CONSTRUIR UN PROYECTO COMÚN

 

Con una reunión en el Congreso Nacional, entre representantes del gobierno y de parlamentarios de todo el espectro político, se dio la partida al segundo intento para elaborar una constitución que reemplace a la actual.

El contundente triunfo del rechazo (62%), conocido el 4 de septiembre, puso fin al proceso constitucional que había habilitado el acuerdo de noviembre del 2019.  Los ciudadanos no aceptaron la propuesta emanada de la convención, lo que obligó a dar por cerrado ese itinerario, como lo establece el artículo 142 de la carta fundamental hoy vigente.

Sin embargo, los compromisos contraídos por la Derecha y por agrupaciones ciudadanas, en torno a rechazar el texto de los constituyentes a cambio de proponer uno nuevo, surgieron como base para la búsqueda de un mecanismo que pueda dar forma a esta segunda propuesta.  Nuevamente, un acuerdo político sería el punto de partida para el proceso constituyente. Así incluso lo avaló el gobierno, que sostuvo que este consenso se alcanzaría en el Congreso.

Propuestas hay varias sobre cómo debería materializarse el órgano encargado de redactar la propuesta de constitución: nuevamente un órgano constituyente ciento por ciento electo, pero con menos integrantes que el anterior, sin listas de independientes y con un numero acotado de representantes de pueblos originarios. Una convención mixta, con constituyentes expertos y electos. Incluso, hay grupos que defienden la opción de un plebiscito de entrada para dar legitimidad al nuevo itinerario constituyente. También hay voces sostienen que esta nueva ruta, ya no se comenzaría desde una hoja en blanco, sino que considerando como base la actual carta fundamental, lo propuesto por los 154 constituyentes y el texto que en las postrimerías de su segundo gobierno presentó la expresidenta Bachelet. Muchas opciones que, sin duda, deben ser oídas y debatidas en un clima de respeto, de intención de dialogar y de llegar a consensos.

Esa es la primera señal que ayudaría a menguar la incertidumbre post 4/S e, idealmente, delinear el mejor derrotero a seguir. No obstante, esa búsqueda de acuerdos necesita también tiempo y prudencia.

La prisa nunca ha sido una buena consejera, ni tampoco la base idónea para tomar decisiones que satisfagan a la mayoría y que tengan la posibilidad de mantener esa adhesión en el largo plazo. Hay que articular un proyecto común que se haga cargo de las necesidades reales y urgentes manifestadas por la gente, pero, además, considerar las deficiencias del proceso anterior para no reiterarlas. Y, para ello, hay que tomarse en serio las lecciones aprendidas con el fin de salir fortalecidos y con un proyecto que ahora sí logre identificar a los chilenos.

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