Creadores de futuro

Hombres y mujeres. De todas las edades y de todas las áreas del saber. Con empresas ya en marcha o a punto de que sus proyectos transiten a producto y salten al mercado. Así se podrían resumir las características de este grupo de innovadores locales que tomaron una idea, la juntaron con conocimientos, inventiva y trabajo, para dar soluciones a diferentes problemáticas. Necesidades que aquejan hoy y que, sin duda, simplificarán vidas, procesos, tareas o ayudarán a evitar la ocurrencia de otros problemas mañana.

Por Pamela Rivero | Fotografía: Gino Zavala.

 
Quieren cambiar el mundo y lo dicen sin complejos. Esta claridad en su propósito está motivada por un intenso deseo de resolver problemas. Algunos traen esa inquietud en su ADN; otros, como es el caso de los más jóvenes, la aprendieron y asumieron en las aulas y, los menos, la hicieron suya en etapas más tardías, cuando tuvieron la oportunidad o las “espaldas” para asumir riesgos. 
La principal arma con que cuentan para conseguir ese objetivo es su espíritu innovador, que está cimentado en su capacidad de crear, de actuar con pasión y de perseverar aun en los escenarios más adversos, porque innovar requiere cambio, audacia y valentía para salir de su zona de confort.
Hay quienes lo hacen agregando valor a algo que ya existía, con desarrollos que pueden variar en su complejidad, y otros, atreviéndose a generar un producto o servicio a partir del conocimiento que se gestó en la academia, pues están convencidos que guardado entre cuatro paredes ese saber no es útil. Y es que en este punto está radicada la esencia del innovador: en su carácter orientado a la acción. Un trabajo que comienza con una buena idea, pero que luego debe ser nutrida con los elementos necesarios para que se convierta en una solución útil y aplicable.
Éste es el camino que escogió el grupo de innovadores que destacamos en esta edición, todos ellos fieles representantes de un movimiento que, de a poco, va tomando fuerza en Concepción, sobre todo, por la evidencia de sus resultados. Ya no están tan solos, los apoyan universidades, incubadoras, patrocinadores y una red de mentores, MentorINN, de Cidere Biobío, que les ofrece orientación y respaldo en sus procesos.
Los testimonios que rescatamos demuestran que acá hay mentes brillantes, hay ideas, hay conocimiento, ganas y mucha conciencia de que la innovación ofrece infinitas oportunidades de aportar.
 


Hibring Ingeniería 

Matemáticas para solucionar problemas reales
Desarrollan algoritmos matemáticos para solucionar problemas de la industria. Ésta sería la definición más sencilla para entender el trabajo que realiza, desde la empresa Hibring Ingeniería, un grupo de jóvenes matemáticos e ingenieros locales que se propuso tomar el conocimiento científico acumulado en la academia y traspasarlo a las necesidades del “mundo real”, como productos útiles y de fácil aplicación.
Y aunque explicado de ese modo pareciera que se trata de algo no tan complejo, la verdad es que es un tremendo desafío, partiendo por la dificultad que implica “mover” la investigación académica hacia la empresa. “Muchos dicen que hacer matemática aplicada es algo común, pero la verdad es que ésta solamente se queda en los papers, y eso es lo que nosotros queremos cambiar”, cuenta Camilo Mejías, ingeniero civil matemático y director ejecutivo de Hibring.
Su anhelo es que en Concepción existan centros de investigación que reúnan el conocimiento generado en las universidades y lo usen para dar soluciones, ya sea a través de productos o de servicios, que la gente necesite. “Goodyear contrata profesionales, entre ellos matemáticos, para desarrollar los neumáticos que se usarán en veinte años más. Acá eso no existe”, agrega.
Su crítica apunta a que en el medio académico, Chile tiene gente que trabaja en grupos de elite mundial, pero todo lo que generan se queda en la academia o, bien, sus avances son utilizados en otros países. “Esto es igual a lo que sucede con el cobre, que lo exportamos en bruto; en la academia también exportamos nuestra materia gris en bruto y los otros hacen el software. Y ahí fue donde nosotros nos dimos cuenta de que si teníamos las capacidades también podíamos hacer un software”, indicó.
Y literalmente lo hicieron, porque uno de sus principales proyectos es un software, RelaveSeco, que puede simular y predecir a partir de modelamientos matemáticos el proceso de espesamiento de desechos mineros. El espesador es un sistema que permite recuperar agua desde los relaves mineros para reutilizarla en alguna de las etapas de extracción del mineral. Esta operación, según Mejías, a pesar de su complejidad, la industria todavía la controla de forma intuitiva, mediante decisiones basadas en la observación superficial del espesador, porque no hay cómo saber qué está sucediendo dentro de él.
“Nos dimos cuenta que sí había información para controlar este dispositivo; que a través de algoritmos matemáticos podíamos predecir el comportamiento de un espesador”. Eso los llevó a desarrollar una plataforma que determinaría las condiciones de operación más óptimas para realizar este proceso. Así, se podría lograr una mayor recuperación de agua y prevenir riesgos de derrame con el consecuente daño ambiental que ello ocasionaría.
En diciembre pasado, obtuvieron fondos del Programa Regional de Apoyo al Emprendimiento (PRAE), para poner su software como producto comercial en la minería. Aunque adelantándose a ese momento, ya están conversando con una importante empresa del rubro. Mientras tanto, trabajan en la implementación de un laboratorio con un prototipo a escala real acá en la zona, para ver cómo se comporta su simulación con material real.
 


