Colonialismo versus nacionalismo

Por Mario Ríos Santander.
Por Mario Ríos Santander.

Europa debe ser el continente con el mayor número de centros de estudios humanísticos. Los asuntos propios de la ciencia, salvo excepciones, tienen otros paraderos calificados. De partida EE.UU. invierte miles de millones en ciencia. Escuelas dedicadas a la sociología están ausentes. ¿Será ésa la razón por la cual escasean los poetas? Algunos han llegado a sostener que siquiatras, sicólogos, todos ellos en gran número, eliminaron la poesía. ¿Será cierto?
Europa financia prácticamente todos los centros de estudios políticos y humanistas de Chile. También a ONG indigenistas, medio ambientalistas y otros. Por ello los líderes sociales, ubicados desde el centro político hacia la izquierda, cumplen sagradamente el rito de visitar año a año cuanta fundación existe para ponerse al día en esto de las colaboraciones. Al revés, aquéllos ubicados desde el centro hacia la derecha se ocupan de otro continente, Asia, que en verdad no cuenta con ninguna fundación, pero sí ofrece muchos negocios. Habría que ver qué es mejor para el país. De pronto la suma de ambos, pero en dosis adecuadas puede resultar positiva. De partida los que concurren al Asia pagan impuestos en Chile. Los otros, los reparten.
Ahora Europa vive su propio drama. Uno más de los tantos que le ha correspondido vivir. Es un hecho complejo, cuya dimensión necesariamente debe observarse a partir del colonialismo, que por varios siglos practicaron sus países y cuyos resultados son simplemente dramáticos. La imagen de África produce esa tristeza reflejada en niños, cuyo horizonte no existe. Iglesias diversas tratan de amortiguar la desesperanza, pero todo sigue igual. Entonces sus habitantes, pordioseros sin patria alguna, se van a Europa a buscar la riqueza que de sus tierras se llevaron. Se les llama migrantes, y copan las calles de París, Londres, Ámsterdam, Berlín en busca de una vida mejor. Otros, árabes, musulmanes, también colonias europeas en el siglo pasado, hacen lo mismo. Los europeos se ponen nerviosos. Sus centros humanistas mantienen silencio. Acostumbrados a financiar revoluciones ajenas no son capaces de resolver la propia. Y surge lo inevitable, el nacionalismo. La advertencia de “Europa para los europeos” comienza a sentirse con fuerza. Marine Le Pen en Francia, Nigel Farage en el Reino Unido; otros nacionalistas, aunque su raíz sea comunista, como Alexis Tsipras, de Grecia, que se ha hecho fuerte condenando la globalización, simplemente no aguantaron más y comienzan a ganar elecciones. Ninguno espera votos de emigrantes, por el contrario, buscan a los que se oponen a ellos, y triunfan. Italia es el único que se salva. Seguramente porque cuando quiso ser colonialista le fue mal. Más bien prefirió asentarse en Argentina que acogió italianos por millares y los dejó vivir y trabajar tranquilos. El Papa Francisco es uno de ellos. ¿Qué harán los europeos? No vienen tiempos de paz. Sus colonias copan su territorio y aunque no han logrado aún ninguna figuración social, académica ni política, no están lejos los días en que ello cambie. ¿Qué harán los nacionalistas? Es un misterio.

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