CON MIS DISCULPAS

Pocas lecturas deben resultar más latosas para cualquier chileno que las relacionadas con el Transantiago. Se ha cumplido un año de una política pública mal concebida, peor diseñada y pésimamente puesta en funcionamiento. Sobre esto parece haber amplia y abrumadora unanimidad: un desastre completo.

La cuestión alcanzó tal nivel de mala percepción por parte de la ciudadanía que, aunque parezca increíble a estas alturas nadie duda que sólo puede mejorar.
Por otro lado, como ocurre con tantas otras materias en nuestra sociedad, nadie “pagará el pato” ni será responsabilizado, mucho menos sancionado por esta equivocación que tanto sufrimiento y costos le han significado a nuestros conciudadanos. Sólo algunas cifras para ejemplificar lo anterior: según como se saquen las cuentas el Transantiago ha costado cerca de US$2.000 millones a los chilenos. Si se consideran sólo los costos operacionales, medidos como lo que se le ha entregado al sistema de transporte santiaguino para que funcione, entonces la cifra va en el orden de US$550 millones. Estos últimos terminan siendo el equivalente a más de 32.000 viviendas sociales. Por supuesto, si se considera el primer número las viviendas sociales pasan a ser casi cuatro veces las mencionadas. Esto es mucha plata para que nadie se ponga siquiera colorado por el fracaso.
El principal impulsor del sistema, el ex Presidente Lagos, ha formulado declaraciones asombrosas en el sentido que el Transantiago le ha significado un altísimo costo personal, porque ha sido dura e injustamente atacado por razones más políticas que de otro orden (!!!). No se le ha escuchado el más mínimo mea culpa o expresión de disculpas para con los chilenos de Santiago a los que se les ha perjudicado la vida, alargado los tiempos de traslado, apelotonado, humillado y tratado casi como animales. De paso y probablemente sin querer “reventaron” por sobrecarga un legítimo orgullo nacional: el Metro capitalino.
A mediados del año pasado se le entregaron US$290 millones al Transantiago para equilibrar sus finanzas hasta fin de año. Se trataba de reducir el déficit operacional llevándolo a cero, en palabras del Ministro Cortazar. Esto, como ha sido ampliamente difundido, no ocurrió porque en diciembre pasado ese déficit superó los US$40 millones. Todo mal entonces.
Para “compensar” a las Regiones de este gasto en la capital se informó que se les entregaría la misma cantidad (US$290 millones) cosa que ocurrió de forma distinta: se les entregó US$100 millones y se les ofreció préstamos (con devolución) por los US$190 millones restantes (al Transantiago estos recursos se le aportaron sin devolución). Nada equitativo ni mucho menos compensatorio en la realidad. Sorprende en este punto la pasividad regional. ¿Dónde están los Intendentes, Senadores, Diputados, Consejeros Regionales, Alcaldes y Concejales que no han peleado esto?. ¿Qué pasa con los recursos de todos los chilenos que se asignan sólo en beneficio de la Región Metropolitana?. ¿Dónde están los regionalistas?. Parece existir una maloliente conspiración del silencio, transversal y grotesca, que permite abusos de esta naturaleza.
El asunto no da para más. Ciertamente ni Ud. ni nadie quiere seguir escuchando del Transantiago, pero el tema sigue siendo muy turbio. Piense que la tarifa de este pésimo servicio sigue congelada -porque no se atreven a subirla- lo que hace que el transporte en Santiago sea subsidiado con recursos públicos. ¿Y por qué no también en Regiones, si fuésemos de verdad equitativos?. Acepte por favor mis disculpas por tratar nuevamente este tema. Pasa que de una política pública fracasada se está llegando a un escándalo nacional.
Eugenio Cantuarias Larrondo

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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