Philine y Pablo, creadores de Mapuguaquen

Los parlantes que conquistaron al mundo
Diez años han pasado desde que Pablo Ocqueteau y Philine von Düszeln iniciaron el proyecto que ha ocupado a tiempo completo los últimos años de sus vidas.
Fue una época que coincidió con su estada en el país, a propósito de la participación de Philine como camarógrafa en el documental Carnaval en los cerros de Talcahuano. Ella es alemana y él, chileno. Se conocieron en Valencia, mientras uno estudiaba arte y, el otro, diseño. Ambos tienen formación en fotografía, bellas artes, cine y diseño, la que han conseguido en distintas ciudades del mundo. Por eso fue casi una casualidad que la idea de su gran proyecto naciera por estas tierras. Pablo tuvo la idea de hacer un parlante “chileno”, pero no uno cualquiera. Tenía que ser un diseño que considerara el entorno y las posibilidades que éste entregaba. Dio varias vueltas hasta que un día se topó con una vasija de greda. En ese momento, cuál Arquímedes, se dijo: “Lo encontré”. Y así hizo el primer prototipo de sus parlantes, de greda, lo que logró con la ayuda del artesano de Penco, Santos Herrera. Los bautizó como Mapuguaquen (sonido de la tierra) y los fue a mostrar a Santiago, pero no pasó mucho, incluso la maqueta terminó hecha añicos. Pero como conservaba las fotos, envió la propuesta a un concurso de la revista digital Designboom, calificada como una de las más influyentes del mundo en el área del diseño. No ganó, aunque apareció en un collage de la portada que mostraba los trabajos finales. Ése fue el inicio del reconocimiento internacional para Mapuguaquen, cuando sólo era una idea basada en una vieja maqueta que ya no existía materialmente. Comenzaron a recibir correos de todo el mundo pidiendo información. A esa altura, la pareja había regresado a Alemania. Con ese prestigio ya hecho, decidieron ir por el segundo prototipo. Se contactaron con un artesano de Portugal, que era luthier de instrumentos de greda. La segunda etapa era incorporarles tecnología, pero antes tenían que probar que la idea era lo suficientemente buena como para lanzarse con tamaña inversión. Y esa vitrina fue el Salón Satélite de Milán. Obtuvieron un premio, pero sobre todo, reconocimiento. De ahí en más, la fama de los parlantes se disparó. Acudieron por ayuda a la U. de Berlín. Pensaron que un tesista podría colaborarles en el desarrollo tecnológico. Pero el que les contestó fue un profesor que resultó ser uno de los ingenieros en sonido más reconocidos de Alemania, quien se hizo cargo de lograr un diseño acústico absolutamente original y electrónica de última generación.
La pareja regresó a Chile y se instaló en Nacimiento, donde contactó a más artesanos para fabricar su producto. En estas últimas etapas se apoyaron en un Fondart y en un PRAE de Corfo.
Ahora tienen tres modelos (Mapu Uno, Mapu Estéreo y Mapu 2.1), con aislación acústica interna hecha con lana natural; alta fidelidad, fabricados con piezas únicas y numeradas. Un producto revolucionario, que mezcló el trabajo de artesanos con alta tecnología. Todo, basado en una propuesta de diseño que hizo convivir ambos elementos de manera armónica y eficiente. A fines de abril iniciarían una campaña de crowdfunding para vender los primeros 100 parlantes.
 


