CORRIÓ SOLO… LLEGÓ SEGUNDO

Eugenio Catuarias Larrondo

El 02 de diciembre pasado, Venezuela votó estrecha, pero categóricamente contra varias (69) reformas constitucionales que el Presidente Hugo Chávez sometió a plebiscito.
Cabe hacer un poco de historia: en 1999 se aprobó, a instancias del propio Presidente Chávez, la constitución vigente que significó reelección inmediata del Presidente, eliminación del Senado y la extensión a seis años del período presidencial. ¿En qué consistían los cambios constitucionales derrotados ahora último?. Reelección indefinida del Presidente y ampliación del período presidencial de 6 a 7 años, aumento de los poderes presidenciales -en particular en lo relativo al Estado de Emergencia- disminución de la jornada laboral de 8 a 6 hrs., aumento del gasto social, eliminación de la autonomía del Banco Central, creación del Poder Popular transfiriendo recursos y funciones municipales al “pueblo”, redefinición de la propiedad, entre otras.
En resumen su propuesta era tan descomunalmente antidemocrática que aliados recientes del Presidente Chávez e integrantes del grupo socialista democrático “Podemos” pidieron primero cancelar el referéndum y, después, ante la negativa, llamaron a rechazarlo. Esto último también lo hizo su esposa.
Las encuestas de opinión realizadas la semana anterior anunciaban un rechazo de mayores proporciones advirtiendo que su resultado no era claro, dadas las sospechas sobre los niveles de transparencia de la votación. Mal que mal, el Presidente no había perdido ninguna votación desde que fue elegido.
A propósito, la organización Transparency International, en su informe Índice de Percepción de la Corrupción 2007, adjudica a Venezuela nota 2 (siendo 10 el máximo de transparencia y 0 altamente corrupto) y la sitúa en el 162 del ranking, de un total de 179 países.
La situación de Venezuela, con enormes reservas de petróleo acreditadas no puede ser más paradojal: su ingreso per cápita es equivalente al de nuestro país, ligeramente por encima de los US$7 mil por habitante – año, pero habiendo perdido (disminuido) en 15,4%  en el período 1995-2002;  el nivel de indigencia de sus habitantes bordea el 50%; su crecimiento para el presente año se espera sea superior al 7 %, pero está previsto baje al 4% el próximo año, y su inflación será superior al 20%. El balance fiscal proyecta un déficit de 5,5% del PIB para  2008. En resumen, un país muy rico, que dispone de enormes ingresos por el petróleo, cuyos beneficios no llegan a su gente. Casi grotesco.
¿Qué puede esperarse del futuro inmediato en Venezuela?. Sólo incertidumbre. No falta el observador que señala que esta “derrota” del Presidente Chávez es apenas aparente, un juego de validación o legitimización democrática, que lo llevará a presentar las mismas o muy parecidas enmiendas constitucionales en breve plazo para que ganarlas abrumadoramente. Conozco gente a la que le gusta esta interpretación, porque sitúa al derrotado Presidente como un súper héroe capaz de “conducir” a su pueblo por los más intrincados vericuetos y sobreponiéndose a toda dificultad. Sirve al culto de la personalidad, tan propio de sus afines ideológicos. Sin embargo, no creo que sea así. La demora en entregar los resultados del referéndum y la cara del líder en cuestión al reconocer la derrota hablan de una señal y de resultado inesperados y dolorosos para él. Perdió no más. Como leí por ahí, corrió solo… y llegó segundo.
Cabe desear que del hecho tomen nota los movimientos sociales y sus conductores de los otros países, Bolivia y Ecuador, que se encuentran embarcados o, al menos, han declarado sus anhelos de construir este socialismo del siglo XXI. Ni el respaldo, apoyo económico y directa intervención del Presidente Chávez en sus respectivos países asegura resultado alguno… si no le resultó ni a él.

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