, con todas sus letras. Así, Pablo y su hermano Claudio sortearon la enfermedad y muerte de su padre. Aunque aún les duele y se nota cada vez que lo nombran. Claudio se emociona, llora discretamente y confiesa que siente muchas deudas con el papá, porque se alejó tempranamente de casa, de Concepción, de Chile.
Pero cuál es la gracia de la Constructora Bravo. Fundamentalmente haber visualizado la construcción de viviendas para un segmento socioeconómico alto, levantando pocas construcciones, de gran metraje, de gran calidad, alto estándar estético y de mucho valor económico. Y el concepto aquí en Concepción fue tan exitoso que Claudio, con 25 años, llegó a replicarlo en Estados Unidos con el mismo resultado. En California, Bravo’s Real State llegó a un nivel de reconocimiento que varios medios de prensa especializada chilenos le han pedido más de alguna vez contar su hazaña. No lo habían hecho, hasta ahora.
“Mi papá se fue haciendo un nombre poco a poco, por las construcciones y las modelaciones que él hacía, porque nunca tenían falla. Se daba el tiempo y era muy prolijo, era detallista y trabajador. Fue pasando el tiempo hasta que empezó con el primer edificio que se llama Terrazas en Lonco. En ese tiempo yo estaba en primero básico y me lo pasaba metido en la obra, me subía a los camiones a hacer los movimientos de tierra, que quedaba en un cerro con una fuerte pendiente. Estamos hablando del año 91. El edificio fue todo un éxito. Más tarde comenzó con otro edificio que se llama Vallarta, en la avenida Alemana. Fue un edificio de departamentos, algo más grande, que se empezó a construir en el 96. Imagínate que son departamentos de 300 metros cuadrados. Algo que nadie se podía figurar en ese tiempo en Concepción. Mi papá se caracterizaba por hacer edificios de poca altura, mayor metraje y de buena calidad”, recuerda Pablo.
Los Bravo recuerdan la historia constructiva de su papá. Abren los ojos de emoción, se ven orgullosos, hablan de sus aciertos, de sus proyectos, de su intuición. Dicen que en la avenida Inglesa hicieron el edificio Boston y que ése se transformó en un ícono de su marca, pues eran departamentos de 500 metros cuadrados, sólo 10, emplazados en un terreno de casi 5 mil metros en el cerro y a pesar que se terminó en plena Crisis Asiática se vendió todo sin ningún problema.
Después salió la Quinta Junge en el 2003. Casas y edificios de departamentos, que son el orgullo de estos jóvenes, sobre todo porque el último en completar la serie, el Miró, tuvo que desarrollarlo Pablo cuando su papá partió. Fue su prueba de fuego, después de haber terminado su carrera de Constructor Civil y de completar sus estudios de inglés en Australia.
California boy
Mientras las construcciones empezaban en Concepción, Claudio Bravo Erazo (31) se fue a recorrer el mundo. Se fue a Inglaterra, llegó a Nueva York y se enamoró de California. No pensaba volver a Chile. “Aquí yo estaba muy cómodo, podría haber tenido una vida sin mayores preocupaciones pero opté por quedarme allá. Mi papá era una marca exitosa acá y yo no quería volver a depender de él, quería hacer algo por mí mismo. Quería probarme que era capaz y aprender cómo era construir  en Estados Unidos. Trabajé en la obra todos los días, me levantaba a las 5 y media de la mañana, ganaba 8 dólares la hora e hice de todo lo que podía hacer para aprender, y terminaba muerto. Manejaba camiones, tractores, trabajé con la pala, realmente el “labor labor”, lo hice. Yo sabía que no iba a quedarme toda la vida en eso, así que estuve un tiempo prudente, algo de tres meses, hasta que me sentí preparado para empezar solo construyendo”.
Así el joven Bravo se decidió. Había estudiado Retail Management, pero edificar era su forma de ver las cosas. Se dio una posibilidad para comenzar una construcción y  llamó a su padre, quien le respondió que estaba loco, que para aprender la pega eran necesarios al menos 10 años. “Sé que era difícil pensarlo, porque cualquier persona en el mundo que inicia una empresa y que quiere expandirse piensa en Estados Unidos. Yo soy un tipo intuitivo y si bien mi papá no estaba convencido, mi mamá sí confió en mí y me dio el dinero para comprar el primer sitio. Después vino la tarea de convencer al banco y lo logré. Me prestaron el dinero y comencé vendiendo mi primera casa en 300 mil dólares. Hoy vendo cada casa en más de un millón de dólares”.  El negocio, enfatiza, tiene dos áreas: el arriendo de propiedades y la remodelación y construcción de viviendas.
Claudio hoy está a cargo de la empresa en la acomodada ciudad de Rancho Mirage, localizada en condado de Riverside de California, donde tienen propiedades personalidades como Bill Gates, Lindsay Lohan, Bob Hope, la familia Reagan y la de Frank Sinatra. “Estando en California no pienso mucho en lo que conseguí, pero cuando estoy en Chile sí me doy cuenta que hemos dado pasos grandes e importantes. Nosotros nunca nos sentimos dueños de lo que mi papá logró, sabíamos que para conseguir resultados teníamos que hacerlo por nuestros propios méritos y medios. El miedo nos hizo luchar por nuestras propias cosas y tenerlas. Si eres cumplidor, honesto y trabajas bien, las cosas se van dando solas. Yo voy a reuniones que los bancos organizan con empresarios y no me invitan porque tenga dinero, sino porque somos cumplidores. Los bancos ven en nosotros lo que hemos realizado a través del tiempo y nos tienen en cuenta. Estamos con gente que maneja otra magnitud de negocios, es decir, nos codeamos con presidentes de firmas importantes, con bancos, con gente de verdad multimillonaria.  Y me da rabia y desilusión cuando llego a Concepción, porque veo personas que no le han ganado a nadie y le ponen el pie encima a la gente que trabaja con ellos… Me da impotencia eso, creo que nadie merece ser mal tratado y nadie es quién para tratar mal a otro”.