La familia tras el primer probiótico chileno

No hay día en que el asunto Lacte 5 no aparezca en el WhatsApp, en los correos electrónicos o en los llamados telefónicos de los Pierart Ormeño. Más aún desde que el 18 de diciembre pasado sacaran ese producto al mercado. Lacte 5 es un probiótico que sirve para estimular la salud gastrointestinal y el sistema inmunológico, pero cuya gracia está lejos de agotarse en esos beneficios. Lacte 5 es una innovación. Es el primer probiótico chileno, y el primero también hecho con una cepa probiótica aislada de leche materna humana.
Es, además, el primer producto de Wellness Technologies, la empresa que crearon en conjunto Loreto Ormeño (profesora de inglés y gerente de logística en una empresa regional); su esposo Christian Pierart (técnico estructural), y los hijos de ambos: Olivia (periodista), Federico (administrador de empresas) y Josefina (diseñadora). Y aunque se formaron en disciplinas bastante alejadas del área científica y además desarrollan actividades laborales paralelas, siempre están pendientes para garantizar que cada detalle del ciclo productivo y de venta de su probiótico tribute al origen y a los beneficios de este producto pionero y señero en Chile.
Pero Lacte5 es sólo una parte de la historia. Todo se inició en el 2008, cuando María Loreto Ormeño comenzó a buscar cómo elaborar un alimento para enfermos de cáncer en tratamiento de radio o quimioterapia. La idea de desarrollar un helado le parecía atractiva, pero faltaba el cómo. Así llegó a la Facultad de Medicina de la U. de Concepción, y ahí también conoció los probióticos y una especial cepa, la LPM-01, que había sido aislada por investigadores del plantel.
En ese tiempo casi nadie conocía qué eran estos microorganismos vivos que, se decía, ayudaban a estimular las defensas del organismo. “Pero no sólo tuvimos que aprender sobre probióticos, sino que también de propiedad intelectual, de cómo se hacía un contrato de confidencialidad. Todo fue un aprendizaje. Además, acá nadie estaba haciendo lo mismo, por lo tanto no había a quién preguntarle, había que buscar referencias afuera”, recuerda María Loreto Ormeño.
Los primeros resultados de la vigilancia hecha junto a investigadores de la UdeC los orientaron a seguir profundizando en la aplicación, que era en inmunodeprimidos y en enfermos de cáncer; “luego presentamos la patente nacional con la UdeC en 2010 y después lo mismo en el extranjero (Canadá y en la Unión Europea), compartiendo la propiedad de la patente en partes iguales”.
Mientras seguían en el proceso de validación científica para su alimento para pacientes oncológicos, los Pierart Ormeño crearon su empresa y luego Lacte 5, un suplemento en cápsulas para la salud gastrointestinal, hecho en base a aquella cepa aislada de leche materna humana, pero que fue potenciada por otras dos cepas. ¿La diferencia con otros del mercado? “Es una fórmula de tres productos, de tres cepas que tienen propiedades inmunoestimulantes, una de ellas con un origen noble, como es la leche materna, y es el primer probiótico desarrollada acá, con investigación chilena”, reafirma María Loreto Ormeño.
 


Smartgrip

Una prótesis súper inteligente
Smartgrip es una prótesis de mano inteligente para personas amputadas. Y aunque de este tipo ya hay varias en el mercado, lo distinto de esta innovación que se está gestando en el Laboratorio de Instrumentación y Desarrollo de la Facultad de Ingeniería de la UdeC, es que tiene un sistema electrónico que obtiene las señales musculares del miembro residual de la amputación, más conocido como muñón, y es capaz de interpretar qué gesto o movimiento quiere realizar el usuario.

