Concepción, una postal inmortalizada en el DibujaConce

El movimiento de personas que se junta a dibujar las ciudades en todo el mundo también habita la capital del Biobío. Aquí, un grupo de apasionados por las acuarelas, los lápices y las bitácoras se reúne el primer sábado de cada mes a “readmirar” y retratar la ciudad, transformándose en el colectivo de dibujantes más numeroso del país.

Por Ximena Perone | Fotografías gentileza Andrea Aravena
Pedro Mora, Hernán Barría, Edmundo González y Cristián Tapia.

Una hoja en blanco es un nuevo comienzo. Y tal como le sucede a un periodista o a un escritor que quiere contar una historia, ese papel vacío también se terminará transformando en un desafío para un dibujante o un ilustrador. Es un viaje infinito que comienza en sus ojos. Los rayos luminosos se aventuran hacia la pupila y son enfocados por el cristalino sobre la retina. Allí habitará esa imagen invertida que cada cerebro interpretará de una manera única, excepcional, y que luego se verá plasmada entre trazos, rayas y pinceladas, creando un particular universo de acuarela.

Dibujar es buscar en la caja de los sentidos lo que provoca un objeto o una escena, y es la acción más primitiva que todos en algún momento de nuestra vida experimentamos. En el imaginario o en el papel, el dibujo permite plasmar y hacer realidad aquello que deslumbra. Cuando la habilidad de dibujar se hace patente, surge el placer por cultivar ese hermoso acto artístico y además, para muchos, nace la necesidad de compartirlo.

Éstos son quizás algunos de los pensamientos que motivaron a cuatro arquitectos de Concepción para “juntarse a dibujar”. La espera por un café, un asiento de avión rumbo a México, en el puente mirando el Bío Bío y la lluvia, o una cicletada familiar por la ciudad son parte de las innumerables escenas que toman vida en el papel de la mano de estos dibujantes.

Así, los arquitectos: Edmundo “Mumo” González, de la Seremi de Vivienda y Urbanismo; Pedro Pablo Mora, urbanista de Minvu Bíobio; Cristián Tapia, docente universitario de Dibujo y Patrimonio, y Hernán Barría, profesor de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Diseño de la UBB, deciden crear el grupo llamado DibujaConce. Estos arquitectos, ligados además a la docencia y a la labor pública, ilustran como pasatiempo y también como un trabajo. Tienen una mirada informada y crítica sobre el desarrollo de la ciudad, reconocen el valor del patrimonio y de conservarlo, y además creen que potenciar la afición de dibujar colectivamente puede contribuir a fortalecer la identidad de los penquistas.

Para Pedro Mora -que siempre va con una bitácora en el bolsillo-, el DibujaConce es el resultado de la formalización de una actividad y de un hobbie personal que realiza de manera “informal” desde que tiene memoria, por el solo gusto de dibujar lo que sea en el lugar que sea. “El hecho de lograr contactarnos con otros colegas y personas igual de fanáticas por el dibujo me motiva aún más, ya que hacerlo de forma colectiva te permite interactuar y conocer distintas formas de apreciar la ciudad y sus rincones”, expresa.

Para el profesor Cristián Tapia, esto es una práctica habitual. “Creo que a los cuatro nos motiva mucho dibujar porque nos gusta hacerlo. Además, el dibujo es una herramienta que intuitivamente usamos desde niños para entender y mostrar el mundo desde nuestra propia visión. Por eso nos entusiasmó la idea de salir a dibujar e invitar a quienes quisieran sumarse, sin ninguna obligación o presión, sino sólo por el hecho de disfrutar de esta afición”.

Dibujar es tendencia mundial

Fue así como el primer sábado de agosto de 2018 se materializó esta idea con una primera salida abierta a la comunidad. La locación elegida fue la imponente Universidad de Concepción en los alrededores de su Foro. Allí, un día nublado en pleno invierno, llegaron tímidamente unos 25 dibujantes de distintas edades y la mayoría desconocidos entre sí.

Aquel día se dispusieron a retratar lo que veían y luego a compartirlo. Eso es parte del sentido del DibujaConce, un movimiento penquista que se identifica con la tendencia mundial llamada Urban Sketchers, pero que crea su propio concepto desde la identidad territorial.


El movimiento Urban Sketch nació en 2007, y fue creado por el periodista e ilustrador barcelonés Gaby Campanario, quien actualmente vive en Seattle, Estados Unidos, y que cuenta con un sitio privilegiado en uno de los periódicos más prestigiosos del país, The Seattle Times, para ilustrar la ciudad a mano alzada.

Campanario fundó esta organización sin fines de lucro después de ver un número creciente de personas que compartían sus dibujos en las redes sociales.  A través de Flickr visibilizó sus bocetos urbanos, extendiendo la invitación a una suerte de “dibujantes corresponsales” en el mundo, que se comprometían a publicar constantemente las historias detrás de los bocetos.

