Columna de Roger Sepúlveda: De imposiciones y acuerdos constituyentes

Roger Sepúlveda Carrasco, Rector Universidad Santo Tomás Región del Biobío.

De sumo interesante se ha transformado el actual e inédito proceso constituyente en Chile, una experiencia que a nivel internacional es visto por países y expertos que más de una opinión ya han entregado al respecto.

Este proceso busca entregar al país y a sus habitantes una nueva constitución política, por lo que debe ser observado y tratado con el mayor de los cuidados democráticos, bajo sus reglas y prácticas. Es por ello que tanto la forma como el fondo aquí deben ser muy atendidos y cautelados, pues si bien no es menor cosa, tampoco es una pócima mágica que solucione todos nuestros problemas.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, RAE, en su quinta acepción, la palabra “acuerdo” significa: reflexión o madurez en la determinación de algo. Asimismo, para la palabra “imposición”, la RAE, en su segunda acepción indica que es: exigencia desmedida con que se trata de obligar a alguien.

En conversaciones y foros donde se ha podido ver y escuchar a nuestros constituyentes electos, se han deslizado expresiones que, probablemente, no sean las más prudentes, ni menos, las que el actual proceso requiere, como aquella que decía que: “Los grandes acuerdos los vamos a poner nosotros y que quede claro, y los demás tendrán que sumarse”, lo que denota un tufillo de sectarismo, un abierto revanchismo y una actitud inicial que cierra las puertas al diálogo para obtener puntos en común que sean beneficiosos para todos.

Lo anterior, finalmente, solo le resta protagonismo y confiabilidad al proceso que es colectivo y no de individualidades.

La democracia y los acuerdos que Chile requiere solo podrán avanzar en la medida que existan las voluntades para ello, por lo que imponer se aleja precisamente de aquello. En la historia del mundo, de sus sociedades y países, las elecciones siempre han arrojado vencedores y vencidos, lo que no puede ni debe significar, bajo ningún punto de vista, que los primeros puedan “eliminar” simbólica o físicamente a los segundos.

No es prudente pretender sacrificar la pluralidad que Chile legítimamente posee, donde de manera evidente y natural no todos pensamos ni votamos de la misma manera, entonces, más que buscar el cómo impongo mi ideario, el desafío al cual nos invita esta nueva constitución política es a considerar de qué voy a ser capaz de desprenderme para buscar un acuerdo.

Nuestro proceso constituyente se debe construir con todos, pues solo de esta forma la sociedad chilena podrá legítimamente -en su conjunto- considerarse parte de él. Aquí no estamos hablando de un análisis lineal de mayorías aritméticas electorales, sino de la sana convivencia que debe existir en todo país, donde no se puede pretender sacrificar la libertad alienándola en su expresión a solo poder ser una adhesión a las mayorías.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

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