Enrique Germany, a la izquierda, y Pablo Aqueveque, al centro, son los creadores de Smartgrip. Los acompañan dos integrantes de su equipo.
Detrás de esta innovación están los hermanos Enrique y Benjamín Germany, ingeniero civil biomédico e ingeniero civil industrial respectivamente, junto a Pablo Aqueveque, ingeniero civil electrónico y director del Laboratorio de Instrumentación y Desarrollo. Junto a ellos trabaja un equipo conformado por un ingeniero civil eléctrico, diseñadores gráficos, ingenieros informáticos y diseñadores industriales.  El proyecto obtuvo financiamiento de Conicyt, como uno de los ganadores del Concurso de Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU), para el desarrollo del dispositivo y su posterior validación clínica. La idea inicial fue parte de la memoria de título de Enrique Germany que, explicado en sencillo, trató sobre el control de prótesis en base a las señales de los músculos de las personas.
Smartgrip está pensada para amputaciones realizadas bajo el codo. Tiene dos componentes principales: un socket que se anexa al muñón y que está diseñado especialmente para la anatomía de cada usuario, para lograr un calce preciso y ergonómico. En su interior está el sistema inteligente que decodifica la señal muscular a movimiento. La otra parte son los manipuladores. “No sólo pensamos en una mano, sino que también en otros mecanismos que ofrezcan distintos tipos de agarre”, explica Enrique Germany. Por eso, a la mano, cuyos dedos se flectan y extienden de manera independiente, se suma una pinza de dos dedos contrapuestos para la manipulación de objetos pequeños y un trípode de tres dedos para el agarre de objetos esféricos. “La idea es que se puedan cambiar de manera rápida y sencilla, para que entreguen una mayor versatilidad y destreza”, agrega Germany.
El prototipo pesa alrededor de 800 gramos, y está hecho de un material biocompatible con la piel. Actualmente trabajan en la prevalidación para luego probarlo en pacientes y realizar la validación clínica que debe ser avalada por profesionales del área de la salud. Luego, seguiría la etapa que permitirá convertirla en una solución de alta tecnología, desarrollada íntegramente en Concepción,  para mejorar la calidad de vida de las personas amputadas.
 


InnSystems

Mucho más que vendedores de Gps
Quieren que su sistema integral de gestión de flota sea uno de los mejores del mundo. No hay otro objetivo que tenga espacio en las “jóvenes mentes” de los creadores de InnSystems. Y no lo hay, porque desde que decidieron que su empresa se sustentaría en el logro de desarrollos innovadores, también asumieron que su punto de comparación serían los “grandes” del rubro.

Benjamín del Pozo, Enrique Blanco, Francisco Serrano y Sebastián Suazo.
Al llegar a su centro de operaciones, que funciona como oficina y hogar para algunos de ellos, y conocer detalles del negocio, queda claro que no solamente hay audacia en su propuesta, sino que además compromiso, empeño y muchas horas de trabajo.
La historia de InnSystems se inicia cuando Benjamín del Pozo, ingeniero civil en Telecomunicaciones; Enrique Blanco, tecnólogo médico, y Sebastián Suazo, ingeniero comercial, los tres chillanejos y amigos de infancia, deciden dejar sus trabajos estables para apostar por un proyecto que partieron financiando con recursos propios. Pero su idea no iba sólo por el emprendimiento. Su objetivo era crear valor para un mercado que hace una década surgió en Chile por la necesidad de llevar un mejor control de flota a partir de información sobre la ubicación y la velocidad de los vehículos de carga.
“Vimos que el mercado seguía orientado a la oferta de servicios de localización a través de GPS, y que casi no existía otro tipo de funcionalidades para la operación eficiente de una empresa de transporte”, explica Benjamín del Pozo.
Detectado el problema, pusieron manos a la obra con el fin de crear una herramienta integral de gestión. Comenzaron identificando los indicadores de desempeño productivo más relevantes para un vehículo de carga. También estudiaron patrones de comportamiento en la conducción que podían impactar en la seguridad y productividad, entre otros parámetros.
Luego vino el segundo paso: integrar tecnologías en una plataforma capaz de administrar esos indicadores, de procesar el conjunto de esa información y luego entregarla en línea al cliente. Ahí se unió a ellos Francisco Serrano, ingeniero civil informático y, más tarde, Jaime Vásquez, de la misma especialidad.
Tras probar un par de pilotos, en el 2016 obtuvieron un PRAE de Corfo y un Capital Semilla. Continuaron el trabajo y hasta cerraron un par de contratos. Su oferta es el desarrollo de soluciones para el control y la eficiencia de vehículos pesados y livianos, con distintas funcionalidades según sea el caso. Usan diferentes indicadores, como ranking de desempeño de velocidad, detalle de frenados para revisión de accidentes; información de trayectos e indicadores de ralenti para eficientar el consumo de combustible, por nombras algunos. Esos datos son captados, contrastados y procesados por una plataforma que puede ser revisada en línea por su cliente para ir tomando decisiones en base a esa información integrada.
 