Desde entonces, son cada vez más los que se unen a este movimiento en distintos países y ciudades, y Chile no es la excepción. En Santiago, Urban Sketchers Chile existe desde 2013. Fue creado por Daniela Monterrosa, Rosario Muñoz y Erika Bradner, quienes formaron el capítulo local. Muestran sus dibujos a través de Facebook e Instagram, este último con 1.509 seguidores. En tanto, su símil penquista, DibujaConce, cuenta con 1.574 a sólo cuatro meses de creado el proyecto en Concepción.

Otro de sus fundadores, Hernán Barría, explica que ambos grupos tienen muchas similitudes. Los Urban Sketchers, dice, son una comunidad global de dibujantes urbanos, un referente mundial. “De hecho, su lema es mostramos el mundo, dibujo a dibujo. Como DibujaConce estamos en contacto con Urban Sketchers Chile, que agrupa “croquiseros” de Santiago. La diferencia con ellos es que nosotros también convocamos a fotógrafos y audiovisuales. Esto ha permitido generar un registro audiovisual increíble de cada una de las salidas a dibujar, un registro que complementan los dibujos o croquis que diariamente compartimos a través de Instagram”, dice.

Edmundo “Mumo” González agrega que DibujaConce puede definirse como un paseo para retratar la ciudad. “No competimos respecto de quién dibuja mejor o peor. Nosotros, en nuestras salidas sólo señalamos el área y los participantes eligen qué dibujar: el patrimonio arquitectónico, las personas del lugar, la vegetación, todo es parte de la observación de la vida urbana”.

Destacar el patrimonio arquitectónico

Cada salida organizada por este grupo de ilustradores tiene un fundamento que sustenta la elección de una locación. De esta forma, el segundo encuentro, en septiembre de este año, tomó como temática la Diagonal Pedro Aguirre Cerda, un espacio que surgió después del terremoto de 1939 para unir la ciudad universitaria con el centro de Concepción, tal como lo expresa el afiche de esta cita.

Salir a dibujar estos espacios, sostienen en la agrupación, constituye un acto de reconocimiento del patrimonio que conforma la ciudad, su historia, sus personajes y también el presente y el cambio de los escenarios con el paso de los años.

Cristián Tapia añade que el gran aporte es propiciar un espacio para sentarse a dibujar la ciudad desde la perspectiva de cada uno. “Hay mucha gente a la que le gusta dibujar, y que no lo hace por vergüenza de que lo vean dibujando solo en la calle, o por creer que no quedarán conformes con el resultado”.

En sólo cuatro meses, han logrado exitosas convocatorias, “con personas en muy buena onda, con ganas de disfrutar dibujando y mejorar su técnica”, comenta Tapia. Por otro lado, el dibujo es también una herramienta de memoria, que fija un momento y un lugar. El dibujante registra un momento y ese dibujo puede quedar por generaciones. La pintura rupestre, por ejemplo, fue la primera manifestación de esto y gracias a ella podemos saber un poco más de la vida hace miles de años.

El DibujaConce tiene un potencial tremendo respecto del aporte que puede ser para esta ciudad, opina Pedro Mora.  “Nos hemos dado cuenta, entre quienes han asistido a las salidas colectivas, que existe un aprecio enorme por lugares emblemáticos de la ciudad de Concepción, por la puesta en valor de rincones muy queridos, elementos, plazoletas y edificios, muchas veces unidos a recorridos que hacían en su infancia o con un valor sentimental más profundo, lo que hace que cada dibujo, bosquejo o croquis tenga un valor final mucho mayor”.

Agrega que así, cada vez que se atreven a dibujar con más personas a su alrededor, logran superar su capacidad de socializar entre ellos y con quienes los ven y preguntan qué hacen. “Algunos, incluso, se detienen a contarnos su historia del lugar que estamos dibujando. Es una herramienta que nos permite ver la ciudad desde otro punto de vista y registrarla de forma ilustrada, única, in-situ, con el valor agregado de cada autor”.

El profesor Hernán Barría sostiene que dibujar aporta miradas únicas e irrepetibles de la ciudad. “Esto aporta una valoración de distintos barrios, lugares o paisajes urbanos o naturales. Por lo que dibujar Concepción es redescubrirlo, volver a mirar lo cotidiano y compartir esas miradas entre nosotros, ya que al final de cada salida nos juntamos y conversamos sobre lo que dibujamos o nuestras diferentes técnicas. También, muchas veces, dibujar in situ, en el espacio público, es una instancia para conocer y conversar con otras personas sobre la ciudad o el barrio en que viven, una interacción que personalmente encuentro genial. Es una conversación casual sobre arquitectura, patrimonio e identidad, temas que a la mayoría de las personas le interesan”.