Los Bravo hablan de sus maestros, de quienes aprendieron la pega dura, la parte chilena de la “constru”. Porque así se aprende. Desde chicos, con los maestros obreros que hacen la obra gruesa. El manejo empresarial les llegó después de más grandes.
“Hemos pasado por tantas cosas en la vida, cosas buenas y cosas malas a pesar de nuestra corta edad… Nuestro desafío no va por el dinero, porque si así fuera podríamos hacer cosas mucho más rentables y echarnos en la playa. Pero cuál es la idea en la vida. La nuestra, al menos, es desarrollar cosas. Sentirnos orgullosos, dejar huella, marca y nos propusimos seguir haciendo cosas acá y en Estados Unidos sin proyectarnos mucho. Vamos paso a paso, proyecto a proyecto, siempre agradecidos de todo lo que se nos propone y podemos conseguir. Nosotros queremos trabajar y generar trabajo. Nunca ha sido un propósito la cantidad, sino la calidad de la obra, porque mi padre podría haber hecho cinco edificios en un terreno, llenarse los bolsillos; pero él era visionario y estaba para otras tareas. Por eso, dejó un tremendo legado constructivo en Concepción. Nadie hizo lo que hizo él a ese nivel y eso es lo que estamos replicando en Estados Unidos”, recalca Pablo.
Claudio reflexiona que mientras sus compañeros de universidad, por ejemplo, recién están cambiándose de carrera o empezando a trabajar, ellos ya tienen un buen trecho recorrido. “Lo que hemos logrado lo logramos solos, sin la ayuda de nadie, pero con el legado que dejó mi padre en nosotros. El amor al trabajo y al trabajo bien hecho. Somos tranquilos, deportistas y enfocados al trabajo, siempre pensando qué pasaría si el día de mañana mi papá no estuviera.
Eso te incentiva a hacer cosas, a luchar por un objetivo. Está bien que tu papá sea exitoso, pero es tu papá, no tú. El día de mañana vas a tener familia, vas a tener hijos y familia y sólo el empeño en el trabajo es lo que vas a entregarles. Nosotros somos relativamente conocidos y pienso que las personas a veces sólo tienen una mirada superficial de lo que tenemos y no saben  lo que hemos sufrido. La muerte de mi papá fue un golpe fuerte, pero también por lo que se generó con su partida”.
Pablo y Claudio se miran. Son muy socios, muy hermanos. Quieren hacer cosas grandes. Para eso se instalaron en su nueva oficina. Cuentan que se viene un proyecto en septiembre para Concepción y que aún no pueden dar muchos detalles. Confían en su olfato, en la intuición que heredaron del padre, la misma que los llevó a adquirir propiedades muy baratas durante la crisis Subprime. Compraron casas nuevas, comenzaron  a invertir, invertir e invertir  y realmente fue una excelente oportunidad. La misma que hoy ven en Concepción, ciudad que les significa un gran desafío, sobre todo, después del terremoto de 2010. “Por lo que veo, la gente ahora valora mucho más la vida y está más abierta a  adquirir cosas que nunca antes se hubieran atrevido, porque se dieron cuenta que un fenómeno natural de esta magnitud puede echar abajo una ciudad completa. Y por lo mismo, la gente se volvió más exigente, busca calidad y seguridad. Y también se da sus gustos. Creo que la ciudad ha crecido harto y va a crecer más. A mí me sorprende lo que ha avanzado”, recalca Claudio.
Claudio hoy está a cargo de la empresa en la acomodada ciudad de Rancho Mirage, localizada en el condado de Riverside en California, donde tienen propiedades personalidades como Bill Gates, Lindsay Lohan, Bob Hope, la familia  Reagan y de Frank Sinatra.
Los Bravo muestran con orgullo sus maquetas, las fotografías de sus edificios y también las personales, juntos con su papá, en Punta del Este y en Estados Unidos.
-¿Y dónde quieren llegar? Han llegado alto con sus edificios y al otro lado del continente…
“Mi padre decía una cosa y creo que es lo que nos dejó como herencia. Si no eres agradecido de la vida y de Dios no llegas a ninguna parte. La enseñanza, como nos formó es lo que atesoramos de él. Hay cosas que no pudimos hacer. Su vida fue corta, pero no por eso fue menos intensa. Lo hemos llorado, lo extrañamos. Pero así mismo nos hemos hecho fuertes. Nos probamos y hemos sabido afrontar. Creo que somos exitosos, pero la idea más que decir que logramos cosas y que se puede conseguir dinero, o que se puede llegar a tener éxito en un lugar lejano, es que la búsqueda de los sueños está dentro de uno, que  sí se puede llegar a conseguir. Hay que creer. Y no sólo en uno. Si no en alguien que está más allá. A fin de cuentas, de Él es esta obra y nosotros sólo ayudamos a construirla.
Por Carola Venegas | Fotografías: Gino Zavala

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