SmartFES

Un gran paso para Biomedicina
El pie caído es una de las secuelas más comunes entre las personas que han sufrido accidentes cerebrovasculares (ACV). Es una consecuencia de un daño en el sistema nervioso central que limita o anula la función que permite elevar la punta del pie. Producto de aquello, quienes padecen este trastorno tienen muchas dificultades para caminar o, simplemente, terminan arrastrando su pie porque ya no pueden controlar la movilidad de su extremidad.

Francisco Saavedra y Pablo Aqueveque.
Hace más o menos ocho años, Pablo Aqueveque, ingeniero civil electrónico  y  docente de la carrera de Ingeniería Civil Biomédica en la UdeC, comenzó a desarrollar un estimulador muscular electrónico que ayudase a esos pacientes a recuperar esa función para permitirles caminar de la mejor forma posible. Trabajó en este proyecto junto al ingeniero civil biomédico Francisco Saavedra.
Los primeros prototipos los financiaron con fondos de Innova Biobío. Para la versión mejorada del dispositivo, recibieron financiamiento del Fondef VIU, de Conicyt. Y cuando ya habían logrado la validez clínica, postularon a fondos del Comité de Desarrollo Productivo de la Región del Biobío para implementar su empresa y convertir su prototipo en un neuroestimulador electrónico que pudiese ser comercializado. “Hicimos el camino largo, porque fuimos mejorando el dispositivo hasta que comprobamos mediante varias validaciones clínicas que efectivamente era útil para el objetivo que nos habíamos planteado”, explica Pablo Aqueveque.
El resultado fue SmartFES, un dispositivo incluso más pequeño que un celular, que se adosa a la pierna mediante una abrazadera de velcro. Actúa aplicando pulsos electrónicos al nervio peroneo, para que producto de esa estimulación un paciente secuelado de pie caído recupere la función de elevar la punta de su pie. Así ocurrió con Martita, su primera usuaria, quien producto de un ACV había estado casi seis años sin mover su pie. Al principio su familia estaba reticente de que fuera la primera en probar el dispositivo. Por eso grande fue el susto que todos pasaron cuando tras una visita al kinesiólogo para practicar la marcha con el neurotransmisor, no supieron de ella durante un par de horas. “Finalmente apareció. Había ido al centro a vitrinear, una actividad tan común para muchas personas pero que para ella era totalmente imposible por su lesión. Ahí nos dimos cuenta de cómo podíamos cambiar la vida de una persona”, sentencia Aqueveque.
Los parámetros de estimulación eléctrica del SmartFES son programados y controlados a  través de un smartphone o tablet según la necesidad de cada persona, pero luego el sistema funciona solo. Requiere un entrenamiento de dos a tres meses, a cargo de un kinesiólogo para ejercitar la extremidad y recuperar la fuerza del músculo.
El dispositivo se vende desde el año 2015. También está siendo usado por pacientes que sufren esclerósis múltiple y quienes por lesiones ocasionadas por algún tipo de accidente no pueden realizar la acción de levantar uno o sus dos pies.
Actualmente, los creadores de SmartFES trabajan en un proceso de rediseño para certificar internacionalmente el dispositivo.
 


