Comunicación Positiva como herramienta de gestión

Hace unos días llegó a mis manos (¿o debería decir a mi pantalla?) un extracto de un artículo escrito por Marcus Child (*).  Él es un inglés especialista en cambios organizacionales, que según he podido investigar, goza de una muy buena reputación entre la gente que asiste a sus talleres o recibe sus asesorías.  Él plantea que la mejor manera de capear los tiempos difíciles es desarrollando el hábito del optimismo, ya que estudios demuestran que cuando las personas estamos estresadas o temerosas, nuestra mente trabaja con menor eficiencia que si estamos confiados en el futuro y enfrentamos los desafíos con una mirada positiva.
Me llamó muchísimo la atención su artículo – el cual leí con gran interés – recordando la campaña Piensa Positivo que se desarrolló en diferentes etapas entre los años 2001 y 2003, precisamente cuando estábamos enfrentados a la Crisis Asiática.  Esta campaña fue, sin proponérselo, motivo de debates y opiniones diversas. De hecho, en un principio, ciertos sectores consideraron que hacer una campaña  que alentara a la gente a pensar positivo, poniendo énfasis en que deberíamos ver el vaso medio lleno y no el medio vaso vacío, no correspondía a una situación en la cual la gente estaba pasando por apreturas económicas muy severas.  Sin embargo, los diversos estudios que se hicieron de post evaluación demostraron que una gran mayoría de chilenos  no sólo recordaba y evaluaba positivamente la iniciativa, sino que al mismo tiempo declaraba que efectivamente los mensajes les habían posibilitado un cambio de paradigma y que la mirada positiva les permitía sentir que desde el inicio ya tenían la mitad del camino avanzado, o mejores posibilidades de éxito. Es decir, que la tesis de la comunicación positiva y sus efectos ya han sido probados en nuestro país
Lo que se propone en el artículo también coincide con algunas campañas que he podido observar en los últimos meses, y que se trata de  iniciativas en este mismo espíritu, provenientes de distintos países, ya sea  de gobiernos o corporaciones, que ponen  énfasis en una mirada esperanzadora del futuro; en concentrarse más en lo positivo que en lo negativo; en contar los bienes más que las carencias; en preguntarse qué puede hacer cada uno para contribuir con el estado de ánimo de las personas y países.   Creo no equivocarme al decir que esta forma de enfrentar los momentos críticos es definitivamente una novedad, y que lejos de ser una idea aislada se ha ido convirtiendo poco a poco en una tendencia que suma muchos adeptos, incluso entre aquellos más pragmáticos.  Al parecer, entre los ejecutivos y líderes de hoy, la visión optimista se está transformando en un estilo de gestión.  Sin ir más lejos, Child propone 12 hábitos para generar optimismo en las organizaciones, empresas y grupos de trabajo.   Me gustaría compartir con ustedes 3 de ellos, los que me parecieron los más fáciles de aplicar.
El primer hábito para cultivar es el de contrabalancear los reportes negativos de la empresa (que sin duda habrá) con algunas noticias o referencias positivas.  Por ejemplo, compartir con el equipo  historias positivas de consumidores, buenas conversaciones con proveedores o compradores, incluso noticias rescatadas de los medios que aunque breves y aparentemente insignificantes, ayudan a mantener en equilibrio la realidad.  El segundo hábito les  propone a los gerentes y directores convertirse en la persona  más disponible posible para sus colaboradores y colegas en general; de modo que éstos puedan compartir sin dificultad sus inquietudes, hacer preguntas, chequear ideas, recibir feedback;  tanto como tener la posibilidad de sentir directamente el aura de confianza que debería prevalecer en los líderes.  El tercer hábito que recojo es promover el principio de “Controlar lo Controlable”, es decir, en vez de gastar tiempo y energía en discutir y lamentarse de aquellas situaciones que no son controlables, es mejor destinar la misma energía y tiempo a aquellos problemas que efectivamente dependen de nuestra gestión.
Finalmente el autor nos desafía diciendo que si no se nos ocurre nada positivo para decir, que nos aguantemos un par de minutos hasta que pensemos en algo bueno.
Sin duda la propuesta es interesante y además aplicarla “es gratis”; eso sí, como cualquier hábito, para crearlo hay que practicar cada día.  Tal vez, esta nueva herramienta de gestión nos da buenas sorpresas y buenos resultados, y de paso nos hace haga felices y menos estresados.  Buena suerte con el intento.
(*)  Si quiere saber más de Marcus Child y su método recomiendo buscar en www.positivereframe.co.uk

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