La iniciativa es también un llamado a la revalorización de la identidad local, “re-conociendo la ciudad y viéndola nuevamente con ojos de turista”, dice Edmundo González. Añade que también permite generar un registro de la ciudad de acuerdo a la mirada personal de cada dibujante que participa en las jornadas, “el cual genera un aquí y un ahora en la historia de nuestra ciudad, y permite ver los elementos que son identitarios en el imaginario colectivo del penquista”.

En la cuarta salida de noviembre, el escenario elegido fue la Remodelación Paicaví, espacio que ha estado en la polémica por el resguardo al patrimonio liderado por sus propios residentes. Se trata de un conjunto habitacional construido en 1965 por encargo de la CORVI (actual MiNVU) y diseñado por los arquitectos del grupo TAU (Taller de Arquitectura y Urbanismo): Julio Mardones, Gonzalo Mardones, Jorge Poblete, Sergio González y Pedro Iribarne, tras ganar el concurso realizado en 1964.

Un conjunto de gran belleza que nos recuerda la importancia de los espacios verdes y los puntos de encuentro de sus habitantes y la dinamización de este barrio. Un lugar emblemático de la ciudad, entre Paicaví, una de las principales arterias penquistas, y la plaza Condell; un espacio verde, amplio y con un odeón blanco en uno de sus costados, antecedido por una singular pileta.

Cada dibujante se sitúa frente a lo que ve. De esta forma se inmortaliza un conjunto de teselas que luchan por no caer de las fachadas, las baldosas en sus portales y paredes con una exquisita estética, que evocan los años 60; la luz que entra por el cielo del edificio, y la vida que aún respira a vecindad pese al deteriorado estado de sus áreas verdes y locales abandonados, diseñados para funcionar como almacenes, venta de abarrotes  y otros servicios para su comunidad. En definitiva, un registro imperecedero de las cientos de postales que descubrimos en esta ciudad.

El futuro de la agrupación

Después del último dibujo siempre viene el siguiente. Así como tantas páginas encontramos en las bitácoras de estos apasionados, existen también las ideas y proyecciones para este movimiento penquista, pues implica mucho más que el acto de dibujar.


El arquitecto Pedro Mora, cree que “estas primeras cuatro salidas a terreno han dado para pensar abiertamente en todo ámbito de acción”, dice. Estas proyecciones incluirían la puesta en valor del patrimonio local, difusión de la riqueza del dibujo a mano alzada, la utilización de técnicas mixtas para expresar ideas en el dibujo, interacción con el mundo académico, público y privado, y muchas otras que se podrían traducir en documentación y publicaciones que dialoguen y den vida a esas ideas.

Algo que comparte Hernán Barría: “Las proyecciones de DibujaConce son muchas. La primera es seguir dibujando y, de esta manera, conocer y valorar mejor nuestra ciudad, sus distintos barrios o lugares. Por otra parte todo el registro gráfico y audiovisual puede ser parte de una futura exposición o publicación. Como, por ejemplo, una guía dibujada de arquitectura y barrios de Concepción”.

Las buenas  ideas crecen y se van compartiendo en lo colectivo. Así lo señala el arquitecto Edmundo González: “Nosotros creemos como equipo que DibujaConce es una buena iniciativa, y el paso lógico es ir creciendo cada vez más”.

Así, en una primera etapa podrían sumar comunas aledañas a sus nuevas salidas; aumentar el número de participantes por cada una y generar instancias de exposición de sus registros. Posteriormente, buscarán generar publicaciones en torno a este mapeo de la ciudad y talleres de aprendizaje. Y es que, como equipo, entienden el potencial de esta iniciativa y tienen algunas ideas en paralelo.

Cristián Tapia, respecto a la evolución del proyecto dice que “en estos cuatro primeros meses ya han participado un promedio de 35 personas por salida y se ha formado una comunidad virtual en torno al dibujo a través de Instagram, que ya tiene mas de 1.500 seguidores”.

Respecto a la evolución hay muchas ideas que han ido surgiendo y que están analizando. Por ahora, y en lo concreto, tienen en mente realizar una exposición con todo el material que se está generando y mantener la frecuencia de las salidas, las que se efectúan los primeros sábados de cada mes y que, poco a poco, se están consolidando como un panorama permanente.

Todos pueden participar en DibujaConce. Aficionados, principiantes o experimentados ilustradores. Para lanzar los trazos sólo es necesario observar el entorno, tener los sentidos despiertos a los objetos, a la arquitectura, a la vida cotidiana y al patrimonio. Eso más unos cuantos papeles o alguna bitácora serán las materias primas para reconocer esta ciudad entre el mar, el río y la cordillera de Nahuelbuta, con sus plazas, barrios y también con aquella identidad arquitectónica de los año ‘60, que a ratos muere y sobrevive a la concepción de un diseño de ciudad moderna amable y soleada.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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