Pablo y Juan Francisco Almendras

Los Telecentinelas
Pablo Almendras es ingeniero civil biomédico y tiene 26 años. Titulado no hace mucho de la UdeC, cuenta con un currículum que varios a su edad quisieran poseer. Su trabajo ha estado asociado especialmente a emprendimientos digitales, a la telemedicina y a la informática médica.
Por sus venas, o por su cerebro en su caso, corre ese bichito innovador que tanto se busca promover hoy para que este Chile exportador de commodities evolucione hacia una nación “vendedora de inteligencia”, a través de la aplicación de conocimiento y tecnología a las ideas.
Junto a Juan Francisco Almendras, su papá y socio en la empresa Ingemédica SpA Chile, vieron en la telemedicina una oportunidad infinita para innovar.
A fines del 2017, Pablo ganó un PRAE para desarrollar un proyecto de monitoreo remoto inteligente para adultos mayores, que bautizó como Centinela AM. “En Chile muchos adultos mayores son autovalentes y quieren vivir independientes de sus hijos; pero, del otro lado, hay una familia que se preocupa, que quiere estar segura, por ejemplo, que su glicemia o presión arterial están en rangos normales o, incluso, saber si está enfrentando una situación anómala para acudir a tiempo en su ayuda, si es que éste no alcanza a avisarles”, explica Juan Francisco Almendras. Para esa necesidad, crearon un sistema de telemonitoreo que consiste en una pulsera inteligente, parecida a una smartband de monitoreo fitness, que debe usar a diario el adulto mayor. En las primeras semanas, el sistema aprende sobre las rutinas del usario. Eso permite definir un patrón de comportamiento: horario en que se levanta, en que se acuesta o los desplazamientos comunes que realiza. El mecanismo, que también está disponible en formato de colgante, está dotado de un microchip que se conecta a Internet para enviar señales a un servidor que, a su vez, remite esos datos a los familiares, vía mensajería de texto u otra aplicación. Si hay alguna variable fuera del patrón, como por ejemplo, que el adulto mayor empiece a levantarse más tarde o que duerma menos de lo acostumbrado, permite a los receptores de la información advertir que algo podría estar sucediendo con su salud o estado anímico. ”Sin el sistema, esas situaciones pasan inadvertidas para la familia, ya sea porque viven en ciudades diferentes o porque no comparten el mismo hogar”, agrega Pablo. Incluso el mecanismo puede definir anillos de seguridad, y si el usuario se aleja del radio geográfico en el que se desenvuelve normalmente, también se genera una alerta. Complementariamente, el sistema mide actividad física, pulso y presión. Asimismo, está dotado de un botón de SOS que se acciona para avisar sobre alguna emergencia y hasta posee algunos minutos para generar una comunicación de voz en aquellas ocasiones. Es, como dice Pablo Almendras, un verdadero centinela que no altera la rutina de los adultos mayores, pero que se mantiene vigilante entregando a sus cercanos indicadores clínicos y alertas para procurar su cuidado.
 


Liliana Lamperti y su proyecto Prevegen 

Un nuevo enfoque de prevención en salud
Hace casi 25 años, la bioquímico Liliana Lamperti tuvo su primer “encuentro” con la innovación, cuando implementó y puso en funcionamiento el primer laboratorio clínico de Concepción con capacidad técnica para realizar los exámenes de hormonas que todos los demás laboratorios mandaban a analizar a Santiago.
Aquella vez innovó para otros, pero la idea de hacer cosas nuevas, siguió rondando en su cabeza y se fue acrecentando a medida que fue sumando grados a su formación, primero con un magíster en Bioquímica y, luego, con un doctorado en Biología Celular y Molecular.
A esa altura ya formaba parte del equipo docente de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Concepción. “Me di cuenta de todo el conocimiento que estábamos creando en la Facultad, y empecé a trabajar con estudiantes tesistas para generar desarrollos innovadores y ponerlos al servicio de la gente”, recuerda. Los orientaba sobre cómo obtener fondos para proyectos, fomentaba el espíritu innovador en las clases, pero no estaba predicando con el ejemplo. “Me faltaba hacer eso que tanto estimulaba entre mis alumnos. Así es que decidí que era mi turno para innovar”. Y lo que se propuso fue desarrollar paneles de exámenes genéticos y metabólicos orientados a la prevención y al diagnóstico precoz de enfermedades. “Pusimos la base, hicimos una revisión de toda la información disponible en el mundo y eso lo llevamos a la realidad chilena. Eso era parte fundamental de nuestra innovación”, sostiene.
Saber que tienes el riesgo genético de presentar una enfermedad  -agrega- te da una ventaja respecto de quien sólo tiene la alternativa de tratarla cuando ya fue diagnosticada, pues permite tomar mejores decisiones para prevenirla o reducir su impacto.
Para materializar esa idea, junto a su equipo, donde participaron bioquímicos, médicos y nutricionistas, se dedicó a buscar marcadores de susceptibilidad genética para desarrollar paneles orientados a la detección de cinco patologías: sobrepeso y obesidad, cáncer de mamas, enfermedades autoinmunes, enfermedades cardiovasculares y enfermedades neurodegenerativas.
En el camino hacia su objetivo obtuvieron cinco fondos de apoyo a la innovación, apoyo de Incuba UdeC y de la Facultad de Farmacia de ese plantel.
Los paneles para descifrar la predisposición genética para las tres primeras ya son una realidad, y forman la base de su laboratorio, Prevegen, que abrió junto a sus socios Soledad Nova y Cristián Pinilla hace un año en Concepción.
El panel de exámenes para detectar enfermedades autoinmunes se enfoca en la posibilidad de desarrollar artritis reumatoide, pero también a determinar si se tendrá una progresión acelerada de la enfermedad. “Esa información permite al especialista elegir un tratamiento específico para la realidad de ese paciente”, indica. Hoy sus esfuerzos están puestos en dar con los marcadores que advertirían de la posibilidad de sufrir infartos al corazón. “No puede ser que tengamos la más alta prevalencia de muerte por infarto a pesar de los enormes esfuerzos que se despliegan en la atención primaria para prevenirlos. Falta  descubrir algo que hace que la población siga susceptible a enfermarse, y ahí está el componente genético”, sentencia.
 


Majaga

“Danos un problema y te ofrecemos la solución”
Jonathan Sánchez, estudiante de último año de Ingeniería Civil en la USS, descubrió “haciendo” su veta innovadora. Y eso sólo ocurrió hace un par de años. Pero desde que tomó conciencia de aquella habilidad suya para solucionar problemas que por años habían causado accidentes o enfermedades en trabajadores que manipulaban, instalaban o trasladaban objetos pesados, no ha parado.
Junto a su hermano, Germán, ingeniero mecánico, creó una empresa, Majaga, cuyas herramientas ergonómicas para el manejo manual de carga incluso fueron puestas como ejemplo por el Ministerio del Trabajo en la nueva  Guía Técnica para la evaluación y control de riesgos asociados al manejo y manipulación de carga. Un documento que se emitió en febrero de este año, tras la entrada en vigencia de la nueva “Ley del saco”, que disminuyó de 50 a 25 kilos el peso máximo de carga humana, en aquellas labores donde no exista maquinaria para realizar esas faenas.

Equipo Majaga.
Su historia partió así: supo que en una empresa constructora necesitaban un mecanismo para la instalación de soleras de cemento. Como la faena se realizaba en forma manual, los trabajadores acusaban problemas en su espalda o sufrían accidentes en sus manos. La solución que propusieron fueron unas pinzas tipo A, de un poco más de medio metro de altura, que permitían que el trabajador ejecutase esa tarea sin necesidad de encorvarse, y además evitaba los “apretones” de dedos que a veces sufrían en el proceso de instalar la estructura de cemento.
Él y su hermano son también técnicos mecánicos, así es que no sólo fueron los autores del diseño de las pinzas, sino también de su fabricación. Tan contentos quedaron sus clientes que siguieron pidiéndoles herramientas para solucionar otros problemas: estructuras para instalar zarpas, herramientas para sostener estacas y así evitar golpes en las manos, fueron algunas de las solicitudes. A todas respondieron. Hasta que llegó un desafío mayor a propósito de la entrada en vigencia de la Ley del saco. “Muchas de las estructuras que se usan en la construcción pesan más de 50 kilos. Entonces necesitaban herramientas que permitieran su manipulación y traslado. Creamos unos carros de transporte de carga de hasta 100 kilos, pero que sólo requerían una fuerza de empuje de 5 kilos. Así no sólo cumplían con la ley, sino que también cuidaban la salud de sus trabajadores”, cuenta Jonathan. Obtuvieron un  PRAE de Corfo que les permitió avanzar en sus desarrollos: crearon “arañas” y otras herramientas que ofrecían diferentes soluciones para carga y descarga de materiales pesados. Pero, además, incorporaron a su equipo a ingenieros informáticos, civiles y constructores para seguir produciendo mecanismos ergonómicos.
Su empresa también fue una de las ganadoras del torneo de innovación A tu Salud, organizado por BioHic Everis en Concepción, con su proyecto para proponer mecanismos para el transporte de carga en la lavandería del Hospital Guillermo Grant Benavente. Una nueva solución a la medida de la necesidad del cliente, que junto con ser una herramienta, busca también cuidar la salud del trabajador.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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